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domingo, 10 de abril de 2016

Ovillo rojo


Quinto año de una antojadiza antología de la poesía de todos los tiempos, seleccionada por el escritor Quique de Lucio. Esta pretende ser una antología cuyo sentido radica en la actividad del lector, en su lectura que organiza los textos como un proyecto de su propia aventura y goce creadores. Difundiendo a los hacedores, respetando el derecho de autor.


Publicación N° 1. 326-


                                                                                             Alejandro Von-Düben

Poeta y narrador mexicano, nacido en Guadalajara y actualmente radicado en Ciudad Guzmán. Es estudiante de la carrera de Letras Hispánicas del Centro Universitario del Sur. Ha asistido a talleres de escritura creativa impartido por escritores como Juan Gelman , Hugo Gutierrez Vega y Guillermo Samperio. Textos suyos han sido publicados en La Gaceta, el suplemento de cultura de La Jornada, en las revistas Papalotzi, Monolito, Meretrices, etc. Ha conseguido diversas menciones honoríficas a nivel nacional tanto en cuento como en poesía. Fue ganador de los Juegos Florales de Zapotlán El Grande en el 2014, los Juegos Florales nacionales de Lagos de Moreno en el 2015, etc.


                                                                    "para quedarme con no más que un cenicero de hueso
                                                                     único recuerdo que de él pude conservar
                                                                     y del cual hablar no vale la pena
                                                                     porque sería como buscar un héroe
                                                                     en el lugar donde sólo quedan cenizas" 







UN OVILLO ROJO

Fue en una noche muy diferente a ésta
cuando Marcela en broma lo puso entre mis manos
y me dijo te entrego mi corazón
es un ovillo rojo como el hilo que nos une
el hilito de sangre que un día hicimos brotar
de nuestros dedos despueés de haber jugado contra la muerte
de haber jurado una vida juntos tomándonos del
meñique ensangrentado
creyendo que la felicidad existía en un solo cuerpo
que fue el nuestro
en un tiempo donde en la calle escuchábamos de fondo
y a cada paso
música de Django igual que en las películas de Allen
o donde cuando no caminábamos
volábamos como personajes de cuadros de Chagall
o de versos de Girondo
algo que en realidad no sucedía así porque no eramos
arte ni poesía
aunque ahora sí lo parezca porque Marcela se hizo
ausencia en lugar de cuerpo
alma desnuda que se encarnaba en mí en la cama de la carne
deshaciéndonos de amor haciéndonos
cuando se avivaba en la fiebre enamorada
cada grado de nuestra piel cada llama
con las manos quemándonos en caricias
besándonos hasta sentir gotitas de fuego
en las lenguas que ardían
con palabras consumidas
consumándose el silencio de quienes se aman en el acto
sin hablar sin pensarlo siquiera sin razonar
lo que podría suceder
porque entre Marcela y el adiós había un dios de rodillas
hilos invisibles se hilaban de nuestros meñiques
y no había distancia entre los ovillos
anudados en nuestro pecho
parecía que un destino casualmente nos unía
sin saber que en realidad formábamos parte
de un juego de azar
que tarde o temprano terminaría como cualquier
triste poema escrito al viento
con el aliento disperso en las estaciones
gastadas cada día cada vida
con dos corazones deshilachados porque
uno se fue sin decir que se iba
y el otro se arrancó de raíz enraizándose en la
hora de la herida que se hila ahora
cuando de tanto extrañar sus besos tengo
los labios partidos de frío y la noche se abre
entre los muslos de Marcela como una guerra sin tregua
y la luz en la oscuridad de sus ojos cerrados
soñando con qué un largo hilo de sangre
derramada es al final este ovillo
después de que Marcela me regalara una muerte
que aún me permite respirar reír como cualquier
ser vivo
pero con los pies hundidos en la tierra.-


UNA HABITACIÓN OSCURA

Morirás, dijo ella, en una habitación oscura
de un departamento en renta, solo, triste
como perro apaleado, rabiosamente solo,
con el cuerpo torturado por el frío y la rutina,
con las manos llenas de ceniza de cigarro
y de dolor por caricias nunca concedidas,
tras muchoa años de haber estado viviendo
como un moribundo o acaso muriendo
como si la vida, después de todo,
nunca se te hubiera dado.-



UNA CAMA DESTENDIDA

En el principio era la carne/
y la carne era un cuerpo de mujer
encarnada a mi cuerpo / sobre una cama gradualmente
destendida
sobre sábanas moviéndose arriba y abajo /
como un Sísifo de las olas
mientras nos arrastrábamos a marea alta
y nos hundíamos hasta hacernos uno
mar derramado en la nada / ausencia que duraba
un suspiro porque llegaba una muerte pequeña /
partiendo nuestro cuerpo en dos
carne descarnada y al olvido / olor a carne quemada
y momentos de prender la luz y el cigarro
y llenarse de aire soledad vacío
y entonces lo siento cariño
lo nuestro ha terminado

en el principio sólo era la carne /
la edad de la primavera que arde
el sexo opuesto el sexo inhiesto /
en muchas lenguas ocasiones posiciones / con
distintos cuerpos nombres Lulú Ana Liliana /
mujeres de agua sakada de dulce remanso
de curvas de río
con peces en las bocas en las entrañas /
con la piel líquida
Beatríz Penélope Helena Serena/ húmedas como el verano
anunciándose como lluvia / deslizándose hondamente
en la cama destendida los cuerpos tendidos
las piernas abiertas
consumándonos como ángeles tentados por el infierno/
detrás de cualquier caricia
consumiémdonos el fuego azotándose/ contra la
piel la cara la mirada calente
implacables ojos de sol quemándose/ quemándome
hasta los huesos la ceniza y el olvido

en el principio era la carne/ y en la carne estaba la muerte
y la muerte era cada mujer fulminándome
hasta la llegada de Marcela/ el recuerdo de una vida que me dio
Marcela
en la habitación en la cama en silencio/ mujer qe era una
y muchas
carne hecho verbo y costilla de nadie/ mujer llena de gracia
cuando me tocaba con las manos tibias
como declaraciones de amor
cuando me besaba con su boca evocando besos / que caían
a bocajarro
en cada uno de mis poros respirándola/ como respira la lluvia
la vida vegetal
hasta dejar mi cuarto húmedo en su cuerpo
hasta dejar la cama la habitación el día en vilo de la eternidad
hasta dejarme entre el alma y la sangre
hasta dejarme

ahora en la noche tendida en la cama destendida y sola
donde mi cuerpo como una sombra de carne y hueso
se hunde en ella como lo haría en boca o en sexo femenino
se hunde en ella como lo haría en cualquier

abismo.-



                                                                                        Alejandro Von-Düben



Imágenes: Pinturas del artista francés Richard Burlet.




quiquedelucio@gmail.com

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