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sábado, 10 de octubre de 2015

Perdido de encontrarme


Quinto año de una antojadiza antología de la poesía de todos los tiempos, seleccionada por el escritor Quique de Lucio. Esta pretende ser una antología cuyo sentido radica en la actividad del lector, en su lectura que organiza los textos como un proyecto de su propia aventura y goce creativo. Difundiendo a los hacedores, respetando el derecho de autor. 



Publicación N° 1.159.

                                                                                             Ramón Galguera Novarola

Poeta mexicano, nacido en Villahermosa en junio de 1914 y fallecido en la Ciudad de México en 1979. Empezó a escribir de muy joven, a los 20 años publicó el poema "Son dos gotas iguales", editado por la Sociedad de Estudiantes del Instituto Juárez. En 1951 , la Editorial Galguera publica "Examen de primer grado", se lo emparenta con la poesía de César Vallejo y de Pablo Neruda. Diez años después publica "Solar de soledades", con el que logra un lugar de importancia en la consideración de los lectores de su país y el extranjero.


                                                                           "Los que pasamos, pero no pasamos
                                                                           porque al pasar nadie nos ha mirado.
                                                                           Los que estamos tan solos
                                                                           que no podemos preguntar siquiera
                                                                           ¿cuándo fue el girasol condecorado?" 




      

PERDIDO DE ENCONTRARME

Te estás allí
con la sonrisa siempre de perfil,
dándole vuelta a una idea terca,
a un propósito sin sentido,
con una mosca que se te mete
por los ojos
y habla del pudridero
que es el mundo.

Estás perdido de encontrarte
todas las noches,
a cada minuto.
Estás perdido y no sabes,
y no quieres llorar,
y no podrías llorar,
quitarte esa sonrisa
de ínfimo girasol
crecido entre la noche.

Vengo a buscarte
para que me digas:
en qué profundas naves
exiliaste a la tarde?

Se estremecen los muros,
ensordecen, como las amapolas
y como los vidrios
de todas las ventanas apedreadas,
esos timbales epilépticos.
En qué profundas naves
exiliaste la tarde?
Y nada dices
y un trago se te mete
como río de blasfemias,
porque no sabes, no quieres,
no podrías llorar.

A veces te digo
que allá, afuera,
en el arroyo de la calle,
un niño está viéndole a los ángeles
sonrisas como pájaros de harina;
que es mejor caminar,
caminar largo, sin rumbo fijo,
mejor que estar aquí
sacándole los ojos a la noche,
escupiendo hacia adentro
con el asco indistinto
de estar vivo o estar muerto,
pero no sabes más que estar aquí
hurgando baureros pestilentes,
aguardando la derrota total, definitiva.

Cada vez se te asfixia
más la aurora y o te digo:
Ramón Galguera, buceador de nieblas,
amargo capitán de un barco ebrio,
mata si quieres pero no te quedes
con ese proyectil entre los ojos.
No, no vendrán aquí,
tendrás que irte,
deberás buscar como se busca el sueño:
cansándole los pasos al desierto
de ser flecha de insomnio,
navegante nocturno;
pero sé bien que no vas a dar un paso:
te quedarás aquí, inamovible
como una fecha histórica,
con el asco indistinto
de estar vivo o estar muerto.-


***

Los que estamos tan solos,
los que nos vamos sin amor, sin odios,
sin huella de virtud ni de pecado;
los que estamos tan solos
que nada dimos, ni llevamos nada,
y no fuimos ni buenos ni malvados
los que pasamos...pero no pasamos.-


***

Se dice amor todos los días
como se aborda un tren
o se muerde una fruta,
pero mirar de frente esa palabra
y volverla a esculpir,
y levantarla
para que tenga nueva luz
y viva.

De eso mejor callar
ni una palabra,
únicamente el lento y silencioso
masticar de las yerbas amargas.-


***

En ti fundé la tienda de ventura,
amontoné los himnos verdaderos
y encontré el manantial y la escultura.

Deshace sus pirámides el tiempo,
languidecen las cosas
diluyen sus contornos.

Con esa nieve, a llamas conseguida
tras un arder nocturno entre la lumbre
de ser hielo en las vastas soledades.-

¨***

El niño del trapo rojo
vino en las ondas del agua.

Por los cabellos de alambre,
oscuras manos del viento.

Leche de estrellas la frente,
y un caracol en las manos.

Ay, a las tres de la tarde
se fue camino de Triana.

Era de seda el vestido,
llevaba espada de miel

Ay, a las seis de la tarde
doble crepúsculo vemos.-


                                                                                Ramón Galguera Noverola



Imágenes: Pinturas de Charles Webster  Hawthorne (Inglaterra, 1872 - 1930)





quiquedelucio@gmail.com



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