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domingo, 19 de febrero de 2017

El cielo que sobra

Sexto año de una antojadiza antología de la poesía de todos los tiempos, seleccionada por el escritor Quique de Lucio. Esta pretende ser una antología cuyo sentido radica en la actividad del lector, en su lectura que organiza los textos como un proyecto de su propia aventura y goce creadores. Difundiendo a más de 1.800 escritores, respetando el derecho de autor.




Publicación N° 1.625-


                                                                                                        Federico Luis Baggini

Poeta y narrador argentino, nacido en Buenos Aires el 1 de agosto de 1987. Cursó la Licenciatura en Biliotecología, impartida por el Instituto de Formación Técnica Superior de Buenos Aires. Trabajó como bibliotecario en la Biblioteca Popular "Helen Larroque de Roffo". En 2012 publicó el libro de cuentos "Acariciapájaros y otros cuentos", con prólogo de Carolina Quirós, posteriormente "Repeticiones, reiteraciones" con prólogo de Dora Berdugo y "Agonías" con prólogo de Luis Autalán. Tomó talleres de escritura con diferentes personas de oficio en la materia y dictó talleres para iniciación en la escritura. Ha colaborado en numerosos medios vinculados a la literatura.


                                                                                     "Me preocupa tu recurrencia
                                                                                      los servicios del vez en cuando
                                                                                      llamaradas, desfiles de chirridos
                                                                                      de cualquier forma, así pasan los días."


                                                               









EL CIELO QUE SOBRA

Los pájaros se duelen, me anochecen.
El debajo se recrudece, se entrevera.
Los puñados se hieren, me apesadumbran.
Los ausentes se reclaman, se rematan.
Los vientos se llueven, me alargan.
Las revueltas se recogen, se asemejan.
Los pliegues se nublan, me enderezan.
Lo apagado se despega, se atraviesa.
El adentro se encarniza, me aploma (o desploma).
Los ríos se presienten, se lloran.
La demasía se renombra, me canciona.
Los costados se taxonomizan, se ontologan.
El zumbido se embiste, me sucumbe.
Los impedidos se reclinan, se joroban.
El polvo se acompaña, me descalza.
Los alrededores se encogen, se intiman.
La mayeútica se embebe, me relumbra.
El procústeo se denota, se ergonomiza.
Lo servil se procede, me remonta.
Lo suspendido se atasca, se atraganta.
La apetencia se genitaliza, me saliva.
La mitad se apiada, se concede.
Más allá, se coagula la muerte.-



LO POCO QUE NOS QUEDA

No se trata de eso,
se trata de la uña del silencio,
un ruido ensayado,
el gesto asumido
del aroma entonces.
una desesperación en la punta
de  los árboles,
un desencuentro cn mucha prisa,
estatuas frente al espejo.
Del pasillo con su revoque de voces,
un desamparo antes de llegar,
el empinado afán de toda escalera.
La otra mitad de la muerte,
Una niña y los vidrios en su preludio,
cierta locura en breves giros.
Océano encerrado entre hijos,
Higuera del alarido/mitad del violín,
algún párpado que llena lo ínfimo.
Nace un vientre sin cuerpo,
abastecer las manos
hacia el semblante,
la piel del incienso,
frente a tanta piel.-



APRONTARSE

Nada puede decirse de las espaldas,
las revueltas desnudas,
apoyadas las manos,
ancha la sangre un poco más allá.

Cerca del pie, otro pie.
El anterior precipicio tendido,
vertido lo sólido, trémulo,
ya se hubiera dado eso cuajado.

Por ese entonces orinan las palabras,
alguna vez se suda el destierro,
La ceniza resignada ya, se resigna;
tantos otros lugares contra el reverdecer.

Las plumas no regresan por sus carnes,
las carnes no vuelven por sus huesos,
los huesos no son una probabilidad,
la muerte tal vez, quién sabe, lo sea.

Hacia arriba un puente,
y unos cuantos rostros,
Ciénaga, una tibieza en los contornos,
se enredan las cegueras entre el vacío.-


AIRE LIBRE

Un asomo,
cómo no asomado,
para que el desembarco no realce
lo adecuado
Un asomo,
tal vez desenredando las cruces
hundidas
en el periodo de las manos
Sin descender la frente,
sin marchitar la fascinación,
Hay quienes improvisan una fe,
luego se persigue,
luego se profesa.

Hay pasamanos
aunque nos hallamos
mutilados.
Muerte,
aun en el llanto de la vida.
Las sangres,
todavá calientes,
hacen el olvido.
En cambio no,
y no:
los cuerpos del cadáver
hacen el amor.

Los elencos del discurso
sus torsos animales,
permanecen, prevalecen
la moratoria.
Sólo debe bastar un gemido
un crujido
el desastre de la carne,
entre tanta tarde,
Al borde de lo copioso,
duerme aquel que yace
yace aquel que duerme.-



VAN A DESMADRAR

Suponía que algo los emparentaba
tan lejos como se pueda,
acentuar, sumergise en la intemperie,
Endémico.
Debajo de la piel solo el trinar
inhóspito, el mundo cae sobre el mundo.
Quiza, sea, quizá lo que quizá sea.
La pisada remota, cierta arquitectura,
acicalada detrás de las orejas y más allá.
Como si alguna vez fuésemos los huesos
de algunas sombras en su frenesí.
Libreta y libreto en mano,
quien anuncia la razón,
bajan los índices,
median los pulgares,
se ahorcan los artefactos de facto.
La piedra que horada la gota,
el agua se ahoga en el mar.
Le asaltan los rezos al perturbado,
unos cuantos alambrados,
y ya nada queda para quien resopla.
Voluptuosas tesituras,
en dónde encajará la complicidad,
a dónde el quebranto,
será mejor la lengua viva,
y entre tanto,
la culpa que nos parió.-




                                                                                         

                                                                                                    Federico Luis Baggini




Imágenes: Arte digital contemporáneo.







quiquedelucio@gmail.com

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