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martes, 27 de noviembre de 2012

Llama guardada

                                      Roberto Fernández Retamar   (La Habana, Cuba 1930)


                                "Hojas color de hierro, color de sangre
                                pedazos del castillo del día
                                sobre los muertos pensativos.
                                Es el primer otoño de sus ojos"


LLAMA GUARDADA     poesía de Fernandez Retamar

Cómo podía él saber que su poema,
encontrado una noche blanca de vago andar,
en un país distante que ella aún no conocía,
era en los ojos de ella que se haría realidad.

Recuerda que buscaba esa noche a alguien o algo,
recuerda la avenida de su lento paseo,
y recuerda la vuelta a la alcoba vacía,
y después las palabras como un amargo espejo.

Solitario él, perdido, esperaba anhelante
en vano una respuesta de aquella noche blanca.
Y los dos ignoraban que entonces, lejos, cerca,
para él ella cuidaba su honda llama guardada.-


POR PRIMERA VEZ

En países y más países,
Casas, hoteles, embajadas,
suelos, hamacas, autos, tierra,
rodeados de agua o sobre el lino.

Olor de desnudez primera.
Vasija de arcilla sonora.
Sorprendente, augusta, profunda.
Camanences, colinas, bosques.

Como leones, como santos.
Lo antiguo, lo simple, lo súbito.
La plegaria, el descubrimiento.
La conquista, la reconquista.
El relámpago de ojos de humo.

Cada desgarradura sólo
para encenderse con más fuego,
con más seguridad de aurora.
Ya él no puede perderla más.
Ya la perdió toda una vida.
Ahora de nuevo y para siempre
va a amarla por primera vez.-




UNA SALVA DE PORVENIR

No hay pruebas.
Las pruebas son que no hay pruebas.
No estaban, no están, no estarán dadas las condiciones.
Creer porque es absurdo,
y creemos.
Más absurdo que creer es ser,
y somos.
Nada garantiza que fuera menos absurdo
no ser ni creer.
Las llamadas pruebas yacen por tierra,
húmedas reliquias de la nave.
Se derrumbaron las estatuas mientras dormíamos.
Eran de piedra, de mármol, de bronce.
Eran de ceniza,
y un grito de ánades las hizo huir en bandadas.

No guardar tesoros donde
la humedad, los bichitos los mordisqueen.
No guardar tesoros.

El tesoro es no guardarlos.
El tesoro es creer.
El tesoro es ser.

No existen las hazañas ni los horrores del pasado.
El presente es más veloz
que la lectura de estas mismas
palabras.
El poeta saluda las cosas por venir
con una salva en la noche oscura.
Sólo lo difícil.
Sólo lo oscuro.
Y contra él, en él, el fuego levantado
su columna viva, dorada, real.

El amor es
Quien ve.-


                                         Roberto Fernández Retamar


Imágenes: pinturas del impresionista Camille Pissarro  (Saint Thomas, 1830-París, 1903)


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