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jueves, 22 de marzo de 2012

Una mujer sólo sucede

                                 "Hay un muro blanco que divide la llanura;
                                 pero no un muro claro, útil, no:
                                 un límite abisal, el borde oscuro.

                                 No el muro de piedra, el de fuego".

CIELO DE ABAJO           Poesía de Jorge Fernández Granados 

Una mujer sucede, urde su gambito de encuentros,
aceita maquinarias de adoquín
y escribe en la arena de un café
un Mar Cantábrico, siluetas
que el diluvio reunió, vino de bardos
que pronto partirán, las geografías
donde el alma quema su madera.

Atraviesa
su tobillo el vaivén
de los que corren, conspira
contra el gris de la alacena
y esfuma la moneda de una broma

(la vida, su volado).

Suele saber
que el vestido,
el nylon, su reloj, el aguacero,
un Área de No Fumar (o el humo, firma un fondo),
son la coreografía de un misterio
divagante también como el deseo
para, acaso más tarde o más temprano,
pernoctar ese tango al fin descalzos.
(uno, claro, no entenderá.
La trama es muy barroca
y en el fondo carece de argumento).

Una mujer sólo sucede.
Por eso hay desastres,
rincones jubilosos
donde la vida cabe
y toma lo que es suyo, a veces
hasta con el lujoso disfraz
de alguna coincidencia.

No obstante, preferimos no
entenderla, mirar con humildad
sus perversas ocurrencias.-

Jorge Fernández Granados (México DF, 1965) 
Poeta y narrador mexicano. Ha publicado, entre otros, los
libros de poesía: "La Música de las esferas" (1990), "El Arcángel ebrio" (1992), "Resurrección" (1995), "El Cristal" (2000), "Los hábitos de la ceniza" (2000). Ha obtenido numerosos reconocimientos, entre los que se destacan, el Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines (1995) y el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes (2000). Fue becario del Centro Mexicano de Escritores y del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes de México.

LOS PECES

Fuimos bajando hasta el fondo
por las calles del puerto. La noche
remaba en el abismo de los ojos. No recuerdo qué tanto
la brisa nos cubrió de sal y estrellas.
es conveniente dormir a menos que amanezca, dijo,
pera éramos legión para esas horas ya rancias de cantinas.
El ron juntó a los peces
y a todas las criaturas que no duermen
esa noche de pescadores y viajantes, de grasa y aguacero.

Emigramos a La Luna,
que era una carpa improvisada en los
dudosos territorios del suburbio.
Sudores y cervezas, baile, sedimento
de géneros grotescos de alegría,
se fueron combinando con torpeza
hasta temblar en una sombra, un amasijo
de danza, alcohol y extrañas vidas.

Los círculos que lees con tu mirada
nó están en realidad aquí,
pero a ti te fue dado contemplarlos,
-dijo sonriendo y se perdió bajo los cuerpos
en la anchurosa fiesta de esa carne.
El ritmo gobernaba la sordidez o la gracia
y en medio de su lago nos fundimos.

Más tarde, ya cansados
los pocos rezagados en La Luna,
sin sueño y con nostalgia de horizonte
fuimos a buscar el mar:
la sonata del agua, el apetito de su hechizo,
en esa vigilia donde el límite
del cielo y del océano es todavía tiniebla.

Algo nos lleva ante la orilla
a ver cómo la luz se recomienza.
Sentados en el muelle
esperamos el día:
poco a poco fue llegando su violeta,
la noticia azul de su marea,
y en el silencio de esa gloria amanecimos.-


   Jorge Fernández Granados


Imágenes: pinturas del artista francés Edouard Manet (1832-1883). De gran influencia en los principios del impresionismo. Obras: "Muchacha Bellevue", "The garden of Bellevue" y "Retrato de joven" .

quiquedelucio@gmail.com
twitter@quiquedelucio

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