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domingo, 19 de junio de 2016

Madrugada

Sexto año de una antojadiza antología de la poesía de todos los tiempos, seleccionada por el escritor Quique de Lucio. Esta pretende ser una antología cuyo sentido radica en la actividad del lector, en su lectura que organiza los textos como un proyecto de su propia aventura y goce creadores. Difundiendo a más de 1.300 escritores, respetando el derecho de autor.    



Publicación N° 1.394-


                                                                                                        Samuel Lugo

Poeta y narrador de Puerto Rico, nacido en Lares en 1905 y fallecido en 1985. Poeta que se vinculó y fue una figura relevante del grupo de los atalayistas en sus inicios y da a conocer su poesía en distintos medios de su país y del extranjero. En 1934 publica "Donde caen las claridades" y posteriormente: "Yumbra" (1943), "Ronda de la llama verde" (1949),etc., reunió su extenso trabajo literario en "Antología poética" en 1971.


                                                                                   "La noche que avanza, de pronto
                                                                                     ahora tira una estrella en el río,
                                                                                     y el astro en el agua dibuja
                                                                                     una araña brillante que cuelga
                                                                                     de un leve y fantástico hilo"    
  






MADRUGADA

Amanece...
una bandada de pájaros
tira el carro del alba.
Camino del pueblo va la campesina.
Hacia allí le sigue el campo.
¡A yerbamora y menta le huelen
los pies descalzos.

El ánfora de su cuerpo que fue al arroyo,
regando fue la corriente
de blancos nardos.
Camino de la iglesia ella seguía:
y a grupas del céfiro le acompañaba la
madrugada
por prenderle alfileres al moño de rocicleres
mientras
pasajeros de mieles
se hacian las frutas
que se daban al pájaro
por viajar en los trenes de sus canciones

¡las hojas del camino le iban
abanicando!.-


CONCESIÓN GALANTE

Que no la hiera nada.
Ni tú, nocturno de mayo,
con el crepón de tu sombra
Espera a enguantarte de luna
para no manchar su piel de rosa.
Entra la ventana de tus astros por su ventana
y úngela de constelaciones.
Para besarla espera
calzarte tu sandalia de silencio.
No la despiertes.
Sacrifícale una estrella
que bañe luminosa el rumbo de su sueño
Y antes que despierte
y al sol la vendas,
ahórcate en la aurora.-





LAS SOLEDADES


Las soledades tienen el olor a madera
de las casas antiguas, el soplo de los vientos
por los muros en ruinas, ráfagas de humedades
y el sabor de la herrumbre en la puerta sin dueños.

Son frías, con el frío de las casas sin gente,
y oscuras como el fondo de las ventanas rotas,
tienen la indiferencia muda de los rincones
que comen telarañas bajo las muertas sombras.

Las soledades tienen el habla de los siglos;
por entre las ruindades yo he escuchado sus voces,
soplan en las rendijas, dan vuelta a los cerrojos
y llaman en los cuartos bajo la medianoche.

Se entierran en los ojos y nos persiguen siempre
prendidas a la nube del polvo del pasado;
a veces son paraguas sin dueño tras las puertas,
y sombreros de nadie colgando de los clavos.

Se tramutan y salen a pasear el crepúsculo
en carne de murciélago de aterradoras alas;
las soledades tienen pasión por transformarse
los cuerpos voladores en fuga de paraguas.

Buscadle más al fondo de las pupilas graves
y escucharéis el mundo de su pasado muerto;
la boca de los siglos detrás de los rincones
comiendo telarañas...indiferentes al tiempo.-


ALBA

Amanece...
Hay temblor de duchas en las hojas
y una de frascos rotos de esencia en el ambiente.
Las sombras se desperezan en los confines,
que se desnudan húmedos,
mientras lejos un ruiseñor
hace gárgaras de trinos
en la ventana 
del alba.-


MIREYA

Mireya, tú estás en la tarde
y en el manso paisaje que mira
su tristeza en el agua.

Tú, en las buenas hijas de los labradores
que tienen las carnes honrradas
porque no han querido 
dejar las montañas.

Tú, en las hojas nuevas y en el canto lila
que vierte el labriego,
a esa hora que tiene latarde
no sé qué tristeza tan dulce a lo lejos.

Tú, en el barro del cántaro fresco
de las campesinas
que van a los cerros
a buscar el agua que alumbra el asomo
del primer lucero.

Tú en la uella leve
de los pies descalzos de las montañesas
que van por los blandos caminos de carro.

Tú, el presentimiento
que a veces sentimos
de vernos con alguien bajo de los árboles.

¡Quien sabe, Mireya,
si ayer nos cruzamos en la misma senda,
cuando al blanco chorro los cántaros iban
con las campesinas,
y tenía el camino las huellas recientes
de unos pies descalzos, canciones lejanas,
muchos ramos rotos
y frondas dispersas!.-



                                                                                                          Samuel Lugo



Imágenes: Pinturas de la artista mexicana Ana María Medina.



 quiquedelucio@gmail.com

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