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miércoles, 30 de marzo de 2016

Cuando mueves las manos

Quinto año de una antojadiza antología de la poesía de todos los tiempos, seleccionada por el escritor Quique de Lucio. Esta pretende ser una antología cuyo sentido radica en la actividad del lector, en su lectura que organiza los textos como un proyecto de su propia aventura y goce creadores. Difundiendo a los hacedores, respetando el derecho de autor.


Publicación N° 1.316-

                                                                                                    Pedro Larrea

Poeta y ensayista  español,  nacido en Madrid en 1981. Es Licenciado en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada por la Universidad Complutense de Madrid y obtuvo su Doctorado en Literatura por la Universidad de Virginia, EE.UU. Ha publicado los poemarios: "La orilla libre",( Ártese quien pueda" 2013), "La tribu y la llama" (Amargord, 2015) y "Manuscrito del hechicero" (2016). Ha participado con poemas y reseñas en ABCD, Cuadernos de Valverde, Nayagua, Calidoscopio, Lateral, Generación XXI, Deriva y fósforo, etc. Ha publicado en la editorial española Renacimiento , su libro de ensayo "Federico García Lorca en Buenos Aires" .


                                                                              "No te pinches al leer la palabra cactus.
                                                                               No te ahogues al leer la palabra trasatlántico.
                                                                               No temas al tocar la palabra anguila
                                                                               Todo lo que pasa por ti lo llevas ya contigo" 








CUANDO MUEVES LAS MANOS

Cuando mueves las manos me enseñas a blandir tulipanes.
Esa dosis de armisticio que propagan tus uñas
es una escuela de cómo domar dromedarios.
Quiero dibujar tus dedos pero ya están trazados por delfines
o por la lluvia que espolvorea semillas de yuca
sobre el jardín salvaje de un llanto incomprendido.

Cuando mueves las manos combates el hambre
y te reconozco en tu postura de ninja durmiente,
de húsar que ofrece su espada a un sintecho.
Eres una valkiria que toca una tuba oxidada
en la terraza de un sórdido rascacielos.
Aunque alimentan, nadie sabe entender tus yemas todavía.

Cuando mueves las manos entran en ritmo
las sonrisas de toda una ciudad en donde importan.
Tienes algo indescriptible en los nudillos,
algo así como hongos olvidados en la jungla
pero más profundo: quizá el cuero de una darbuca abisal.
Hay artefactos que no comprendo
sin que tú los hagas música.

De pronto tus manos no se mueven. Sé que descansas,
que ahora no vas a crear más dulces conflictos
y que después atenderás a los quiromantes.
Mientras, yo vigilo tus guantes y difundo tus sueños.
Cuando no mueves las manos petrifico koalas.
Te esperaré batiendo palmas y forjando anillos.-


20

No hay nada como verter
un cubilete de azahar sobre tu blusa,
abrirte el balcón y anunciarte
que aún no ha llegado el correo de las islas.

No hay nada como hacerte ver
que un nómada te sostiene la sombrilla
cuando vas a remojarte los pies a la charca con luna.
No hay nada como tener celos de un vestido.

No hay nada como escoltarte a la bañera
y abrirte el tarro de sales y algas.
Nada como alcanzarte la toalla
que ayer te plancharon las sirenas chipriotas.

No hay nada como tenderte una mano
y que la tomes. No hay nada como cerrar los ojos
y verte. No. No hay nada que nos falte,
nada que se nos olvidara en la costa.

No hay nada como ensartar todo lo nuestro
en un collar de minutos para el cuello de la esfinge,
nada como un vaso de zumo de uestro tiempo.
No hay nada que se resista a nuestra doble soledad en punto.

Sí lo hay. Hay que pensar que en el solsticio de mañana
nos habremos olvidado de acordarnos,
y que a partir de esta noche faltarán constelaciones
para que no sepamos reinventar la madrugada.-


18

Yo quería haberlo sido todo, que mi aleta
caudal desconectara la brújula de piedra. Yo quería.
Yo quería. Pero pobre bumerán era mi pie
y lo que he sido en desdén de lo que quise ser
me lo ha enseñado todo: espero, espero en la azotea
a que el recuerdo se acabe y destila lo sido.

Espero. Ser nadie no es serlo todo pero sí quererlo ser.
Los inmortales recogen camelias así, con la mano culpable
de haber rechazado su fatalidad de historia cuadrada
y una identidad que hace sangrar primates por los poros.
Habrá que idear un radar que nos marque el ardor
y alimentarse de moka e ir sobreviviendo a los personajes.

Espero. Sufro mi ocio, incendio, hipódromos, cazo corazas.
Sé que no me asignan tareas, pero no acepto bofetones
porque no respeto la maquinación del hacedor de máscaras.
Espero. Siempre hay alguien al otro lado de la línea oscura
con la misma voz rasposa que deniega
el sueldo a los acróbatas.
En mis entrañas un plan: ser tú. Y vosotros.
Y no ser otro sino lo otro.

Para alcanzar mi objetivo esquivé centinelas armados
a través del podrido servicio al cliente, tan duro
que apaga la fogata y borra inexplicablemente
la canción de amor
que dedica el capitán de un portaviones
al piloto menos cauto.
He cruzado, he navegado, he descendido, he pulsado,
he comprendido
y ahora no me queda más salida
que sabotearme la memoria y
el teléfono.-


***

Puede que no haya mejor
imagen del tiempo que esta:
en un puerto, un gato y niebla.
Pero a Carl se le olvidó
aclarar que el gato era
otra cosa que la niebla
misma, y que aquella ciudad
era más vieja que el mar.
Así está bien. Un maullido
flota, un vapor ronronea.
El gato explica la niebla
como el tiempo el infinito.-



                                                                                                  Pedro Larrea




Imágenes: Pinturas del artista de República Checa, Bohumil Kubista.



 
quiquedelucio@gmail.com

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