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lunes, 13 de julio de 2015

Cuando éramos capitanes

Quinto año de una antojadiza antología de la poesía de todos los tiempos, seleccionada por el escritor Quique de Lucio. Esta pretende ser una antología cuyo sentido radica en la actividad del lector, en su lectura que organiza los textos como un proyecto de su propia aventura y goce creadores. Difundiendo a los hacedores, respetando el derecho de autor.




                                                                                            Eduard Sanahuja

Poeta y traductor español, nacido en Barcelona en 1953. Licenciado en Filología Hispánica y en Filología Catalana, es profesor titular del Departamento de Didáctica de la Lengua y la Literatura de la Universidad de Barcelona. Ha publicado los libros de poemas: "El gos del Galiot" (1981), "Mirador" (1983), "Doble joc" (1988, Premio Literario López Picó, " En defensa propia" (1994), "Compás de espera" (2006), etc. Es fundador del Aula de Poesía de Barcelona, desde donde ha organzado múltiples actividades literarias.


                                                                                                 "Si vida y color son la misma cosa,
                                                                                                   sea al menos la muerte
                                                                                                   en blanco y negro"






CUANDO ÉRAMOS CAPITANES

Cuando éramos capitanes
era bello el desorden;
y el orden, la rutina,
las manchas oscuras en la frente de un moribundo.
Cuando éramos capitanes
todo era eterno y breve.
En todo estaba el rojo aún por estrenar.
Y yo todavía amaba
con un amor tan nuevo que hacía heridas,
igual que los zapatos blancos de los domingos.


RECIÉN NACIDO

Después de haber nacido,
la soledad helada de la cuna,
el hambre en la piel de la espalda,
todo el trajín del mundo
sobre el vientre.
La luz primera
es como atravesar todo un desierto;
la última luz,
la escuela en que he aprendido a no reír.-


TEORÍA CON EL BESO

Todo eso que ahora ves,
la rana de las Seychelles,
el lémur que se asusta cuando se mueve el aire,
los lirios entre cardos,
las mangostas esbeltas,
la rosa del desierto crujiendo en las arenas,
toda esta belleza
no la creó el amor.
El amor llegó tarde al universo.
Es invento reciente de mujeres y hombres,
una sustancia extraña que en vano proyectamos.
Los universos no saben besar,
igual que las espadas,
y por eso la vida
es la hermana tonta de la muerte.
El amor nunca será levadura de los astros
ni saciará la sed de las praderas.
No obstante, los humanos se besan
y algunos son virtuosos
del beso gota a gota.
Yo sé bien qué es el beso,
el último estadio evolutivo del bocado,
un intento de negar
la crueldad voraz de las mandíbulas,
un intento de olvidar
que las bocas también mueren.
Mírame.
Te ruego que me beses.
El beso no nos salvará,

pero nos identifica.-


CAPITULACIÓN

Ya no lucharé más.
Es fatigoso y totalmente inútil
defender
la integridad de un cuerpo que no reina.
Por mis calles circula la bandera
de tus dedos
y en la Plaza Mayor,
junto a la fuente
donde beben todos mis viajeros,
se ha instalado tu nombre
y los chiquillos hablan la lengua
que has impuesto,
mientras juegan a ser tus soldaditos.
Has llegado hasta aquí como lo hace la niebla,
envolviendo cada rincón del mapa
para robar la imagen, no la luz,
y armar con algodón un precipicio
sin violencia alguna ni fragores.

Te has sentado aquí, y ya no lucho.
Abdico
sobre el vientre del bosque que has plantado.
Mi último deseo
será que los tambores de los muertos
también hablen de ti.-


DE PUENTE EN PUENTE

Hay puentes antiguos, de nieve, puentes grúa,
levadizos, metálicos, aéreos,
puentes del Diablo, del pie, imaginarios,
puentes de todo tipo y todos los colores.

Confieso que los puentes me atraían.
Ahora, sin embargo,
eres tú el solo puente interesante
en un juego de puentes
que el tiempo ha vuelto cruel.
Me duele tu sonrisa indiferente
cuando veo que los dados me han clavado
en el pozo del hielo. A estas alturas,
tres turnos sin jugar pueden ser tan eternos
que ya no sé qué hacer:
si ser el ingeniero que por salvar su puente
dibuja con paciencia miles de catenarias;
o aprender la lección del terrorista
y entregar la esperanza a la explosión,
como un dinamitero, un suicida,
hombre-bomba que sabe a ciencia cierta
que el caos que vendrá
es más justo que el orden que existía.-


                               
                                                                                               Eduard Sanahuja






  Imágenes: Pinturas del artista francés Paul Gauguin         




    quiquedelucio@gmail.com     

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