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lunes, 16 de abril de 2012

Quince minutos después

                     "Hay una gran diferencia
                      entre el soñador y el dormido.
                      Entre los pájaros que duermen
                      y el gallo, cantor del alba"



QUINCE MINUTOS DESPUÉS      Poesía de Ricardo Zelarayán

Estaba ordenando las cosas para salir... Y mientras ordenaba mis cosas
veía al lobo,
al lobo que fui
y no sé si al lobo que seré...
La palabra "cinzas",
una palabra en una canción de Wilson Simonal,
me atrae...
Una palabra que no puede traducirse como cenizas,
en castellano.
Una palabra que resplandece como los ojos
de los gatos en la oscuridad.
O los faros de los coches en la ruta pavimentada,
cuando la noche se hace madrugada
entre Córdoba y Villa María.
Salí de mi casa para verte,
con todas esas cosas en la cabeza...
lobo aullando junto a la "cinza" resplandeciente...
ojos de gato en la oscuridad,
faros de coches sonámbulos que se acercan y
se alejan de Córdoba.
Y llegué quince minutos después...
No quisiste hablar.
"Ya se me va a pasar", dijiste.
Y durante un tiempo largo nos miramos en silencio.
El plato vacío,
el tuyo y el mio,
eran más blancos que nunca.
Y después vino el pedido.
¡A llenar el plato!
¡Tu plato y el mío!
Y empezaste a hablar...
¡Y hablamos!
Después de comer, un paseo.
El sol no estaba...
pero en ese momento, qué importancia tenía?
Yo me sentía un inmenso pancito de azúcar
rodeado de árboles muy verdes.
Los trenes que pasaban a lo lejos
eran un poco tus caricias tímidas,
tus miradas.
Un perro trataba de jugar al fútbol
con dos chicos.
Un avioncito con motor giraba y giraba.
El paseo, el descanso, era un vuelo.
Y después el cine.
Un cine de domingo nublado.
Un cine de madera blanca,
donde la película, buena y todo,
al fin y al cabo,
fue lo de menos.
Después salimos.
Nos bastaban apenas
unas pocas palabras.
Y después...
Después siempre.
Pero yo recuerdo.-

LA GRAN SALINA

Hace años creía
que "después del almuerzo es otra cosa"...
es decir que las cosas son otras
después del almuerzo
y reanudado después, me contradice.
No comí postre.
¡Siento la boca salada!
Pero no va a insistir.
El domingo pasado,
en casa de un amigo poeta,
conocí a un chileno novelista e izquierdista
que se fue a Pekin y que, posiblemente,
no vuelva a ver en mi vida.
Timidamente, entre cinco porteños y un chileno izquierdista,
metí una frase de Lautréamont
que como buen franchute es uruguayo
y si es uruguayo es entrerriano.
Una frase (salada) para terminar (o interrumpir) este poema:
"Toda el agua del mar no bastaría para lavar una mancha de sangre intelectual".-


Ricardo Zearrayán: (Paraná 1922-2010). Poeta argentino
Estudió Medicina en Buenos Aires carrera que más adelante abandona para iniciarse como corrector de una editorial. Trabajó como traductor y periodista. En 1973 fue colaborador de la revista Litoral. Sus obras que se destacan por el lenguaje coloquial son"de culto" para ciertos sectores intelectuales. En 2009, Editorial Argonauta publicó "Ahora o nunca" un volumen que reúne la mayor parte de su obra poética.
"La obsesión del espacio" es de 1973, "Traveseando" (1884), "Roña criolla" (1991) y su novela "Lata peinada" es de 2008.
Falleció en Buenos Aires a finales del 2010. 

Imágenes: pinturas del artista plástico argentino Emilio Pettoruti (La Plata, 1892-París, 1971).
 Maestro de la pintura latinoamericana

quiquedelucio@gmail.com
twitter@quiquedelucio

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