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jueves, 18 de septiembre de 2014

Confidencias

Cuarto año de una antojadiza antología de la poesía de todos los tiempos, seleccionada por el escritor Quique de Lucio. Esta pretende ser una antología cuyo sentido radica en la actividad del lector, en su lectura que organiza los textos como un proyecto de su propia aventura y goce creadores.Difundiendo a los hacedores, respetando el derecho de autor.



                                                                 Marilina Rébora

Poeta argentina nacida en Buenos Aires el 7 de enero de 1919 y fallecida el 19 de septiembre de 1999.
                                          Homenaje a quince años de su muerte.

                                 
                                       "Un amor que es amor no termina en la muerte,
                                        pues no tiene principio ni término ni meta;
                                        sometido al don mágico que todo lo convierte,
                                        y todo lo transforma, y todo lo interpreta"       







CONFIDENCIAS DE AMOR

I

La mecedora de la abuela
acunó mis horas de infancia
horas de arrorró y "La pájara pinta",
después a su compás el corazón joven leyó
los poetas.
Y al andar del tiempo, con llanto y canciones,
me sorprendió en sus brazos, del amor, la dolencia.

II

Estás lejos, amor, te cubre el follaje;
la maleza de la distancia impide que te vea
y no puedo oirte -sólo ruidos de pájaros
al despertar la aurora escucho-,
pero, más allá, tu voz amorosa suena
y me penetra para que sueñe contigo.

III

Esta es mi reja, amor, y éstas son mis cadenas,
hechas con las horas, los dás y los años-
Mi existencia cruel por la que te he querido,
ungida al deber, en el tiempo sin límites.
Esta es mi reja, obligación de ser lo que soy soy,
aunque haya hojas más verdes temblando de rocío.
Aquí te espero siempre hasta un día
que nunca llegará,
ese día de silencio que une a todos los que se aman;
y repito tu nombre aunque nadie me oiga,
imaginándome que me besas los párpados.

IV

Estoy sola en mi cuarto y bendigo el crepúsculo
cuyas sombras atenúan las cosas.
Apenas, lejos, una luz se enciende
y cubro con mis dedos los ojos fatigados.
¿Dónde estarás ahora, amor?
¡Cuánto, tú solo, me sostendrías consolándome!
(cruel me sacude el timbre del teléfono)

V

¡Corazón! No sabes cómo ha cambiado todo
desde aquellos días de los antiguos tiempos.
El cuarto perdió su tinte
al rayar de la aurora, aquel de cuando iba a verte.
Y ahora, al leer, mi mente se extravía
¡A quién contarle nada?
En vano aspiro la fragancia del aire:
Mi piel no huele a alhucema,
ese aroma que al irte me quedaba en las manos.

VI

Me he habituado a no verte pero no me resigno;
evoco tu figura, una sombra,
y al cerrar los ojos te oigo llamándome,
y me aprietas las manos que  te tiendo
y las pones sobre las sienes para que sienta
así tus latidos:
Mientras, me sumerjo en tu mirada
y mi alma se queda en ti.

VII

Para estar tranquila he de sentir vivir;
a pesar de todo, quiero saber que vives,
ajeno a mis dolores y a mi desconsuelo.
Y aunque lejos, distante, respirando otro clima,
mi espíritu adivinará trémulo
el hálito de tu alma en el espacio.
Y pensaré. ¡Él existe!

VIII

Cada día despierto: "¡Hoy vendrá!", dice el alma,
mas la noche me encuentra
en soledad perenne.

IX

Ya sé que no me quieres, mas no me apesadumbra
el amor no es perdido, lo absorben otras almas.
Aunque a distancia, corazones amantes
recibirán la herencia, tal vez de mi cariño.
Tú mismo, sin saberlo, el día que declares
los hechos que marcaron jalones en tu vida,
en un postrer esfuerzo para que Dios te escuche,
dirás por vez primera: "¡Señor, ella me quiso!".

X

Aunque no me quisiste, te ofrezco mi ternura.
Todo suena distinto al correr de los años;
tal vez un día escuches en cálida nostalgia
el eco de una voz que te cantará siempre.
Allá en los altos árboles anunciaba la alondra,
la calidez del sol estirada en los campos,
el frescor de los frutos en cestas rebosantes,
los centelleantes trigos, espigas de oro.
No me quisiste, amor, no importa
cómo vibraba entera el alma enamorada,
ni que -alumbrando el camino del posible retorno-
Esperan cien lámparas en la cerrada noche.
Pero no me quisiste en horas de sazón;
hoy queda mi ternura declinando en el tiempo.-



                                                             Marilina Rébora





Imágenes: Pinturas de William Adolphe Bougureau   (Francia, 1825 - 1905)


quiquedelucio@gmail.com

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