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miércoles, 14 de octubre de 2015

Bebedor de crepúsculos

Quinto año de una antojadiza antología de la poesía de todos los tiempos, seleccionada por el escritor Quique de Lucio. Esta pretende ser una antología cuyo sentido radica en la actividad del lector, en su lectura que organiza los textos como un proyecto de su propia aventura y goce creadores. Difundiendo a los hacedores, respetando el derecho de autor.

Publicación N° 1.162.-

                                                                                            Juan M. Merino Vigil

Poeta y periodista peruano, nacido en Ayabaca-Piura en 1906 y fallecido en San Pablo de Ayabaca en 1951. Estudió abogacía en la Universidad de San Marcos y en la Universidad de Trujillo. Trabajó y aportó con denuedo al periodismo limeño y piurano. Su producción literaria se encuentra dispersa y publicada en revistas de la época donde fue colaborador: "Piuranidad" y "Folklore". Estuvo a cargo de una imprenta obrera, también fue dirigente estudiantil y director del periódico gremial "El obrero textil", órgano de la Federación Obrera de Lima.



                                                                                     "Maravilla que mis manos se me han vuelto
                                                                                      dos plegarias de luz blanca,
                                                                                      como si mi alma se escapara bifurcada
                                                                                      en la sed infinita del abrazo"






EL BEBEDOR DE CREPÚSCULOS

En la muriente alameda
diluye en rosas difusos
su hosco perfil de neblinas
el bebedor de crepúsculos.

Llora silencios latarde
dentro de sus ojos brunos
alza enigmáticos cálices
el bebedor de crepúsculos.

Mece el alma una ebriedad
lívida de ignotas cosas;
en la muriente alameda
silientes caen las hojas.

Por orillas de insanía
va de nieblas taciturno
royando su vicio arcano,
el bebedor de crepúsculos.

En absurdas amatistas
de letal reflejo oscuro
liba ajenjos de la muerte
el bebedor de crepúsculos.-


LA GOLONDRINA

Yo no soy como esa golondrina
que ha cortado los oros del espacio.
Saeta que vuela al infinito
azul de los profundos cielos.
Tiembla la negra noche por llegar
pero todavía quedan para mis ojos de la tarde
azules eternos del espacio
quebrando los oros vespertinos
Yo soy ese pequeño pájaro efímero.-


LOS PUERTOS

Qué extraño llorar tienen los puertos,
así, en las noches de despedida.
El corazón se vuelve ácima boca,
con gesto agónico de frustrado grito,
y se queda pensativo.

Qué extraño llorar tiene ese puerto
empapado de amor de despedida.
Me va jalando no sé a dónde la vida
y duéleme este desastre de húmedos nudos.

¡Mañana! Cómo pudiera
darle mi mañana a sus miradas.
El puerto tiene ojos de amante
llorando humilde adiós postrero.

La noche acoge negras incógnitas
de algún agazajado destino ambiguo.
Con sus luces el puerto, temblorosamente,
en un coágulo de color se mira,
como una pupila ciega de lágrimas.-


NOCTURNO

En un recodo áspero del corazón arcano
recojo en esta hora del silencio nocturno
de mi vida vivida el río taciturno,
un sollozo que vuelve, un lamento lejano.

El instante se anega de amargura y de sombra
y resbala la cálida lágrima contenida:
en mi vida hay algo que torpe el labio no nombra,
acaso un cuajarón de asombros por mi vida.-

El recuerdo me pone en la salobre lengua
el sabor fenecido del pecho maternal,
succiono ayeres blancos, mas, nada, nada amengua
ese tascar miedoso de negro sepulcral.

En el coraón profundo de mi vida coagulada
en tinieblas de pena, en ayes de orfandad,
me arrastra en el naufragio nocturno de la nada
y vuelca los latidos de una hora que se va.

Y grazna en el reloj nuevamente el latido
que me hace y me deshace, me cuenta y me recuenta,
y otras riadas regolfan en esta noche lenta
trayendo desde lejos su lúgubre alarido.

Hay miedo de perderse, perderse en uno mismo,
el peso de la vida, cual piedra funeral,
que me hunde y que no deja salir del propio abismo
y el minuto que estalla cual pompa de cristal.-


LOS BAJELES BLANCOS

Hoy todos mis bajeles han alzado ancla,
melodiosamente alzaron ancla en mis nieblas suaves,
hoy todos mis bajeles han partido
con rumbo incierto y añoranza ignota.

Me miras, amigo, me miran tus ojos como limitaciones
y son los muros pálidos del café nocturno
limitaciones como estos muros de mi carne,
y hoy, sin embargo, amigo hermano,
no me muerden las asperezas de mi vida cotidiana.

Siento un adiós en lo hondo de mi corazón,
un adiós a los que de mí tus miradas dejo,
y me voy en mis bajeles blancos
con rumbo de infinito en infinito.-


                                                                                   Juan M. Merino Vigil



Imágenes: Pinturas del artista francés Paul Cézanne.




quiquedelucio@gmail.com

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