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domingo, 23 de abril de 2017

La curiosidad

Sexto año de una antojadiza antología de la poesía de todos los tiempos, seleccionada por el escritor Quique de Lucio. Esta pretende ser una antología cuyo sentido radica en la actividad del lector, en su lectura que organiza los textos como un proyecto de su propia aventura y goce creadores. Difundiendo a más de 1.800 escritores, respetando el derecho de autor.





Publicación N° 1.678-


                                                                                                               Joaquín Badajoz

Poeta  y ensayista cubano, nacido en Pinar del Río, en 1972. Miembro correspondiente a la Academia Norteamericana de la Lengua Española. Miembro de los Consejos Editoriales de Glosas (ANLE), y OtroLunes (Madrid/Berlín). Ha publicado además ensayos, reseñas, críticas de arte y narrativa en revistas  y antologías de su país y de EE.UU, España, Francia, México, Panamá y Polonia. Es coautor  de Enciclopedia en Español en Estados Unidos (2008), "Hablando bien se entiende la gente" (2010) y Diccionario de Americanismos (2010). Actualmente es redactor de El Nuevo Herald (EE.UU).


                                                                 "Un hombre acorralado, armado sólo de palabras,
                                                                   puede engendrar un monstruo más grande que su miedo,
                                                                   hilvanar los cuerpos de los que lo rodean, hasta tejer
                                                                   una masa compacta inexpugnable como un muro de piedra"











LA CURIOSIDAD

Para un poeta la curiosidad ha sido el comienzo de todo.
Es invierno, pero acá el verano es casi una condición humana.
Has conocido a una mujer solitaria
vistiendo una sombra de lágrimas
una claridad de nácar y peces
como un moribundo girasol.
Sientes una respiración húmeda,
que no alivia ninguna palabra.
Se acerca tímida, de una manera sospechosa,
que aprendes a amar demasiado.
La soledad siempre es patética.
Pero ella reduce tu desarraigado y vegetativo
ser de contemplaciones
hasta que quepas en una pupila
o en el piercing que lleva bajo el labio.

No puedo amarla, me conformo con su pálida ausencia,
una libélula flotando sobre una cárcel de agua.
Ella repite: nunca.
Como si una palabra bastara
para que desaparecieras.
Viene escoltada por pájaros negros
que recuerdan que se acerca la noche.
No tiene nombre esta mujer ni rostro,
es sólo piedra golpeando la tormenta.
Sumando ausencia a tu plan de mañana
para que la vida continúe su poderosa caída.

Podemos dejarnos ir y ser libres
pero no de la memoria.
Olvidar es perder dos veces.
Vendrá puntual, vendrá
como una mariposa de fuego
que crece hasta cegarte.-



LA HERIDA

Una huella por donde quiera,
un hilo de agua, el rastro.
Donde digo cierro los ojos, voy ligero,
escribo alguien suspira,
entra al mundo tristísimo,
lo azotan, le deshollinan los pulmones.

Hombre sin ombligo, hilando la madeja solar
sobre la hierba,
tienes una herida abierta,
te escapas en vendaval por el costado.
El hueco donde la huela se convirtió en vihuela,
y fabricaste de tus entrañas una mujer amada.
¿A dónde fue a parar la carne, la arcilla adónde
en su vuelo de albatros enterró su pico,
dejándote más desolado que un cadáver?

Hemos cambiado de nombre, de religión,
de idioma.
Pero esa hebra tenue que ensarta los siglos,
la gota de resina que fulminó a la abeja en pleno vuelo,
la sangre que se oxidó sobre la piedra,
el cáliz que recogió el semen vital y fecundó su vientre,
han dejado su rastro ¿o no?

En la ciudad de los brazos abiertos, la aldea que nadie recuerda,
entre tambores y panderetas, bailan las jóvenes descalzas.
Una nube se levanta del suelo, la mano gira, los otoños pasan.
Tras ese remolino se ven zarpar barcas en la noche.
Casi nadie sobrevivió al doloroso parto de las naciones.
Fueron cayendo como guillotinas las fronteras,
un ras de mar, un diluvio de ejércitos arrió con todo.
No sé cuando comenzamos este viaje que no termina,
que no conduce a ningún sitio. Partimos de una aldea
que no era mejor que esta aldea nuestra del exilio.
Entonces, como ahora, nos despertábamos
sudando frío a medianoche, con la boca reseca.
Fue entonces que comenzó este juego de confundirnos.
Ponernos una máscara, cambiar de nombre,
volvernos agujas...este juego de aprender a olvidar.

Sangre de Benjamín. Llanto de Jeremías. Grito de Aarón.
Nos volvimos la hoguera en el vientre del pez.

Ahora caminamos entre rostros petrificados,
seres que la nostalgia y el rencor hizo mirar atrás.
En el próximo crepúsculo, bajo el mismo sol que alguna vez
alumbró la ciudad sepultada por tormentas de arena,
escucho el restallar de las lenguas tróficas,
la lumbre de la casa
donde comenzó el ritual  de la fecundidad eterna.

No sé cómo he llegado a este lado del mar.
Mientras sueño con una tierra
de la que nunca he partido.
Romperé el ánfora de los siete sellos.
Viviré una maldición que es sólo mía.
Mientras lo miran absortos los fijos,
los errantes y los mixtos,
repitiendo un ritual de hace catorce siglos,
un hombre reparte en Zephath
trozos de pan del árbol de la vida.-



CONVIDADO A CENAR

Ah, que me quedes a tu manera pides;
la nieve en el ala sempiterna,
sobre la novia o sobre mí o sobre nada.
El aguamiel ordeñado a los magueyes,
en disparos fugaces, en vitrolas,
el humo es el ave que pernocta
por sobre las pupilas y los cielos.

Un hombre, el otro, o lo que queda,
se precipita al centro de su sombra;
descubre los mundos paseantes
donde los vientos estacionan sus moliendas.
Y repasa en las memorias las caídas y el tiempo
que falta, para que el tiempo y su caída no agoten.

Ah, esto, lo que quedó del viaje al que llamamos vida.
Lo tocado, lo bautizado, cundo el lenguaje
y la gracia una mezcla deslumbrante eran.
Lo que nombramos otros y la voz
va dejando sembrado o lo subvierte.
Así ha sido asomarse a la vida por el ojo
del primer hombre.

Y que me quede pides.
A mí que al habitar las ciudades tardo
y al fundar siempre temo que el acto me consuma,
que la mano me diga sólo piedra.
Mi verso es una pose,
porque no he sido ungido
ni ustedes tampoco.
Así que a bajar las ínfulas
y a transitar humildes los mundos sutiles,
donde la mano grave pronuncia ese gesto
al tocar con cuidado.
Que la pupila beba y que deje.-





                                                                                                             Joaquín Badajoz




Imágenes: Pinturas de Andre Remnev  (contemporáneo)





quiquedelucio@gmail.com



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