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sábado, 7 de enero de 2017

Amanecida


Sexto año de una antojadiza antología de la poesía de todos los tiempos, seleccionada por el escritor Quique de Lucio. Esta pretende ser una antología cuyo sentido radica en la aactividad del lector, en su lectura que organiza los textos como un proyecto de su propia aventura y goce creadores. Difundiendo a más de 1.600 escritores, respetando el derecho de autor.



Publicación N° 1.585-


                                                                                                         Julia de Burgos

Poetisa de Puerto Rico, nacida en Carolina el 17 de febrero de 1914 y fallecida en Nueva York (Estados Unidos), el 6 de julio de 1953, a los 39 años.


                                                                                            "amor callado y lejos...
                                                                                             tímida vocecita de una dalia,
                                                                                             así te quiero, íntimo,
                                                                                             sin saberte las puertas al mañana"










AMANECIDA

¿Soy una amanecida del amor?

Raro que no me sigan centenares de pájaros
picoteando canciones, sobre mi sombrilla blanca.
¿Será que van cercando, en vigilia de nubes,
la claridad inmensa donde avanza mi alma?

Raro que no me carguen pálidas margaritas
por la ruta amorosa que han tomado mis alas.
¿Será que están llorando a su hermana más triste,
que en silencio se ha ido a la hora del alba?

Raro que no me vista de novia la más leve
de aquellas brisas suaves que durmieron mi infancia.
¿Será que entre los árboles va enseñando a mi amado
los surcos inocentes por donde anduve, casta ?

Raro que no me tire su emoción el rocío,
en gotas donde asome risueña la mañana.
¿Será que por el surco de angustia del pasado,
con agua generosa mis decepciones baña?

¿Soy una amanecida del amor?

En mí cuelgan canciones y racimos de pétalos,
y muchos sueños blancos y emociones aladas.

Raro que no me entienda el hombre, conturbado
por la mano sencilla que recogió mi alma.
¿Será que  en él la noche se deshoja más lenta,
o tal vez no comprenda la emoción depurada?



CANCIÓN DE LA VERDAD SENCILLA







¿No es él el que me lleva
Es mi vida que en su vida palpita.
Es la llamada tibia de mi alma
que se ha ido a cantar entre sus rimas.
Es la inquietud de viaje de mi espíritu
que ha encontrado en su rumbo eterna vía.
Él y yo somos uno.

Uno mismo y por siempre entre las cimas;
manantial abrazando lluvia y tierra;
fundidos en un soplo ola y brisa;
blanca mano enlazando piedra y oro;
hora cósmica uniendo noche y día.

Él y yo somos uno.
Uno mismo y por siempre en las heridas.
Uno mismo y por siempre en la conciencia.
Uno mismo y por siempre en la alegría.

Yo saldré de su pecho a ciertas horas,
cuando él duerma el dolor en sus pupilas,
en cada eco beiéndome lo eterno,
y en cada alba cargando una sonrisa.

Y seré claridad para sus manos
cuando se vuelquen a trepar los días,
en la lucha sagrada del instinto
por salvarse de ráfagas suicidas.

Si extraviado de senda, por los locos
enjaulados del mundo, fuese un día,
una luz disparada por su espíritu
le anunciará el retorno hasta mi vida.

¿No es él que me lleva?
Es su vida que corre por la mía.

Se recogió la vida para verme pasar.
Me fui perdiendo átomo por átomo de mi carne
y fui resbalándome poco a poco al alma.

Peregrina en mí misma, me anduve un largo instante.
Me prolongué en el rumbo de aquel camino errante
que se abría en mi interior,
y me llegué hasta mí, íntima.

Conmigo cabalgando seguí por la sombra del tiempo
y me hice paisaje lejos de mi visión.

Me conocí mensaje lejos de la palabra.
Me sentí vida al reverso de una superficie
de colores y formas.
Y me vi claridad ahuyentando la sombra
vaciada en la tierra desde el hombre.

Ha sonado un reloj la hora escogida de todos.
¿La hora ? Cualquiera. Todas en una misma.
Las cosas circundantes reconquistan color y forma.
Los hombres se mueven ajenos a sí mismos
para agarrar ese minuto índice
que los conduce por varias direcciones estáticas.

Siempre la misma carne apretándose
muda a lo ya hecho.
Me busco. Estoy aún en el paisaje lejos de mi visión.
Sigo siendo mensaje lejos de la palabra.

La forma que se aleja y que fue mía un instante
me ha dejado íntima.
Y me veo claridad ahuyentando la sombra
vaciada en la tierra desde el hombre.-



CANCIÓN DESNUDA

Despierta de caricias,
aún siento por mi cuerpo corriéndome tu abrazo.
Estremecido y tenue sigo andando en tu imagen.
¡Fue tan hondo de instantes mi sencillo reclamo...

¡De mí se huyeron horas de voluntad robusta,
y humilde de razones, mi sensación dejaron.
Yo no supe de edades ni reflexiones yertas.
¡Yo fui la vida, amado!
La vida que pasaba por el canto del ave
y la arteria del árbol.

Otras notas más suaves pude haer descorrido,
pero mi anhelo fértil no conocía de atajos:
Me agarré a la hora loca,
y mis hojas silvestres sobre ti se doblaron.

Me solté a la pureza de un amor sin ropajes
que cargaba mi vida de lo irreal a lo humano,
y hube de verme toda en un grito de lágrimas,
¡en recuerdo de pájaros!

Ya no supe guardarme de invencibles corrientes
¡Yo fui la vida, amado!
La vida que en ti mismo descarriaba su rumbo
para darse a mis brazos.-



                                                                                                         Julia de Burgos




Imágenes: Pinturas del inglés John William Godward   (1861 - 1922)






quiquedelucio@gmail.com 

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