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sábado, 23 de abril de 2016

De la ausencia


Quinto año de una antojadiza antología de la poesía de todos los tiempos, seleccionada por el escritor Quique de Lucio. Esta pretende ser una antología cuyo sentido radica en la actividad del lector, en su lectura que organiza los textos como un proyecto de su propia aventura y goce creadores. Difundiendo a los hacedores, respetando el derecho de autor.


Publicación N° 1.339-


                                                                                             Loreina Santos Silva

Poeta, narradora y ensayista de Puerto Rico, nacida en 1933. Ha publicado dieciseis libros, entre ellos. "Amor, amor, una veleta" (1990), "ABC para niños puertorriqueños" (1999), "Como puñales" (1993), "Poemas para la madre ausente" (1995), "Ese ojo que me mira" -Memorias (1966), "El reclamo de las rocas" (1999), "Incertidumbre primera" (1993), "Motor mutable" (1984), "Vocero del mar" (1982),  etc. El libro de ensayo.  "Conflictos culturales de la literatura contemporánea: 17 ensayos y una discusión" (1993).  Ha dirigido los cuatro congresos de "Creación Femenina en el Mundo Hispánico", así como otros eventos de tipo literario.


                                                                            "Para que no me olviden he laborado templos,
                                                                            monumentos, cantos a la Energia
                                                                            portadora del mito, que engendra la materia
                                                                            y salva la poesía"








SONETO DE LA AUSENCIA

Yo me quedo varado en el umbral distante.
Tú te vas y no vuelves, tal vez, por la vereda
que te lleva a otra suerte y en planetas ignotos,
a la luz de otros soles, vives nuevos teoremas.

Ay, puerta de la muerte, sólo queda la sombra
de la madre ya ausente. Su rostro congelado
ya no tiene pupilas para ver los afanes
de una niña sin nanas, sin cuentos, ni caricias.

Ni el bastión del ancestro, con el don de la alquimia,
te devuelve a la vida. Ya no escucho la voz
que canta, "ay, turulete, si la niña no duerme..."

Ni los cuentos "Juan Bobos" niños o adolescentes.
Ya no sé del amor que se fue para siempre
haciéndome creer, con el dolor, más fuerte.-


EL RECLAMO DE LAS ROCAS

Soy un cuerpo listo para la cremación.
Alguien,
indiferente,
aprieta el conector.
Mi círculo se cierra.
Escapo de la Tierra.
Esta roca dura, carbón, metal, mineral, oxígeno
o lo que la diosa madre quiera.
Ahora:
ceniza, humo, sombra, sueño de otra quimera.
Mi boca no emite sonido;
se callan los poemas.
Los papeles inconclusos van al vertedero,
el disco del cómputo se queda.
El sabor de los manjares no deleita la golosa lengua.
El ojo no llora la ausencia de cariño.
El vestido, la sandalia, la joya
son artículos de herencia.
Mis hijas se barajan las reliquias:
muebles, libros, cuadros, talla de la virgen negra.
Soy fantasma para el miedo,
graznido de ave,
aullido de los perros...
El amor siempre atolladero,
desesperadamente
acecha otra masa entre las esferas.
Soy energía en la danza del espacio
aguardo mi turno de entrada
al umbral de Astralba, mi último planeta.-


ENTONCES

Cuando mi retina esté fija
en los espejos de la nada,
cuando mi voz sea silencio,
mi cuerpo sea partículas
y mi fibra de lumbre ronde las galaxias...

Entonces
tú recordarás que un día
me cerraste las puertas
de entrada a tu casa;
tú recordarás las manos
golpeando mi espalda
como tambor violento
en la noche, cerrada
con la lluvia y el viento;
tú recordarás la lengua,
como ascua de fuego,
que me llama plagiaria
extinguiendo mi aliento
a orillas de una playa.

Entonces
cuando no sea presencia,
serás la mujer gris
como lluvia insistente
en tardes de nostalgia.

Entonces
serás la mujer absorta
con el ojo perdido.-


***

En mi plena adolescencia
me atrajeron las bravatas,
amenazas arrogantes
en las olas de altamar
y todo lleno de ensueño
me fui en mi yola al azar...
los peces me dan la vida
la habichuela de mis hijos
la alegría de los vientos
que se llevan mis pesares
al fondo de las madréporas
por un día inesperado
un tiburón al acecho
viró mi yola boca abajo
y me trepé encima de ella
para llegar a la orilla
sano, salvo y sin pesar.-



                                                                                              Loreina Santos Silva




Imágenes: Pinturas del colombiano Alfredo Araújo Santoyo (contemporáneo)




quiquedelucio@gmail.com

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