Páginas vistas en total

miércoles, 30 de mayo de 2012

Se escribe

                 Marco Antonio Campos, poeta , narrador y ensayista nació en Ciudad de México en 1949. Licenciado en Derecho por la Universidad nacional de México, fue lector en las Universidades de Salzburgo y Viena de 1988 a 1991, profesor invitado de la Brigham Young University en 1991 y catedrático de la Universidad Hebrea de Jerusalén en 2003. Ha sido además director de Literatura de Difusión Cultural de la Universidad Autónoma, director en dos épocas del periódico de Poesía  y miembro de la Academia Mallarmé de Francia. Es traductor de muchos autores, entre los que se cuentan, Baudelaire, Rimbaud, Gide, Artaud, Saba, Ungaretti, Quasimodo y Yrakl. Su obra ha sido galardonada en México con los Premios "Xavier Villaurrutia" y "Nezahualcóyotl", en España con el Premio "Casa de América"  (1978), y "Premio del Tren 2008 Antonio Machado", y en Chile con la Medalla Presidencial Centenario de Pablo Neruda.
Su poesía está contenida en los libros: "Muertos y disfraces" (1974), "Una seña en la sepultura" (1978), "Monólogos" (1985), "La ceniza en la frente" (1979), "Los adioses del forastero" (1996), "Viernes en Jerusalén" (2005), "Aquellas Cartas" (2008), etc. Reside actualmente en Málaga, España.


                                   "el ajedrez de la muerte
                                   se quedó con una pieza
                                   arrojo los naipes, trémulo, incendiado
                                   y no dicen mi suerte"


SE ESCRIBE        Poesía de Marco Antonio Campos

Se escribe contra toda inocencia
del clavel o el lirio, contra el aire
inane del jardín, contra palabras
que hacen juegos vacíos, contra una estética
de vals vienés o parnasianas nubes.
Se escribe abriéndose las venas
hasta que el grito calla, con llanto ácido
que nace de pronto pues imposible
nos era contenerlo, con luz dura
como rabia azul, quemado el rostro,
destrozada el alma, desde una rama
frágil al borde del precipicio,
Se escribe.-


UNA CARTA DEMASIADO TARDÍA

No sé en verdad si esto sea una carta.
No sé si disculparme por el retraso
de la explicación, ni si te importan
disculpa o explicación ¿Para qué
hacerlo después de veintisiete años
cuando ya una vida se hizo o se deshizo
y nosotros sólo soñábamos hacerla?
Quizá por eso. Quizá porque contigo
yo habría hecho una vida real
y no este mundo sin casa que he desecho.
Desde hace días o semanas
los recuerdos me ciegan como un pozo,
y vuelves callada, quieta,
inmensamente quieta y luz en el diciembre
horizontal y frío, y allí te quedas.
A cierta edad los recuerdos se vuelven
como las flechas de San Sebastián
pero disparadas sólo al corazón.
Tenías diecisiete años,
edad clarísima de las ventaas,
y eras tenue para que los álamos no olvidaran
esbeltez ni linaje de luna.
Podría decir con el estilo del melodrama
mexicano: "Amaba a otra", y era cierto,
humanamente cierto, pero ahora aquí,
queriendo ver desde mi casa las montañas
del Ajusco, me digo, me digo que eras
lo que pudo dar, no el país de las maravillas
(como tu nombre lo dice), pero sí
una vida lúcida, leve, quizás feliz.
Eso me hago suponer. Supongo.
Creo sentir alivio al escribir estas líneas.
Son del todo sinceras pero inútiles,
porque lo que fui destruyendo
no se puede explicar en un poema.
Tampoco me sueño en sueños de entonces,
porque ya hace años, cinco o diez, que no
tengo sueños. Tampoco me hago ilusiones,
aunque lo diga a menudo, sabiendo que engaño
o me engaño, mientras miro mi cuerpo como reloj
que marca las cinco y media de la tarde.
Hoy por hoy sólo aspiro a terminar una obra
(mala o buena), hacer a los otros algún bien
en lo que puedo y viajar por un mundo que
a veces me cansa más de lo que me maravilla.
No sé, como te dije, si esto sea una carta.
Tal vez no la vayas a leer (lo más probable),
y no sé si decir: "Te quise" o "Me equivoqué",
o "Cómo quitar la begonia". No sé siquiera,
no sé, qué fue del bosque cortado a ras del bosque.
No lo sé. Pero te dejo estas líneas:
Tómalas, aunque no las leas.-


                                                          Marco Antonio Campos




    Imágenes: pinturas de Adolph Von Menzel (Alemania 1815- 1905). Considerado el máximo exponente del realismo pictórico del siglo XIX, en Alemania.


quiquedelucio@gmail.com

1 comentario:

  1. NO conocia a este escritor ,Y es realmente un placer leerlo.Gracias .SELVA JOFRE

    ResponderEliminar