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jueves, 31 de octubre de 2013

El olvido es agua

                                                                  Ricardo Molinari

                                                   (Buenos Aires, Argentina, 1898-1996)
                                                        Premio Nacional de Poesía 1955


                                                             "Cante mi mundo de amor,
                                                             tan dulcemente que el viento
                                                             frío sienta su dolor
                                                             de nieve dura en mi aliento"



SI EL OLVIDO ES AGUA  poesía de Ricardo Molinari

Si el olvido es agua y el recuerdo fuego,
¡ay! qué corazón de nieve tan triste tengo.
Si yo te viera con tu perfil perdido entre dos losas,
envueltos los pies desnudos en tus sábanas frías
y la azucena del pecho, lastimada, sin defensa,
mi mano quedaría sobre los techos
golpeándose por
       el filo de las tejas
hasta hacerse sangre y formar un río amargo
que bajara hasta el centro de la calle,
en busca de la basura.
¡Amor! ¡Amor! Qué es amor, sino quedarse más
        solo con el corazón,
con el pensamiento estropeado, el cabello lleno de
nubes
y hojas de Otoño. Sí, pero yo soy diferente:
tengo un cielo ardiente en los ojos
y una muerte que me muerde los dedos
y me encarna las lágrimas.

Qué inútiles quedan los dientes después de nunca;
después de cerrar una ventana y romper los vidrios
para que se quede temblando el recuerdo
y no huya por encima de las cajas de sombreros,
hacia el mar.

Tu cabellera hundida, tu boca sorda, tu pecho
enrojecido
de guardar tanta pluma de azucena prisionera.
¡Todo el amor del galápago!

¡Ay! qué viento frío te da vueltas el mundo de los
caballos
y de las adelfas.
Mis brazos están dormidos, quebrados en un ataúd
de piedra profunda. Amor. Amor, viento mío.
Pero tu luna, qué grito tan alto sobre los álamos;
qué hemisferio de hielo liquido te envuelve los bosques,
tu voz perdida, tu sombra que huye con un clavel,
y el clavel con su esqueleto de ámbar, perfumado de nieve.

¡Cielo! ¡Cielo! Mi cielo muerto, con su isla de cieno
         en la garganta.-


QUISIERA LLEGAR POR SU BOCA...

Quisiera llegar por su boca,
como por un pueblo desierto,
al centro de su cuerpo;
quisiera despojarme del horizonte, de un escorpión
     azul alejado del día;
quisiera volver a ser otra mañana
junto a un caballo con cola de pescado.
Pero no; cuando se me queda el corazón
por la piel distraido,
igual que una tierra sorda, inmensa,
me siento desamparado
porque nunca le ha de llegar la muerte,
porque su pelo ya no se humedecerá dentro de mis ojos.

A veces quisiera apagar su río amarillo,
su vida pegada como una hoja en mi sed.
¡Nada! Quisiera dormir con una mano
sobre su
seno.-


SI TE VIERAN SUBIR DESNUDA, SOLA...

Si te vieran subir desnuda, sola,
sin turbación, queriendo llegar ciega
a la tierra, sujeta, con tu aureola
de jacinto, de llama que se niega.

Sí, si te vieran salir del mar, una
mañana, con los muslos abrazados
por serpientes -de frío hondo, de luna
que no quiere morir-, desesperados,

te hallarían cantando desasida,
con la memoria inútil, diferente;
en tu destierro solo, transparente.

Amor de amor, palabra dulce, huída
hacia otro sueño sin defensa. Río
ardiente, suspirado. Aire de envío.-



                                                                Ricardo Molinari




Imágenes: Pinturas de Béla Kádár   (Hungría, 1877-1955)


Publicación de Quique de Lucio para "Nos Queda
la Palabra"
quiquedelucio@gmail.com
twitter@quiquedelucio

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