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lunes, 5 de octubre de 2015

La gota de sangre

Quinto año de una antojadiza antología de la poesía de todos los tiempos, seleccionada por el escritor Quique de Lucio. Esta pretende ser una antología cuyo sentido radica en la actividad del lector, en su lectura que organiza los textos como un proyecto de su propia aventura y goce creadores . Difundiendo a los hacedores, respetando el derecho de autor.

Publicación N° 1.154-


                                                                                          Manuel Reina Montilla

Poeta y periodista español, nacido en Puente Gentil, Córdoba en 1856 y fallecido en 1905. Se lo considera un precursor del Modernismo. Escribió en las revistas más importantes e influyentes de la época.  Algunos de sus libros son: "Andantes y Allegros" (1877), "Cromos y acuarelas" (1878), "Desde el campo" (1893), "La vida inquieta" (1894), "La canción de las estrellas" (1895), "Poemas paganos" (1896), "Rayos de sol y otras composiciones" (1897), "El jardín de los poetas" (1899), "Robles de la selva sagrada" Poesías póstumas (1906), etc.


                                                                                "la griseta seductora
                                                                                 arrulla, dulce y coqueta,
                                                                                 con su risa trinadora
                                                                                 la juventid del poeta"





LA GOTA DE SANGRE


Sentados en la gótica ventana
estábamos tú y yo, mi antigua amante;
tú, de hermosura y de placer radiante;
yo, absorto en tu belleza soberana.
Al ver tu fresca juventud lozana,
una abeja lasciva y susurrante
clavó su oculto dardo penetrante
sobre tu piel rosada y hechicera.
Brilló como un rubí resplandeciente.
Mi ansioso labio en la pequeña herida
estampé con afán...¡Nunca lo hiciera,
que aquella gota envenenó mi vida!.-


A MEDIA NOCHE

Choca tu dulce boca con la mía,
mujer deslumbradora;
y brotará la ardiente poesía
que mi mente atesora.

Deja, deja que rompa ese lujoso
traje de terciopelo
que oculta, como amante cariñoso,
de tu belleza el cielo,

Quiero una bacanal regia y grandiosa;
que el dios de los amores
en ella cubra tu cabeza hermosa
de perfumadas flores.

Un banquete de dioses, una orgía
tan rica y deslumbrante,
que exeda a la más bella fantasía
del genio más gigante.

Que esté el salón cubierto de brocados,
y telas suntuosas;
la mesa, de manjares delicados
y de divinas rosas.

Y que haya esos licores deliciosos
coronados de llamas,
que engendran en la mente luminosos
y bellos panoramas.

Los generosos vinos espumantes
dejemos al olvido;
¡quiero beber en copa de brillantes
el oro derretido!

Y cuando de estos goces y delicias
esté mi pecho lleno,
expirar entre besos y caricias,
reclinado en tu seno.-


LA CATARATA Y EL RUISEÑOR

Desplómase la rauda catarata
envuelta en luz y plata,
rompiendo en mil pedazos su diadema;
el abismo se lanza y precipita,
y ruge, canta, grita,
formando con sus ritmos un poema.

Al ver sus vestiduras y cendales
cubiertos de cristales
y de resplandeciente pedrería,
un ruiseñor contémplala extasiado,
y canta entusiasmado
sublime y amorosa melodía.

Y en tono del torrente que flamea
el pájaro aletea;
moja en el agua límpida su pluma,
y por la catarata arrebatado
el pájaro, asfixiado,
en el abismo rueda entre la espuma.

II

El vicio es una hirviente catarata
que rauda se desata
y en el oscuro abismo se despeña;
y al mirar su diadema de brillantes,
su luz y sus cambiantes,
el alma, alguna vez, suspira y sueña.-


ROSA

Rosa, joven divina y vaporosa,
formada del aroma de las flores;
dulce como canción de ruiseñores;
cual noche de esponsales, deliciosa.
Era de honor encantadora marca
su pecho; en su pupila penetrante
fulguraba una página del Dante;
en su faz, un soneto de Petrarca.
Su cuerpo era conjunto primoroso
de estrellas y jazmines. ¿Quién diría
que bajo forma tal palpitaría
un corazón tan grande y poderoso?
Rosa, joven divina y candorosa,
del bello capitán enamorada...
¿Cuán infeliz, vendida y desgraciada
fuiste por el amor...¡Ay pobre Rosa!-


LA DIANA

Toca, toca el tambor y pierde el miedo,
abraza a la preciosa cantinera;
este es el gran sentido de los libros,
esta es la ciencia.

¡Que tu tambor al mundo adormecido
de su sueño despierte!

¡Joven, toca con fuerza la diana!
¡Siempre adelante y a tambor batiente!

Esta es de Hegel la profunda ciencia,
este es el gran sentido de los libros.
Yo los he comprendido a maravilla;
soy buen tambor y aprovechado chico.-



                                                                                       Manuel Reina Montilla



Imágenes: Pinturas de Jean Auguste Dominique Ingres  (Francia, 1780 - 1867)





quiquedelucio@gmail.com

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