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viernes, 9 de diciembre de 2011

Una experiencia cabalística

Un breve cuento de Julio Cortázar, que publicó en "Point of Contact", Nueva York, vol.IV en el otoño de 1994. Si bien el texto fue escrito para "De un tal Lucas", el escritor no lo incluyó. Volvió a salir a la luz recién en el año 2009 en una compilación que su viuda y albacea Aurora Bernárdez y Carlos Álvarez Garriga realizaron para la Editorial Alfaguara que lleva por nombre "Papeles Inesperados". Algunos de los episodios protagonizados por Lucas iban a ser publicados por José Miguel Ullán, en 1977, proyecto que al final no se concretó. Tras la muerte de Cortázar en 1984, se encontraron anotaciones con prometedores títulos para otras historias del mismo protagonista que se supone no fueron escritas; por ejemplo esta: "A un niño pequeño (la inocencia, el no-saber-todavía-el-teorema de Pitágoras)".

LUCAS, SUS EXPERIENCIAS CABALÍSTICAS

Todo le viene de un amigo que cada diez palabras se para en seco y estudia lo que ha dicho Lucas y empieza a darle vuelta las palabras y las frases como si fueran guantes, ocupación repugnante para Lucas pero qué le va a hacer si el otro por ahí le saca cosas como conejos de la galera. Cuando no es anagrama es palindroma o rima interna o doble sentido, al final apenas Lucas dice buenos días el otro se lo explaya y cuando te das cuenta es lo que el viento se llevó en tres tomos, mejor callarse y aceptar, otro cafecito y esas cosas.
El tipo no se pierde una, y le cuenta a Lucas que para él las palabras no son más que un comienzo, una faceta de un poliedro vertiginoso, y si Lucas trata de pararlo con una de sus sonrisas sardónicas que siempre le valieron el horror de los contertulios del café Rubí su amigo se revira y le dice mirá, yo qué puedo hacer contra esos biombos que parecen tan chicos ahí en la sala, vos estás mirando el biombo con su dibujo de arrozales y un paisano montado en un búfalo, pensás que los biombos son como los párpados de las casas, esas imágenes vistosas, y en eso la señora de Cinamomo se le acerca y lo despliega una vez y dos veces y después tres veces, el biombo se agranda y los arrozales se achican porque ahora hay un río y de golpe una ciudad con gentes que van y vienen, casitas con gente que toma el té y geishas como mariposas a menos que sean mariposas con kimono. A mí eso me pasó siempre con las palabras desde que era un pibe guagua gurí escuincle crianza (acabala, interfiere Lucas, ya entendí que te referías a la infancia), pero eso no es nada, viejo, las letras me sacaban ya de las casillas, las siglas o las iniciales, las miraba y bóing, del otro lado, supersónicamente, cosas y cosas y cosas mientras mi tía me pellizcaba y puta si me acuerdo cómo decía: Este chico debe ser idiota, a la mitad de una palabra se queda
como un opa mirando pa' el lao de los tomates. Mis iniciales, fíjate, un día las escribo en el cuaderno de aritmética porque la maestra quería orden y progreso en los deberes, y cuando veo J. C. paf, el satori, veo Jesús Cristo y encima (o detrás, por respeto) Jean Coctau. Parece nada, pero son cosas que marcan, para peor cuarenta años más tarde estoy en San Francisco charlando con una amiga entre dos viajes de esos que la moral repudia, y le cuento y ella se tapa con la sábana porque le viene como un repeluzno y me pregunta si además de las dos iniciales no tengo otro nombre de pila y yo le digo que sí, que me da vergüenza porque es horrible pero que además de Julio me llamo Florencio, y entonces ella suelta una de esas carcajadas que acaban con todos los objetos de la mesita de luz, y me dice:
-Jesus Fucking Christ!
Se comprende que después de eso, Lucas aluda a la Cábala con un pavoroso respeto.-

                                 Julio Cortázar

Imágenes: Obras del surrealismo, "Retrato de verano del emperador Rodolfo II" por Giuseppe Arcimboldo,y pinturas
del italoargentino Vito Campanella (1935).

  

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