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jueves, 4 de septiembre de 2014

Ella lo sabe

Cuarto año de una antojadiza antología de la poesía de todos los tiempos, seleccionada por el escritor Quique de Lucio. Esta pretende ser una antología cuyo sentido radica en la actividad del lector, en su lectura que organiza los textos como un proyecto de su propia aventura y goce creadores. Difundiendo a los hacedores, respetando el derecho de autor.



                                                           José Abreu Felippe

Poeta, narrador y dramaturgo cubano nacido en La Habana el 19 de marzo de 1947. Ha publicado los libros de poesía: "Orestes de noche" (1985), "Cantos y elegías" (1992), "El tiempo afuera", que obtuviera el Premio Intenacional de Poesía Gastón Baquero  2000, "De vuelta" (2012), etc. Además tiene dos volúmenes de relatos editados en Miami, lugar donde actualmente reside y la novela "Siempre la lluvia" (1993) , que fue finalista en el Concurso Letras de Oro 1993.


                                             "El vecino descubrió, al fin,
                                             dónde se escondían esas ranas
                                             que cada noche, trabajosamente,
                                             subían a mi escalera, a disputarle la comida a mis gatos.
                                             A estacazos, triunfal, las mató a todas"




ELLA LO SABE

Ella va calando,
va abriendo su surco, lo humedece
como ritmo de olas o de ráfaga.
Ella se hincha y el sudor
araña las paredes.
Se desliza, respira sobre la nuca
erizándola,
luego retrocede.
Piel que descorre terrores tibios
como lengua,
como fuego a veces.
Así se rinde, es cuerpo,
pero ella se adentra,
gana espacio, se posesiona.
Las manos parecen semanas
u hojas crispadas al calor de la tarde.
Algo cruje, algo se expande como un niño.
Las otras ruedan, tropiezan, se contraen, huelen.
¿Qué diría ella
de unos labios abiertos en un grito
que no se escucha?
El dolor le provoca espasmos
con olor a tela almidonada.
El pecho se dilata,
está vivo, respira.
La hierba es oscura y trae presagios.
Ella lo sabe y se aproxima, toca fondo.
Llora profundo,
después se duerme,
late.-


MIEDO

El miedo viene a mi cama
y se acuclilla sobre mi almohada.
Veo sus agujeros
goteando sobre mi cara,
su colgajo blando sobre mi boca.
Es pez que agoniza,
que boquea.

Con entusiasmo
reproduzco la mueca con mis labios.-


EL CAMINO DE MITILENE

Al alcanzar tu cuerpo llego a tu tierra
y gozo el campo abierto.
En enero veremos aguinaldos,
todavía blancas enredaderas de aguinaldos y dulce
la miel entre tus labios,
tu cuerpo ondas y hay abrigo.
Recojo ramas y hago un fuego familiar
sobre tu pecho.
No tendremos invitados, solo
nosotros dos y vemos
los objetos queridos adormilados sobre la hierba.
Como es de noche conversamos haciéndonos caricias
y añoramos el verano.
La piel de tu espalda es tan blanca como la hierba,
aún húmeda, levanta ronchas, enormes claros
sobre los que hago cruces con las uñas.
Paso suavemente mi mano por tu vientre,
recuesto mi cabeza, y siento como es que,
entre mis manos, late el río.
En junio cumpliremos 6 años, me dices,
y yo te beso, apresuradamente,
para no hablar del tiempo.
Yo contemplo la fragilidad de mi palabra,
el desvanecimiento del sonido
en mis labios, cómo revientan,
como el tren de niño que nunca tuve y giran.
Desenredo y enredo el cabello que aparece
en una línea con el olor que tanto me gusta.
Como en un juego, como en el curso de los días,
y veo que ya no me lamento ni me apeno.
Ha pasado el tiempo y casi en tu oreja veo duendes y
casi avergonzado de que me oigas y para compensar
te digo que me falta el aire, que me estoy poniendo viejo,
después rozo la boca y tú tiemblas.
Así que por allá se llega a la nostalgia.
Debajo del cuello, junto al almendro, entre las hojas,
está  abuela con una mano apoyada en el muro
y la otra
haciendo visera sobre su único ojo,
creo que observándonos.
Tú no me atiendes y a cada paso
hay algo que distrae tu atención, como en los niños.
Por cualquier camino se llega a la nostalgia,
me asegura mi abuela,
pero yo finjo no escuchar y con la lengua
sigo el camino cada vez más estrecho de tu cuerpo,
y allí nos desnudamos.
Nademos contra la corriente, te digo, y nos lanzamos.
Yo voy detrás y me salpican enormes flores de aguinaldo.
Braceo y Dionisios escancia para nosotros la miel
del aguinaldo, la hierba se adentra en las orillas
y tomamos el sol sobre las piedras rodeadas de lomas azules.
Es por la tarde, vemos las sombras de las hojas sobre
nuestros cuerpos, y empezamos un canto
que sólo a nosotros nos exalta, un canto personal,
y viene la lluvia a nuestros cuerpos.
Somos muy jóvenes y nada sabemos de la muerte.
Yo me cobijo, y seguimos la marcha mas nunca
arribaremos.
En cuclillas miramos a lo lejos, tengo frío, me dices,
y las nubes van haciendo figuras en la tarde.
Tu rostro resplandece de sol y de amarillo y decidimos
ir arrojando por la borda todo lo eterno,
y desnudos, con la oscura esperanza de seguir,
perdernos en la noche.-


                                                            José Abreu Felippe




Imágenes: Pinturas de John Everett Millais  (Inglaterra,  1829 - 1896)



 quiquedelucio@gmail.com

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