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martes, 16 de junio de 2015

Un solo río


Quinto año de una antojadiza antología de la poesía de todos los tiempos, seleccionada por el escritor Quique de Lucio. Esta pretende ser una antología cuyo sentido radica en la actividad del lector, en su lectura que organiza los textos como un proyecto de su propia aventura y goce creadores. Difundiendo a los hacedores, respetando el derecho de autor.                                                                    



                                                                                      Sergei Goncharenko

Poeta, traductor y catedrático ruso, nacido en 1945 y fallecido en Moscú en 2006. Tras su doctorado, fue catedrático y vicerrector de Investigación de la Universidad Estatal Lingüística de Moscú. Fundó la Asociación de Hispanistas de Rusia. Presidió el Comité de traducción poética de la Federación Internacional (1983-2003). Tradujo a más de 150 autores de habla hispana de todas las épocas, siendo un gran difusor de la obra de Miguel Hernández y publicó setenta y cinco monografías y antologías de los mismos. También publicó trece libros de poesía propia en lengua rusa.


                                                                          "Succiona el abedul con su raíz
                                                                          el jugo de la piedra ennegrecida;
                                                                          las penas, cual corceles, se encabritan;
                                                                          las nubes, cual corceles, son su crin,
                                                                          y en copos, cual la nieve, el sol desciende"  





UN SOLO RÍO

Un solo río, dos desdichas,
y un solo puente, que cruzar
juntos los dos, no prometía
ni un camino, ni un final.
Casualidad, extraño encuentro,
desconocidos en un puente,
con frialdad, casi en silencio,
con un lenguaje intrascendente,
aquella noche, con miradas
que se rozaban, de la mano,
fueron donde alguien se alegrara
aunque se hallara tan lejano.
Eras cual vela inextinguible
que en el otoño, como un rayo
entre una lluvia imprevisible
cruzara el Sena ensangrentando.
Busco tu luz entre la niebla,
eres mi fuente y mi comienzo,
no has percibido mi presencia
pero me abrazas con tus dedos.
Y yo marché sin rumbo fijo,
sin sentir frío ni calor, y
supe que iba a un paraíso
que, por supuesto, no existió.-

************

Bajo la manta dulce duerme
desnudo tu inocente cuerpo.
No quiero yo, que por moverme,
se desbarate este silencio.
¿Qué ves, qué sientes al vivir
tu sueño santo allá en el cielo?
¿Por qué te aprietas contra mí
sin derretirte por mi fuego?
Los celos me hacen suspirar
y es por tu alma. No lo dudo:
tu cuerpo no he de consagrar;
el alma ya será otro asunto.
Pero si al cabo para mí
no queda aire en tu alto vuelo,
sólo lo tienes que decir
y arrancaré el alma del cuerpo.-


**************

Tras el atisbo del primer esbozo
tras la feliz fecundación del verso,
la sutil mano que adivina todo
llega a palpar un invisible techo.
Y el pertinaz rumor de los insectos,
y el loco aullar de la locomotora
adquirirán valor de paradoja
y la atraerán seguramente al verso.
De par en par se abre ante ti la esencia.
Llega hasta el fondo, aunque sea banal,
pues el maestro tiene una certeza:
él siempre cree que el verso llegará.-


***************

Era un río y dos melancolías,
un puente había cuya travesía
no estaba señalada para ambos,
por el destino ni por el camino.
Llevó el incierto azar a dos
desconocidos hasta el puente,
la palabra sobró en aquel momento,
era más pobre que el silencio,
en aquella noche bastaba la mirada
que los envolvía y de la mano
se encaminaron a un lugar
habitado por cierta voz lejana.
Hijos de la lluvia, entre el cristal otoñal,
de resplandor salpicabas el río Sena,
como si la luz fuera sangre de un raudal.
Eres el manantial de mis comienzos
y al agotar mi aliento con tu luz
fui todo y nadie entre tus dedos.
Como extraviado me fui por el camino,
yo lo sabía, tú eras el inicio del paraíso
que apenas existía en la imaginación.-


*****************

Eso es todo. Lo dividí.
No hay temor ni dolor.
No es una gota de sangre, es un rubí,
que en el cadalso se ve como un cristal.
Era noble el color
del cristal que quedó,
era un nudo ciego
y ahora ha sido deshecho.
Tristes se estremecen los muñones
cual tentáculos de pulpo
y las cicatrices que quedaron,
como si anhelaran en tumulto
aquello de donde fueron cercenadas
por el hacha, de un tajo.
¿Acaso han regresado del país
los condenados al cadalso?
Tal vez el zar de Frigia
reanime el teatro,
¿para que todo sea como antes?...
Nadie hallaría nunca tal mago
que logre los miembros tronchados
en una unidad reunir.
El nudo ha sido cortado y la sangre
del color del rubí era soberbia,
pues en el corazón del nudo
estaba zar, tu vena aorta.-


*****************

No sé por qué
a espaldas mías
acechan tantos ojos.
Es una cosa extraña,
como si la promesa
que di, rota hubiera
sido por mí
y al desdichado
su moneda
le hubiere negado...
Habré entonces
de examinar mi vida.
En este acecho
resulta extraño
que una mirada
no traiga mal de ojo,
si me sigue desde atrás,
¿Será que la fatalidad
me reserva todo
lo que el destino ha calculado?.-


                                                                                      Sergei Goncharenko





Imágenes: Pinturas del artista inglés Frank Bramley  (1857 - 1915)



quiquedelucio@gmail.com

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