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jueves, 17 de noviembre de 2011

Una comida en familia

La reunión familiar a la hora de la comida. "No hay nada más lindo que la familia unida"...decía el jingle de un programa de televisión de hace unas décadas atrás. ¿es así?...ahora que falta un poco más de un mes para las fiestas y los parientes se reúnen ,¿ realmente la pasan bien?. Seguramente habrá sobre el tema tantas miradas como comensales a la hora de comer. Esta, al menos, es una visión original, la que nos propone en un relato breve, la escritora uruguaya Inés Bortagaray.

A LA MESA

El mantel es blanco. Cubre todas las esquinas de esta larga mesa de madera puesta en el jardín, y llega a rozar el suelo. Sobre el mantel hay platos, fuentes, cucharas, cucharones, cuchillos, servilletas, tenedores, botellas, jarras, flores, migas de pan. Alrededor estamos nosotros, la familia unida. Todos sentados a lo largo de esta gran mesa que ocupa dos parcelas de quinta, la nuestra y la de los otros, los parientes. No somos tan ruidosos como una familia italiana ni se hace el gran escándalo ni el borracho da la nota, pero igual somos borrachos. Todos tomamos vino, por ejemplo. La mesa se corta en dos entre las dos parcelas. De un lado quedamos nosotros; del otro, los parientes.
La pequeña esposa de mi primo alto, el de boca mojada como un pez y orejas de cera rebosante, viene hacia mí desde la otra mesa con gesto de arrojo (tras los cristales gruesos de sus lentes aparecen los ojos de  de muchacha provinciana que aún a pesar del encierro se hace temer, la de la lengua ácida). Se para frente a mí y me increpa: ¿por qué dijiste que mi tía es puta? Yo le digo: yo no dije nada, momentito.
Momentito: estoy recordando.
Hace veintisiete años dije algo. Dije, mirando la foto de la boda de la tía de la actual esposa de mi primo, dije: esta es una puta. Yo había aprendido la palabra puta y la usaba por vanidad. Mi vanidad se debía a haber aprendido a usar con ligereza algo que no parecía tan liviano. La palabra. Esta es puta esta no es puta esta es puta. Yo no soy puta. Yo no soy una cualquiera.
¿Por qué me lo decís ahora, cuando ya pasó tanto
tiempo? No demora, y dice, como si mordiera: Porque vos y tu madre y tu abuela tienen que tener un merecido. Yo sí demoro. ¿Un merecido por qué?. Vuelve a morderme. No estar tan campantes, en esta mesa, cuando bien se sabe que son víboras. Me molesta más lo de campantes que lo de víboras. Yo siempre salí ilesa de las críticas ajenas. Me cuido mucho de hacerlas, de decir: este es un vanidoso, aquella está llena de amargura. Es por eso que lo hablo más conmigo que con el resto y entonces me digo: qué vanidosos que estamos hoy, cuánta amargura me viene encima.
Dejo de prestarle atención a la esposa de mi primo el de la saliva y miro a una niña de rizos rojos que se sienta a mi lado. La miro y no sé quién es, de qué pariente es hija. Se sienta como señorita entre mi hermana y yo; las dos la miramos con sorpresa. No nos pelea ni tampoco está jugando. Parece haber encontrado el lugar exacto para ella. Las piernitas le oscilan sin llegar al piso. Rozo con mi dedo sus rodillas y ella se estremece y se ríe. Entonces me arrodillo y ella salta de la silla y nos ponemos a jugar bajo la mesa. Dice que se llama Olinka y que su nombre es ruso como el de algunas princesas. Jugamos a hacer caras de las feas y yo le gano. Afuera sigue el barullo, pero se oye apagado por el peso del mantel. Afuera alguien dice: nuestra ensalada es por lejos la mejor. Olinka se saca los zapatos y las medias caladas y me muestra su pie. Se lo huele y me lo da para que yo también lo huela. Lo huelo y le digo: ay, que pie más asqueroso. Después vamos a los pies de la familia y se los olemos a todos.
Algunos nos gustan y otros no. A ella le gustan más que a mi los pies de la familia. Los pies de mamá huelen rico. Tiene sandalias color café con tiras de cuero que se cruzan adelante. Mi hermana se rasca el empeine con la punta del zapato. Cuando acercamos las narices hace un movimiento brusco y le golpea el mentón a Olinka, que justo está oliendo. Olinka comienza a lloriquear y yo le tapo la boca con mi mano. En la mesa se hace silencio. Alguien ahoga una exclamación y se oye un zumbido.
Me acurruco entre las piernas estiradas de mi padre (sé que ahora yace satisfecho con la boca casi sonriente, plácida, y esos ojos de ausencia dichosa, de momento previo al desencanto) y atraigo a Olinka contra mi pecho como quien aprieta a un niño durante el estallido de una bomba. La discusión entre las mesas da comienzo entonces.-

                                                        Inés Bortagaray 

Inés Bortagaray: (Salto, Uruguay 1975) Escritora y periodista. Es Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Escribe guiones de películas como el de "Una novia errante". Tiene dos libros de relatos. El que presentamos en esta nota se incluye en la edición de Zoetrope dedicada a nuevos autores latinoamericanos "All-Story" propuesta presentada por Francis Ford Coppola.


Imágenes: pinturas de Alvarez de Sotomayor "Comida en Bergantiños", "Bodegones", " Naturaleza Muerta" de Paul Cezanne (impresionismo) y "La comida en el arte", hiperealista.

quiquedelucio@gmail.com
Twitter@quiquedelucio

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