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viernes, 19 de junio de 2015

Muerte de Apolo

Quinto año de una antojadiza antología de la poesía de todos los tiempos, seleccionada por el escritor Quique de Lucio. Esta prtende ser una antología cuyo sentido radica en la actividad del lector, en su lectura que organiza los textos como un proyecto de su propia aventura y goce creadores. Difundiendo a los hacedores, respetando el derecho de autor.



                                                                                           Sara Jordán

Poeta chilena, nacida en Santiago en 1982.. Licenciada en Literatura por la Universidad Adolfo Ibañez, residió en Londres entre 1990 y 2001. Actualmente finaliza su Mágister en Literatura en la Universidad de Chile. En el año 2007 publicó su poemario "Media estación" y, el 2010, aparece en la recopilación "Poesía amorosa actual", de Ernesto González Barnert. En 2014 publica: "Entre escombros", antología de poesía política de Armando Uribe con notas, selección y prólogo de la poetisa.


                                                                  "mientras recorras el camino con tu silueta
                                                                   te apresuras y arrancas la última amarra
                                                                   de la embarcación, tú,
                                                                   que has salido ya camino al puerto"





LA MUERTE DE APOLO

No seguiré viviendo esta ficción
ni esta fricción entre cuerpos
que se repelen entre sí, desbordando tedio,
cayendo dentro de un frasco
como la harina de las sangrías del fardel
en el Lazarillo de Tormes. Es simple
el territorio que divide nuestras voces,
simple, la caricia cuan miel de panal
y nunca llega
la sonrisa, el aire de infancia
se desvanece en el rictus de la boca
y se golpea la botella de vino contra el parqué
y se la revientan con ira contra todo deseo
de ser la que soy

y no te encuentro en las figuras de la sala
y no hay cosa que mitigue esta fatiga
y no hay broma que te robe un sonreír.

El amor no es un ciego inmaculado,
sino un pobre tuerto torpe,
un misérrimo mendicante por un vacío
reiterado, un silencio roto en cuatro partes,
un lienzo famoso rasgado en tres
y sin la última parte no habrá Uno.

Permanece a solas en el silencio de la sala,
deja que el mosquito se canse de aletear
en tu tímpano,
que se pudran los frutos de los árboles,
que el tedio me fustigue,
que me odien tanto, que me abandonen,
pero no pidas explicaciones a quien no tiene dios.

Tú has muerto dentro de mí.-


INSTANTÁNEA DE UNA MALDICIÓN

Pasas por la orilla de mi corazón,
con tus parabienes, tus palabras, y mis desperdicios;
río caudaloso de desembocadura incierta,
irrumpiendo incansablemente al anochecer,
golpeando las orillas de mi corazón, tentándome,

pero tu dedo dorado es un veneno visible

y me he vuelto arena por desearte.-


LLAVES

Fuiste el único rostro en mi vida, el aliento
el sopor, el pudor, los paños blanquecinos,
una sábana al ser colgada al amanecer,
contra la muralla expuesto, haciéndome señas

y ahora yaces replegado en el clóset
de una habitación cuyas llaves perdí por la mañana.-


BAHÍA

En el oleaje y sus despojos
al roce del instante incierto,
las aguas agitadas por los peces
mojan nuestros pies en la orilla.

Cada instante, ese tiempo perdido
convoca nuestras manos caídas, inermes
con cada vacilación. Es vasto
el universo que aguarda en la profundidad oceánica,
el deambular impreciso de algas al roce
fundido con tu pureza implacable
de pies limpios en la rompiente que nos desafía.

Zambullirnos en el mar, olvidar el momento,
prevalecer allí, donde todo desemboca...
Es un quizá, un querer, un recorrido
incierto, arrastrando a nadadores
con la promesa de renovar el aire y roer
el buque encallado que no ha llegado
a su destino.-


EL ALMA EN LA ESPALDA

He escuchado versos funestos, funerales,
y elegías llorando la muerte
o a un amor no correspondido
mientras tu manome busca insegura.

Decir adiós no es tan difícil
cuando aún no hemos probado un bocado de los frutos
del árbol centenario que nos vio descansar
mientras las vides se abrían paso junto a la hiedra,
palpando su corteza como a un lugar propicio.

No es tan difícil salir del parque
olvidar el desconsuelo del Galope Muerto nerudiano,
pero sí lo es dejar de recordar la fatídica voz de T.S. Eliot
cuando me pregunto "Should I dare disturb the universe?"
ahora, cuando el camino se bifurca
para adentrarme en un laberinto solitario.

Lo cierto es que los poetas nunca supimos ser razonables
sino tan sólo frágiles muros
en cuyos cimientos terremotean las memorias,
invitándonos a la deseperación.

La sensibilidad es un bien preciado
o un presidio si la fortaleza se derrumba.
Por eso mismo me he echado el alma a la espalda,
cargando esta maleta llena de libros amargos,
por tener el maldito oficio melancólico de recordarte.-


                           
                                                                                                 Sara Jordán



Imágenes: Pinturas del artista argentino Emilio Pettoruti  (1892 - 1971)



quiquedelucio@gmail.com

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