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viernes, 18 de mayo de 2012

Una señal

               La poeta y traductora Paulina Vinderman, nació en Buenos Aires en 1944. Es una importante exponente de la poesía argentina contemporánea. Una de sus relexiones es: "La poesía anida en el corazón del lenguaje, que es mencionar de otro modo el corazón humano; su permanente interrogación sobre la existencia sobrevuela todos los tiempos. Siempre abordé la poesía como una aventura: una exploración del mundo y el intento obstinado de comprenderlo. Una manera de reflexionar desde la acción".
 Ha sido incluída en numerosas antologías y muchos de sus poemas han sido traducidos al inglés, al italiano y al alemán. Tradujo al castellano , parte de la obra de John Oliver Simon. Ha obtenido importantes galardones entre los que se destacan, la Faja de Honor de la SADE en 1988, el Primer Premio Municipal Ciudad de Buenos Aires en 2003, el Premio Literario de la Academia Argentina de Letras en el género Poesía 2004-2006, el del Fondo Nacional de las Artes en 2002 y el Premio Citta' di Cremona 2006 por el conjunto de su obra.
Publicó unos diez libros de poesía; los últimos títulos son : "Escalera de incendio", "Bulgaria" (1998), "El Muelle" (2003) , "Transparencias" (Antología Colombia) (2005) y "Hospital de veteranos" (2006)




                                  "Miro mi árbol y guardo el lápiz mordido en la base,
                                  como si fuera un incensario precolombino.
                                  Esa mujer que se pierde en la noche, incandescente
                                  de angustia, debo ser yo"



ESCALERA DE INCENDIO            poesía de Paulina Vinderman

Me asomo a la ventana como todas las tardes
para escribirte.
Este cielo es tan pálido que da miedo mirarlo
(y de los jacarandáes con el abuelo basta.)
Sé que estoy viva, es decir
camino calles y veo el trabajo del azar
en la arboleda.
Nada resplandece en los papeles que rondo,
el muchacho de la batería toca de seis a siete
mientras su madre visita amigas
con alguna receta para dejar de amar.
En todo caso la soledad es la que resplandece
y a veces la sequía,
quiero ver el infinito revolotear
en esa torpe batería:
una señal, la traición de una señal, la ficción
de una señal.
Nada es seguro, ya ni siquiera me desvelo
por una palabra para hacerle feliz.-

                                         (de  "Transparencias", 2005)

TRANSPARENCIAS

Escríbanme.
Resuelvo en medio de la crisis
volverme carta:
papeles que atraviesan los océanos
como frágiles balsas
(para dar importancia a las tormentas)
Anoche llovió.
Los senderos se embarraron,
atrapé una luciérnaga equivocada
-y esquiva-
y después leí poemas isabelinos
hasta que amaneció
(Un cierto orden es el que sostiene
la soledad
y los abrazos)
Hoy tomé cerveza con un hombre cansado
-de ojos endiabladamente hermosos-
y enmudecimos
frente a un pueblo fantasmagórico
levantado sobre nosotros como una
pintura surreal.

Todos los días voy hasta el río
después del café. Todos los días desisto
de mirarme ne el agua barrosa.
En realidad, ya ninguna transparencia es posible,
como si la vida se ocultara a sí misma
en el penacho de los cocoteros.
Como si la vida fuera todo y nada, orgullosa
de sus fosforescencias
hasta en las palabras, que finalmente nada dicen,
nada reclaman
sino el mínimo lugar en un universo
de ruido de sartenes
amores suntuosos
olas que arrasan las orillas
y códigos infinitos para desenterrar tesoros
(casi siempre con palas prestadas
y al amanecer.)
                                 
                              (de "Rojo Junio", 1998)


Y SI HUBIERA NACIDO HOMBRE...

Y si hubiera nacido hombre
habría sido marinero
con una azul mortaja como lecho.

Madre, no me dijiste nunca
que había que pagar un precio
para hablar con las flores.
Detrás de tantas ventanas
las mujeres se peinan para recibirlos.
No me enseñaste nunca
que había que pagar un precio
por haber nacido mujer
y marinera.

Mi amor a punto de morir
no sabe
que amo únicamente ahora
que no hay vientre ni ola ni deseo.

Mi amor a punto de morir no sabe
que únicamente lo amo porque muere
y quedo libre de todo excepto
de escribirlo
eligiendo los momentos del goce
como un conquistador antes del oro.

Mi amor no sabe
que el único al que amé
fue aquel marino de la fotografía
que jamás conocí.

Porque me enamoraba únicamente
de los derrotados.
Porque habrá naufragado
con una azul mortaja como lecho.

Porque sus ojos eran huérfanos
como los míos,
sucios de tormentas y remedios solitarios
contra el amor, la blandura,
la nostalgia de la tierra.

Madre, no me enseñaste nunca
a ordenar mis edazos.
Me dejaste cortarme, cortarme,
con cuchillos de mar y de ventanas.
"Las mujeres se peinan, decías,
para recibirlos".-

                         (de "La Balada de Cordelia, 1984) 



                                                         Paulina Vinderman

Imágenes: pinturas del artista francés Jacob Abraham Camille Pissarro (1830-1903). Impresionista y  después neo impresionista.









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