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martes, 28 de abril de 2015

De lo cotidiano

Cuarto año de una antojadiza antología de la poesía de todos los tiempos, seleccionada por el escritor Quique de Lucio. Esta pretende ser una antología cuyo sentido radica en la actividad del lector, en su lectura que organiza los textos como un proyecto de su propia aventura y goce creadores. Difundiendo a los hacedores, respetando el derecho de autor.




                                                                                  Rubén Manuel Rivera

Poeta y narrador mexicano, nacido en Sudcalifornia en 1967. Cursó la Licenciatura en Letras Hispánicas en la U. A. Metropolitana Iztapalapa. Fue Becario de investigación del COLMEX, profesor de la Universidad Autónoma de Baja California Sur, Jefe del Departamento de Planeación del Instituto Sudcaliforniano de Cultura. Ha ganado en tres ocasiones el Premio Peninsula de Poesía "José  Alán Gorosave". En mayo del 2004 recibió el Premio Estatal de Poesía "Ciudad de La Paz" con "La casa de Cortés", su más reciente publicación.


                                                                           "Si un colibrí
                                                                            se posa en uno de tus brazos,
                                                                            hay que asumirlo:
                                                                            acariciemos todo"




DE LO COTIDIANO

En la taza, se me ahoga el café de esta mañana.
No le extiendo una cuchara,
no lo miro.
Se endulza, pensativo,
con mi silencio.

Cómo le hago para brincar este cerco de palabras,
y al pasar las hojas, desnudarte;
y ya sin metáforas que estorben,
cómo detengo a los versos en su sitio,
los sustantivos, los verbos, los gerundios.
Si la rima choca a la mitad de la estrofa,
como un pájaro sin cielo,
sin un semáforo crepúsculo,
o un motel de árboles
para chacerte el amor.

Sobre el tallo del día
sigue mi voz abierta, deshojada, temblando;
se adentra en el aire
y en la médula del vuelo
se sostiene, inmóvil cometa, de tu mirada.

Las nubes de tu boca, lo confirman:
lo único imposible es no volar.-


IRREMEDIABLE

Esta mañana de irremediables cabellos
 superiores ojos,
me agiganta el alma.
Grandes e hinchados, también los brazos,
me estorban;
son tontos y aburren
con todas sus ganas de estrecharte.

Cómo me gustaría tener una fogata espontánea,
de esas que tdo lo queman
de manera mpertinente,
para, al menos, calentarme con mi cuerpo tatemado,
mientras espero al tuyo.

Cómo me gustaría apoderarme del aire
con un brinco de gacela.
Pero así, lleno de alas, y sin tocarte,
esta mañana de irremediables cabellos
 superiores ojos,
me acalambra:
a mí me sobra tu ausencia,
colma el vaso de mi cuerpo
y derrama mi alma, inútilmente.-


TORERA DE LAS AGUAS

V

Abandoné mis manos a la suerte que le depara tu cuerpo:
el mar es un destino,
ocasionalmente un beso.
Con los ojos llenos de distancia,
como si no supieras construir castillos en la arena
o jugar con tu pelota de sol,
sacaste las palabras de lo hondo.
 el sol, hecho trenza,
quebró con su grito tu cintura.

VI

No hubo despedida,
simplemente enmudecimos
para escuchar cómo se alejaban nuestros pasos;
con la esperanza de oírlos
al otro lado del mundo.

IX

Por fin mi cuerpo, casi lago, casi espejo,
decidió romperse,
Antes de que me caiga encima la tristeza,
como peste,
llévate contigo mis ojos
adonde no exista el llanto
que aquí la humedad
me va a pudrir el alma.

XII

El mar, a labio vivo, recorre mi memoria
y mis dientes dan con la insalvable distancia,
el límite de la carne,
el tú y el yo,
y la medida del agua y las ganas
y la ventanilla del alma
se empaña,
impidiéndome ver el mar
que permanece aparte y se ríe,
como adolescente que ha perdido
una mano en sus bolsillos.

IV

Pero yo camino hacia atrás como los cangrejos.
Mi estupidez
azul, desparramada,
se disuelve con esa otra estupidez
más azul y desparramada del mar.

Voy caminando hacia atrás
y mi rostro,
el de la espalda,
me desdice, se deslinda del paisaje,
es tierra triste;
mientras el otro
ve cómo el horizonte devora nubes,
y ríe, ríe, ¡ríe!;
hasta que pare labios
y llueve sangre
riendo, riendo más, hasta la muerte.
Soy el cangrejo
que fuera del agua
se come por dentro.-


                                                                             Rubén Manuel Rivera


Imágenes: Pinturas de Henri de Toulouse-Lautrec  (Francia, 1864 - 1901)



quiquedelucio@gmail.com

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