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domingo, 24 de noviembre de 2013

Soledad

                                                                Gilberto Owen

Poeta, novelista y diplomátco mexicano nacido en El Rosario, Sinaloa, México en 1904 y fallecido en Filadelfia, EE.UU. en 1952. Realizó estudios en el Instituto Científico y Literario de Toluca y en la ciudad de México. En 1928 se radicó en Nueva York ocupando un alto cargo diplomático. Su obra, reconocida tardíamente, está representada por. "Paseo vencido" publicado en 1948, el cual consta de tres partes: "Madrigal por Medusa", "Simbad el varado" y "El libro de Ruth".


                                                      "Allá en mis años Poesía usaba
                                                      por cifra una equis,
                                                      y su conciencia se llamaba quince.
                                                     Así irás Poesía por las calles de México" 



SOLEDAD   poesía de Gilberto Owen

Soledad imposible conmigo tan aquí
y mi memoria tan despierta.

Y además la plegaria
por la estrella perdida, tan sin luz,
por Blanca de Nieves, dormida
nube con luna en su ataúd de cielo,
y por el campo, ese hospiciano prófugo
que equivocó la senda y se tiró,
ya cansado, a la orilla del camino,
desesperando de llegar al pueblo.

Y hay también las canciones perdidas
que no se sabe nunca quien cantó;
y esta correspondencia sin palabras
de ojos a estrella, de alma a luz de luna.


CANCIÓN

De la última estrella
a la primera
fue para oler las rosas.

Vuelta, al revés, del mundo,
abierta la memoria
de la primera estrella
a ti -mujer, idea-
¿hasta cuándo la última?


LA NOCHE, QUE ME ESPÍA POR EL OJO

La noche, que me espía por el ojo
de la cerradura del sueño,
gotea estrellas de ruidos inconexos.
¿Para qué este hilo de aire con ecos?
Ya ningún lápiz raya mi memoria
con el número de ningún teléfono.

Mi mensaje cae conmigo
sin mis miradas, cuerdas de un trapecio
suspendido, otros días,
de mi cabeza sobre el cielo.

Y nadie inventa aún al inalámbrico
una aplicación para esto:
uno puede caer cien siglos
-sin una honda agua de sueño,
sin la red salvavidas de una antena-
al silencio.-


ADIÓS

Todo este día corrió
el tren por mi pensamiento.
Toda la noche su sirena
rayará mi desvelo.

Y no puedo imaginar
el vértice hipotético
en que se une la vía, tan lejano.
Nunca, nunca podré beber el sueño
en la confluencia amarga de su grito
y mi sollozo, siempre paralelos
y persiguiéndose,
toda la noche, en mi desvelo.-


EL TRANVÍA

A esta hora ese telegrama
amarillo
ya sólo trae malas noticias:
un hombre, yo, tan agobiado...

¡Cómo abre -qué lívida!-
sus ventanas, leyéndolo, mi casa!-


                                                     
                                                                      Gilberto Owen  

        


Imágenes: pinturas del artista André Derain  (Francia, 1880-1954)


Publicación de Quique de Lucio para "Nos Queda
la Palabra"
quiquedelucio@gmail.com
twitter@quiquedelucio

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