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miércoles, 6 de junio de 2018

Despedida

Octavo año de una antojadiza antología de la poesía de todos los tiempos, seleccionada por el escritor Quique de Lucio. Esta pretende ser una antología cuyo sentido radica en la actividad del lector, en su lectura que organiza los textos como un proyecto de su propia aventura y goce creadores. Difundiendo a más de 3.000 escritores, respetando el derecho de autor.






Publicación N° 2.059-


                                                                                                                                       Javier Sicilia

Poeta, ensayista y novelista mexicano, nacido en D.F. en 1956. Realizó estudios en las Facultades de Filosofía y Letras y en la de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma de México. Ha sido fundador y director de El Telar, coordinador de talleres literarios y guionista de cine y televisión. Fue jefe de redacción de la revista Poesía. Profesor de literatura estética en la Universidad La Salle de Cuernavaca. Es autor, entre otros, de "Permanencia en los puertos" (1982), "La presencia desierta" (1986), "Oro" (1990), "Trinidad" (1992), "Vigilias" (1994 y reedición en 2000), etc. En 1990 ganó el Premio Ariel por el mejor argumento escrito para cine y en febrero de 2009 el Premio Nacional de Poesía de Aguascalientes por "Tríptico del desierto".


                                                                                                 "herido por la luz ya nada espero
                                                                                                  de mi cuerpo que es éxtasis del día,
                                                                                                  polvo absuelto en la luz del mediodía,
                                                                                                  paja seca quemada por tu esmero"









DESPEDIDA

I

Recuerda, cuerpo, cuánto te quisieron:
no sólo las alcobas donde amaste
y los desnudos cuerpos que gozaste,
sino también los ojos que te vieron,
los labios que por ti  de ardor temblaron
y por los cuales en deseo ardiste.
Recuerda, cuerpo, que alto y bello fuiste
como un dios, que otros cuerpos desvelaron
sus noches recordándote, y amor
rozó sus ojos como si el rumor
de tus besos tocara sus caricias.
Esta noche en que a solas te desnudas
y los años pasaron y las dudas,
recuerda como entonces sus delicias.

II

Pues,
nada te detendrá mi cuerpo amado,
ni el ardor de los besos que allanaste,
ni las tibias alcobas donde amaste
la blancura de un cuerpo abandonado;
nada, muchacho, nada, ni el helado
secreto de los labios que habitaste,
ni las heridas ingles ni el engaste
de tu placer herido y entregado
al roce delicado de unos dedos;
nada, mi servidor, mi amante, nada,
ni acaso la caricia más amada,
pues más allá del goce y sus recuerdos,
ah, sientes como el polvo se aproxima
a la dulce insistencia que te anima.-



ENCUENTRO

Me sedujiste, Amor, y me he dejado
seducir, me forzaste y me pudiste,
allanaste mi alcoba y le prendiste
fuego a mi alto cuerpo amurallado;
violaste con tus labios mi costado,
a tu placer rendida me tuviste,
mi goce a sequedad lo reduciste
y a polvos mis encantos y mi agrado;
tendido, cual la tierra contra el día,
tus oscuras caricias me domaron
hasta volverme yermo y luz baldía;
y ahí donde tus labios se gozaron
y sólo queda un hueco, un claro abismo,
de tan simple y desnuda soy Tú mismo.-



VIGILIAS

Escuchar el rumor bajo la aurora
del día que se abre a la espesura,
mirar la madrugada aún oscura
adelgazarse lenta en cada ahora;

estar ahí sin tiempo y sin demora
contemplando el espacio en su mesura
y sentirse atrapado en la atadura
de su exacto equilibrio que enamora;

y ser entonces árbol, agua y tierra
y luz donde la noche ya vacía
delinea los contornos de la sierra,

lo sabe aquel que vuela a cielo abierto
en espera de dios y de su día,
lo sabe sólo quien está despierto.-



ZAZEN

Sentirte, amor, es contemplar el muro,
el muro blanco, limpio ante el que rezo,
espejo de la luz, desierto yeso,
cerrada claridad, confín más puro.

Sentado ante su luz el día es duro,
duro tiempo sin fin, vacío ileso,
donde el cuerpo extravía forma y peso
y ausente se contempla más seguro.

Yo me abro mi amor a este vacío
en el que a solas soy blanco desierto,
espacio sin lugar y polvo yerto,

polvo de luz, ausencia ya sin brío.
Nada queda  de mí que estoy abierto
sino esta claridad donde te espío.-


II

Es luz la suave tarde de este enero,
luz mi pan y la alcoba húmeda y fría,
mi mujer, la ciudad y la alegría
de mi alma que arde en tu brasero.

¿Qué puedo ya esperar si todo es fuego
que cotidianamente me calcina
y deja en lo más hondo su sosiego?

Todo en la vida es luz de tan amada,
sólo mi cuerpo es paja, leña y brizna
que consumido en luz es tierra, es nada.-






                                                                                                                             Javier Sicilia



Imágenes: Pinturas de Richard Diebenkorn   (contemporáneo)





quiquedelucio@gmail.com

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