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martes, 16 de febrero de 2016

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Quinto año de una antojadiza antología de la poesía de todos los tiempos, seleccionada por el escritor Quique de Lucio. Esta pretende ser una antología cuyo sentido radica en la actividad del lector, en su lectura que organiza los textos como un proyecto de su propia aventura y goce creadores. Difundiendo a los hacedores, respetando el derecho de autor.


Publicación N° 1.275-


                                                                                           Anselmo Guarneros

Poeta y narrador de México, nacido en Nuevo Laredo, Tamaulipas, en 1991. Estudia Derecho en la Universidad Autónoma en Cuidad Victoria. Ha publicado cuentos y poemas en el portal HoyTamaulipas y en el blog The Crow magazine. En el 2015 fue becario interfaz, en el programa de becas literarias: Los signos de rotación, Festival Interfaz, Isste Cultura en Monterrey.


                                                                            "Hoy pretendo quitarme esta vieja costumbre
                                                                              de extraviarme buscando una mano y un cuerpo,
                                                                              de morirme en las noches en que faltan perfumes,
                                                                              de llorar en silencio por mi falta de tiempo"      






ADOBE

Me siento atado a tus mil cabellos
que forman nudos tras de mi cuello,
que me rodean, que no me sueltan
y se sujetan con mucho gusto,
como queriendo que cualquier tarde
mudasen cráneo y fuesen míos
y no más tuyos.

Me siento atado también, lo admito,
a esos brazos que a ti te cuelgan
y a mí me abrazan,
que me tomaron una mañana
en el que el frío cayó tan bajo
que se veía muy pequeñito,
como personas cuando se miran
desde lo alto de un edificio.
Son esos mismos pequeños brazos
que ahota tocan mi fría espalda
y la calientan de cierto modo
que no comprendo,
y no respiro porque presiento
que de moverme lo arruino todo,
y sólo quiero quedarme quieto
y recordarte que mis latidos
respiran tiempo porque comprenden
que afuera y dentro no es lo mismo,
que afuera río,
y dentro lloro.

Tengo tu vientre pegado al mío,
y ahí juntitos los dos platican
de cualquier cosa con sus rugidos,
y se saludan quién sabe cómo,
algún idioma han de conocer;
platican tanto que duele un poco,
las tripas tiemblan como diciendo
que ya se van,
que pertenecen a otro sitio
en donde nadie
les dice adiós.

Y no me olvido de que enterraste
tus piernas largas frente a las mías,
rodilla al frente, la misma altura,
el mismo largo, mismos raspones
las mismas manchas y moretones.
Se nota tanto que pertenecen
a quien anduvo por mucho tiempo
sufriendo mucho
y mucho más.

Así nosotros, así los cuerpos,
así el destiempo, así el destino,
tanta venganza tienen sus filas,
que juega al monstruo con sus vecinos,
que rompe en llanto en ojo ajeno,
que silva al viento versos enteros
de desaliento y de desamor,
que se mantiene cosiendo pieles
con los tejidos que ya se han roto,
y transformando más de dos órganos
en un concierto
sin un final;
tapando bocas con nuestras manos,
manchando pechos con nuestra sangre,
limpiando egos
con el silencio de nuestra calma,
de nuestra voz,
y todo esto sin un motivo que lo sostenga
que le de causa justificada
que no sea otra
más que el placer.

Si por mí fuera
siempre seríamos personajes
de alguna historia de trovadores,
que cantarían amor perfecto
ante los reyes de cualquier sitio,
y los abuelos platicarían de nuestro tiempo en esta tierra
a sus nietitos que dormirían pensando en ti
y en como amaste, igual que yo;
mas de desgracias ya no hay quien cante
y nadie cuenta las aventuras
de un pobre viejo que sólo quiere
mas no es querido,
pues aunque el cuerpo está tan cerquita
que las palabras nos sobran tanto,
no te das cuenta que cualquier sitio
que no sea este
te causa daño,
que tus rodillas te dicen algo
cuando se atoran junto a las mías.

Sólo tu mente de pequeñita
quiere alejarse y no estar aquí,
quiere escaparse de este gran muro de carne y hueso,
quiere decirnos a los juntos
que nunca quiso sentirse ajena,
que no era ella quien decidía,
sino la piel.
Que se ha sentido
esclavizada todo este tiempo,
gritando a voces a mis oídos que son muy sordos,
que yo soy libre, pero tú no.
De qué me sirve tener tu cuerpo
si a ti te aterra el estar aquí,
y con quién hablo
si tus palabras no son ni tuyas
ni para mí

Para que veo este par de ojos
que no devuelven ya la mirada,
que esos ojos tras esos párpados
que son tan bellos como los cielos
quieren cerrarse más de la cuenta
y siempre negan que alguien los ve.

Y yo comprendo que ya fue tiempo,
que no me sirve ya la corteza ni la envoltura
de o que hay dentro,
que con el tiempo te iciste inerte,
que hoy tú quieres salir corriendo,
y liberarte de la atadura
que tu cabello le hizo al mío,
que ya no quieres que te detenga
que ya mis manos no te sostengan,
que ya mis dedos no te dibujen,
y que tu cuerpo pueda partir.-



                                                                                     Anselmo Guarneros



Imágenes: Pinturas del mexicano Ricardo Fernández Ortega (contemporáneo)





quiquedelucio@gmail.com

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