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miércoles, 28 de marzo de 2012

Hace 70 años, se iba Miguel Hernández

                 "Tengo estos huesos hechos a las penas
                  y a las cavilaciones estas sienes:
                  pena que vas, cavilación que vienes
                  como el mar de la playa a las arenas"



El 28 de marzo de 1942 (hace 70 años), moría Miguel Hernández en la enfermería de la prisión de Alicante, donde el franquismo lo había encarcelado y condenado a muerte por su participación activa en el bando republicano. A los 31 años se iba uno de los más grandes poetas de lengua hispana del siglo XX. Hijo de campesinos, desempeñó entre otros oficios, el de pastor de cabras. El poeta pastor, a su memoria.





CANCIÓN DEL ESPOSO SOLDADO         Poesía de Miguel Hernández

He poblado tu vientre de amor y sementera,
he prolongado el eco de sangre a que respondo
y espero sobre el surco como el arado espera:
he llegado hasta el fondo.

Morena de altas torres, alta luz y ojos altos,
esposa de mi piel, gran trago de mi vida,
tus pechos locos crecen hasta mí dando saltos
de cierva concebida.

Ya me parece que eres un cristal delicado,
temo que te me rompas al más leve tropiezo,
y a reforzar tus venas con mi piel de soldado
fuera como el cerezo.

Espejo de mi carne, sustento de mis alas,
te doy vida en la muerte que me dan y no tomo.
Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas,
ansiado por el plomo.

Sobre los ataúdes feroces en acecho,
sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa
te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho
hasta en el polvo, esposa.

Cuando junto a los campos de combate te piensa
mi frente que no enfría ni aplaca tu figura,
te acercas hacia mí como una boca inmensa
de hambrienta dentadura.

Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera:
aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo,
y defiendo tu vientre de pobre que me espera,
y defiendo tu hijo.

Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado,
envuelto en un clamor de victoria y guitarras,
y dejaré a tu puerta mi vida de soldado
sin colmillos ni garras.

Es preciso matar para seguir viviendo.
Un día iré a la sombra de tu pelo lejano.
Y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo
cosida por tu mano.

Tus piernas implacables al parto van derechas,
y tu implacable boca de labios indomables,
y ante mi soledad de explosiones y brechas
recorres un camino de besos implacables.

Para el hijo será la paz que estoy forjando.
Y al fin en un océano de irremediables huesos,
tu corazón y el mío naufragarán, quedando
una mujer y un hombre gastados por los besos.-

(de "Viento del pueblo", 1936/37)






Afiche de Joan Miró relizado en apoyo al bando republicano durante la guerra civil española.


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