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jueves, 30 de julio de 2015

Mariana


Quinto año de una antojadiza antología de la poesía de todos los tiempos, seleccionada por el escritor Quique de Lucio. Esta pretende ser una antología cuyo sentido radica en la actividad del lector, en su lectura que organiza los textos como un proyecto de su propia aventura y goce creadores. Difundiendo a los hacedores, respetando el derecho de autor.

Publicación N° 1.102

                                                                               Aarón Hernán Flores Suárez 

Poeta y escritor mexicano nacido en México D.F. en 1993. Ha participado en diversos talleres literarios, círculos de poesía y slams poéticos. Participó en distintos festivales en su paísy en Chile y Perú. Ha publicado en revistas como "La Rabia del Axotlotl", "Repentino Magazine", "Suda la lengua", entre otros. Su cine-poema titulado  "Yo no quiero ser un amor" apareció por Malaframe en 2013, bajo la dirección  de Haslum Cruz. Escribió también la sección especial Panamartes para la revista Art House desde la ciudad de Panamá. Participó en numerosas antologías.


                                                                       "Yo también quisiera inventar noches cósmicas
                                                                        y nubes, nubes y más nubes.
                                                                        Yo también quisiera
                                                                        corregiendo el espacio, escribiendo poesía" 






POEMAS PARA MARIANA

I

No sé, Mariana, si es que tu nombre me asusta
o siempre que lo escuché tuvo que ser a gritos,
a erupciones.
Pero de mi lengua se detona tu nombre violento y ronco,
de mi boca que es revólver.
No sé si es tu nombre, Mariana,
o es la rabia o es la llaga o es el llanto.
No sé si es la crosta la que punza,
o la cicatriz por donde voy echando clavos.

¿Qué sé yo de la vida?,
¿qué voy a saber yo del roce de la carne?,
¿qué sé yo, si soy tan solo un tembloroso candelabro,
prendido del último guindaste?

No sé yo si eres una avenida ancha y hermosa
con un par de semáforos en verde,
y yo soy las aceras y los brotes, los altos edificios
y los árboles que tienden su sombra al abrazarte.

No sé yo si son las campanas de tu risa las que doblan;
si encadenarme a su canto para callar éste
                  diario e incesante rechinar de goznes,

¿Qué voy a saber yo, querida,
si tan sólo soy una espalda hermosa que te carga
                  y tú eres mi saco repleto de flores?

 II

Ay, Mariana, eres hermosa como un triunfo.
Rompe el rosicler del día y tú ya estás de pie
                    como un monumento.

El arco bello que eres y sus cuatro esquinas
coronadas de nidos,
cantan la vida de la vida, la infancia de la mañana,
y abrevan de música los semáforos, arropándolos del frío.

Tu caricia es sinónimo de dar a beber agua a las matas;
puebla las catedrales en mi pecho de vírgenes y de júbilo.
Tu mano abre paso entre las masas y la geografía,
modificando las montañas, modificando los mitos.
Y aunque yo tome tus manos o
acaricie las constelaciones de lunares que crecen
en tu espalda lisa y en tu pecho tibio,
a veces sólo visto de sutilezas mi cobardía,
y voy a arrinconarme en el pliegue
más secreto de tus sábanas,
convirtiendo tu cama amplia, tu Olimpo fecundo
en un laberinto.

Ahí en el paraíso a tu lado donde se me acalambran las
piernas y se me anudan los dedos
con los gemidos como un ovillo,
extraños efluvios llevan materia de mi sueño a tu sueño:
equilibristas locos, cometas, delirios;
mis imaginaciones más floridas y tiernas,
                             como las de un niño.

Y es por esto que propongo que a partir de ahora lleven
                             tu nombre todas las estrellas y los astros.
Que se desconozca por completo la astronomía contemporánea
y se tracen desde cero nuevos mapas naúticos.
Que sea homenaje a los planetas y las constelaciones
tu nombre dulce, repetido una y otra vez,
hasta el infinito como un hemistiquio.

III

"Vení, vení", me dices,
entonces yo voy a tu encuentro encandilado y orondo.
Mis ojos cortesanos de tus lindes,
arrean y pacen las bestias de mi pecho en tu pecho.
El infante mestizo de mis miedos voltea
de su rincón polvoroso,
para encontrarse con tus diez dedos amigos saludando
mi sexo.

Mirando al cielo me digo, querida,
que es celeste este amor que te profeso.

Que llenen de elixir las copas y los cálices
y repletas de hinchada las gradas en los estadios.
Que se arracimen las palabras en la boca,
y balbuceando muletillas,
me voy a pasear por tu sonrisa con
mi amor tartamudo, rengueando.

Que como un ala plegada me recojo al reposo
de tu abrigo,
refugiándome de la jornada airosa y fría,
descansando los pies desnudos
de mis torpes tropiezos de cojo.

Que descojo mi pena y mi abultamiento me mata,
en la ojiva de tus brazos abiertos;
que soy un saco de papas caído,
que rueda hasta el pie de tu cadalso.

Que mi cariño vagarozo como un fantasma,
sigue el canto hechizado de tu beso,
en un baile pisando las hojas acumuladas y secas,
que acolchan las aceras
                          de Plaza Almagro.

Mientras tanto voy pulimentando el terreno
deforme en mi escritorio.

Apilando columnas de libros viejos,
voy creciendo una ciudad de castillos enormes,
donde a través de sus ventanas imaginarias te miro
                         -alegre y plácido yazgo-,
en el pedestal blanco que resiste todos los arietes
y sus asedios,
en esa torre hermosa de los papeles
                              emborronados de mi (in)genio,
entronado en mi poltrona de llamas,
desde donde siempre
te canto
                               te bramo
te cielo.
Ah, cuando la luna recuerda que espero tus manos
o el sol entibia piadoso tu ausencia,
no queda más remedio que develarme en verso
                              y pernoctar en cursiva.-



                                                                                    Aarón Hernán Flores Suárez







Imágenes: Pinturas de Albert Edelfelt  (Finlandia, 1854 - 1905)



quiquedelucio@gmail.com

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