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miércoles, 24 de octubre de 2012

Madrigal triste

                                 Dos grandes poemas de amor de un escritor francés y un argentino, ambos reconocidos universalmente, Charles Baudelaire y Baldomero Fernández Moreno. La inefabilidad, el desafío, un volver -de manera siempre natural- sobre el tema de lo humano, del amor como trauma o redención. La contundencia de estas dos voces nos deja claro que la poesía sea un museo de la esperanza, un lugar donde sucede el milagro de los cuerpos con todo su peso de sangre. Baudelaire fue el poeta de mayor impacto en el simbolismo francés, llamado "poeta maldito" debido a su vida bohemia y de excesos y la visión del mal, que generalmente impregna su obra.
Fernandez Moreno, es considerado uno de los más importantes exponentes de la tendencia llamada "sencillismo", fue un importante intelectual de su época con un paso exitoso por los principales centros culturales europeos.


  MADRIGAL TRISTE       Charles Baudelaire (Francia, 1821-1867)

¿Qué me importa que seas buena?
Sé bella, y sé triste, las lágrimas
añaden encanto a tu rostro,
como la lluvia al paisaje;
la tormenta rejuvence las flores.

Te amo más aun cuando la alegría
huye del balcón de tu frente,
cuando tu corazón se hunde en el horror,
cuando sobre tu frente se despliega
la temible nube del pasado.

Te amo cuando tus grandes ojos derraman
un agua tibia como la sangre,
cuando a pesar de mi mano que te acompaña,
el peso de la angustia horada tu voz
como un quejido agonizante.

Yo aspiro, divina voluptuosidad,
himno de profunda delicia,
todos tus sollozos de tu pecho,
y creo que tu corazón se ilumina
con las perlas que caen de tus ojos.-

     Charles Baudelaire



AUSENCIA      Baldomero Fernandez Moreno
                          (Buenos Aires, 1886-1950)

Es menester que vengas,
mi vida, con tu ausencia, se ha deshecho,
y torno a ser el hombre abandonado
que antaño fui mujer, y tengo miedo.
¡Qué sabia dirección la de tus manos!
¡Qué alta luz la de tus ojos negros!
Trabajar a tu lado ¡qué alegría!
descansar a tu lado ¡qué sosiego!
Desde que tú no estás no sé como andan
las horas de comer y las del sueño,
siempre de mal humor y fatigado,
no abro los libros, ya ni escucho versos,
Algunas estrofillas se me ocurren,
e, indiferente al aire las entrego.
Nadie cambia mi pluma si está vieja,
ni pone tinta fresca en el tintero,
un polvillo sutil cubre los muebles,
y el agua se ha podrido en los floreros.
No tienen para mi ningún encanto,
a no ser los marchitos del recuerdo, 
los amables rincones de la casa, 
ni salgo al jardín, ni voy al huerto.
Y eso que una violenta primavera
ha encendido las rosas en los cercos
y ha puesto tantas hojas en los árboles
que encontrarías el jardín pequeño.
Hay lilas de suavísimos matices
y pensamientos de hondo terciopelo,
pero yo paso al lado de las flores,
caída la cabeza sobre el pecho,
que hasta las flores me parecen ásperas,
acostumbrado a acariciar tu cuerpo.
Me consumo de amor inutilmente
en el antiguo, torneado lecho,
en vano estiro mis delgados brazos,
tan solo estrujo sombras en mis dedos...
menester que vengas,
mi vida, con tu ausencia se ha deshecho,
ya sabes, que sin ti no valgo nada,
que soy como una niña por el suelo,
¡Alzame dulcemente con tus manos,
y brillarán al sol racimos nuevos!-


                               Baldomero Fernández Moreno


Imágenes: pinturas del artista ruso Nikolay Belsky Bogdanov (1868-1943)



                                 




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