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martes, 20 de diciembre de 2011

Para acabar con las biografías

Un relato breve de Woody Allen:

Estaba hojeando una revista mientras esperaba a que Joseph K., mi asistente, terminara su acostumbrada consulta de cincuenta minutos de todos los martes con un psicoterapeuta de Park Avenue (un veterinario junguiano que, por cincuenta dólares la sesión, se empeña en convencerle de que los mofletes no son una desventaja social), cuando, por casualidad, di con una frase a pie de página que atrajo mi atención tanto como la notificación de un cheque sin fondos.
Sin embargo, no se trataba más que de uno de esos artículos en rúbricas pseudoculturales tipo "Conozca usted la vida de..." o "¡A que no lo sabe!", pero su evidencia me sacudió con la fuerza de las primeras notas de la Novena de Beethoven. "El sándwich", decía, "fue inventado por el conde de Sándwich". Estupefacto por la noticia, volví a leerla y me estremecí con un temblor involuntario. Mis ideas se arremolinaron mientras evocaba los sueños, las esperanzas y los inmensos obstáculos que debieron acompañar el invento del primer sándwich. Se me humedecieron los ojos cuando miré por la ventana las centelleantes torres de la ciudad y experimenté una sensación de eternidad, maravillado por el lugar inextirpable del hombre en el universo. ¡El hombre, el inventor!. Los cuadernos de anotaciones de Da Vinci se cernieron sobre mí -valientes hipótesis para las más elevadas aspiraciones de la raza humana- Pensé en Aristóteles, Dante, Shakespeare. El primer folio de sus obras. Newton. El Messiah de Haendel. Monet. El impresionismo. Edison. El cubismo. Stravinsky. E= mc2...
Me concentré con firmeza en la imagen mental del primer sándwich, conservado en una vitrina del Museo Británico y dediqué los tres meses siguientes a la elaboración de una breve biografía de su gran inventor, el conde de Sándwich. Aunque mis conocimientos de historia no son muy brillantes y aunque mi capacidad para novelar los hechos supera con mucho la del común de los aficionados al ácido, espero haber captado  al menos la esencia de este genio ignorado y deseo que estas notas sueltas induzcan a algún verdadero historiador a trabajar sobre él a partir de estos datos.

1718: nace el conde de Sándwich en una familia de aristócratas.
El padre está encantado por haber sido nombrado jefe herrador
de su majestad el rey, posición de la que disfruta durante bastantes años hasta que descubre que no es más que un herrero y renuncia, amargado. La madre es una simple huérfana de extracción germánica cuyo sencillo menú consiste esencialmente en manteca de cerdo y avenate, aunque a veces demuestra cierta imaginación culinaria al confeccionar un postre de natas, huevos, vino y azúcar.
1725-1735: asiste a la escuela, donde aprende latín y a montar a caballo. En la escuela toma contacto por primera vez con los embutidos y muestra especial interés por los cortes muy finos de roast-beef y de jamón. Para cuando se gradúa, esto se ha convertido ya en una obsesión . Su tesis "El análisis y los fenómenos concomitantes de la merienda de la tarde", es considerada por sus compañeros de estudio como estrambótica.
1736: ingresa a la Universidad de Cambridge, a instancias de sus padres, para seguir estudios de retórica y metafísica, pero muestra poco entusiasmo por los mismos. Es acusado de robar pan y de llevar a cabo experimentos antinaturales con ese material. Las acusaciones de herejía terminan en expulsión.
1738: desheredado, se refugia en los países escandinavos donde, durante tres años, estudia intensivamente el queso. Fascinado por la gran variedad de sardinas que encuentra. A su regreso a Inglaterra, conoce a Nell Smalbore, hija de un verdulero, y contrae metrimonio. Ella le enseñará todos sus conocimientos sobre la lechuga.
1741: reside en el campo con una modesta herencia y trabaja día y noche apretándose con frecuencia el cinturón para ahorrar y comprar comida.
1745: después de cuatro años de frenética labor, está convencido de haber alcanzado la antesala del éxito. Expone ante sus colegas dos trozos de pavo con una rebanada de pan en el medio. Todos rechazan su obra salvo David Hume, quien presiente la inminencia de algo grandioso y le alienta a seguir. Gracias a la amistad del filósofo, vuelve a su trabajo con renovado vigor.
1747: en la miseria, no puede darse el lujo de trabajar con roast-beef o pavo y se dedica al jamón que es más barato.
1758: su creciente aceptación entre los manipuladores de la opinión pública hace que la reina le encargue "algo especial" con motivo de un almuerzo con el embajador de España. Trabaja día y noche experimentando con cientos de posibilidades y, por fin, a las 16 horas y 17 minutos del 27 de abril de 1758, crea la obra que consiste en varias tajadas de jamón cubiertas, encima y por debajo, por dos rebanadas de pan de centeno. En un golpe de inspiración, adorna la obra con mostaza. Es un éxito inmediato, y queda encargado para el resto del año de los almuerzos del sábado.
1760: cosecha un éxito tras otro creando
"sandwiches" como se los denomina en su honor,
 con roast-beef, pollo, lechuga y casi cualquier fiambre concebible. Recibe la Orden de Jarretera.
1769: en su residencia de campo, recibe la visita de los hombres más ilustres del siglo: Haydn, Kant, Rousseau y Ben Franklin se detienen en su casa, algunos disfrutando de sus admirables creaciones, otros con pedidos para llevar.
1778: aunque fisicamente cansado, todavía investiga nuevas formas y escribe en su diario: "Trabajo hasta altas horas de la noche y tuesto todo lo que encuentro en un intento por mantener el calor".
1783: para celebrar su sexagésimo quinto cumpleaños, inventa la hamburguesa y hace giras personales por las grandes capitales del mundo. En Alemania, Goethe sugiere servirlas con panecillos, una idea que deleita al conde quien, más tarde, dice del autor de Fausto: "Este Goethe es un gran tipo".
1790: en una exposición retrospectiva de su obra, celebrada en Londres, sufre un repentino ataque de dolores en el pecho y se le vaticina una muerte inminente, pero se recupera lo suficiente como para supervisar la construcción de un monumento al sándwich. Su inauguración en Italia produce serios disturbios y allí permanece incomprendido salvo para unos pocos críticos.
1792: cae víctima de un virus que no puede tratar a tiempo y fallece mientras duerme. Es enterrado en Westminster Abbey, y miles de personas presencian sus funerales. En esa ocasión, el gran poeta alemán Höderlin resume sus logros con una manifiesta reverencia: "Liberó a la humanidad del almuerzo caliente. Todos estamos en deuda con él".-

                                                   Woody Allen

Relato publicado en su libro "Para acabar de una vez por todas con la cultura", Tusquets Editores.



Imágenes: pinturas del surrealismo, Félix Labisse (Francia, 1905-1982).

quiquedelucio@gmail.com
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