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miércoles, 6 de julio de 2016

Canto destruido

Sexto año de una antojadiza antología de la poesía de todos los tiempos, seleccionada por el escritor Quique de Lucio. Esta pretende ser una antología cuyo sentido radica en la actividad del lector, en su lectura que organiza los textos como un proyecto de su propia aventura y goce creadores. Difundiendo a 1.300 escritores, respetando el derecho de autor.


Publicación N° 1.408-


                                                                                                          Carlos Pellicer

Poeta mexicano, nacido en San Juan Bautista (hoy Villahermosa), Tabasco, el 16 de enero de 1897 y fallecido, a los 80 años, en México D.F. el 16 de febrero de 1977.


                                                                                                  "Yo leía poemas y tú estabas
                                                                                                   tan cerca de mi voz que poesía
                                                                                                   era nuestra unidad y el verso apenas
                                                                                                   la pulsación remota de la carne"









CANTO DESTRUÍDO

¿En qué rayo de luz, amor ausente
tu ausencia se posó? toda en mis ojos
brilla la desnudez de tu presencia.
Dúos de soledad dicen mis manos
llenas de ácidos fríos
y desgarrados horizontes.

Veo el otoño lleno de esperanza
como en una atardecida primavera
en que una sola estrella
vive el cielo ambulante de la tarde.

Te amo, amor, y nada estoy diciendo
para llamarte. Siento
que me duelen los ojos de no llorar. Y veo
que tu ausencia me encuentra
como el cielo encendido
y una alegría triste de no usarla
como estos días en que nada ocurre
y está toda la casa
inútilmente iluminada.

En la destruida alcoba de tu ausencia
pisoteados crepúsculos reviven
sus harapos, morados de recuerdos.
En el alojamiento de tu ausencia
todo lo ocupo yo, clavando clavos
en las cuatro paredes de la ausencia.

Y este mundo cerrado
que se abre al interior de un bosque antiguo,
ve marchitarse el tiempo,
despolvorearse la luz, y mira a todos lados
sin encontrar el punto de partida.

Aunque vengas mañana
en tu ausencia de hoy perdí algún reino.

Tu cuerpo es el país de las caricias,
en donde yo, viajero desolado
-todo el itinerario de mis besos-
Paso el otoño para no morirme,
sin conocer el valor de tu ausencia
como un diamante oculto en lo más triste.-


EN EL SILENCIO DE LA CASA

En el silencio de la casa, tú,
y mi voz en presencia de tu nombre
besado entre la nube de la ausencia
manzana aérea de las soledades.

Todo a puertas cerradas, la quietud
de esperarte es vanguardia de heroismo,
vigilando el ejército de abrazos
y el gran plan de la dicha.

Yo no sé caminar sino hacia ti,
por el camino suave de mirarte
poner mis labios junto a mis preguntas
-Sencilla, eterna flor de preguntarte-
y escucharte así en mí  ¡ y a sangre y fuego
rechazar, luminoso, las penumbras!

Manzana aérea de las soledades,
bocado silencioso de la ausencia,
palabra en viaje, ropa de invierno
que hará la desnudez de las praderas.

Tú en el silencio de la casa. Yo
en tus labios de ausencia, aquí tan cerca
que entre los dos la ronda de palabras
se funde en la mejor que da el poema.-


HOY QUE HAS VUELTO

Hoy que has vuelto, los dos hemos callado,
y sólo nuestros viejos pensamientos
alumbraron la dulce oscuridad
de estar juntos y no decirse nada.

Sólo las manos se estrecharon tanto
como rompiendo el hierro de la ausencia.
¡Si una nube eclipsara nuestras vidas!

Deja en mi corazón las voces nuevas,
el asalto clarísimo, presente,
de tu persona sobre los paisajes
que hay en mí para el aire de tu vida.


SI JUNTO A TI LAS HORAS

Si junto a ti las horas se apresuran
a quedarse en nosotros para siempre,
hoy que tu dulce ausencia me encarcela,
la dispersión del tiempo en mis talones
y en mis oídos y en mis ojos siento.
Yo no sé caminar sino hacia ti,
ni escuchar otra voz que aquella noble
voz que del vaho borde de la dicha
vuela para decirme las palabras
que aguzaron el agua del poema.

¡Decir tu nombre entre palabras vivas
sin que nadie lo escuche!
Y escucharlo yo solo desde el fino
silencio del papel, en la penumbra
que va dejando el lápiz, en las últimas
presencias silenciosas del poema.-



YO ACARICIO EL PAISAJE

Yo acaricio el paisaje,
oh, adorada persona
que oíste mis poemas y que ahora
tu cabeza reclinas en mi brazo.

Detrás de un cerro grande
va estallando una nube lentamente.
Su sorpresa
es como nuestra dicha: ¡tan primera!
Lo inaugural que en nuestro amor es clave
de toda plenitud
El aire tiembla a nuestros pies. Yo tengo
tu cabeza en mi pecho. Todo cuaja,
la transparencia enorme de un silencio
panorámico, terso,
apoyado en el pálido delirio
de esar tus mejillas en silencio.-



                                                                                                          Carlos Pellicer


Imágenes: Pinturas de Joaquín Sorolla  (España, 1863 - 1923)



quiquedelucio@gmail.com

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