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viernes, 14 de diciembre de 2012

Tan sólo sonreíase

                                            Ricardo Peña, poeta y ensayista peruano nacido en 1896 y fallecido en Lima en 1949. Reconocido como uno de los iniciadores de la era modernista de la literatura peruana, contribuyó con su obra al enriquecimiento de la poesía y a la fundamentación de las nuevas inclinaciones culturales. De su obra se destacan: "Floración" (1924), "Eclipse de una tarde gongoriana y burla de Don Luis de Góngora" (1932), "Discursos de los amantes que vuelven" (1934), "Romancero de las sierras" (1938), "Cantico lineal" (1943), etc. Parte de su poética ha sido traducida al inglés,  francés y portugués.


                         "Albor de cielo y mar.
                         Mis sueños, qué delirio!
                         Velados por la niebla estelar
                         Oh, míos, míos"


TAN SÓLO SONREÍASE    poesía de Ricardo Peña

Tan sólo sonreíase
cuando yo la miraba.
No me miraba nunca,
sólo yo la miraba.

Andaba lentamente
por las nacientes albas.
No me besaba nunca.
Sólo yo la besaba.

Hundirse en los bancos
de las nocturnas aguas.
No me inculpaba nunca.
Sólo yo la inculpaba.-


TU ROSTRO, EL MÍO YA DESVANECIDOS

Tu rostro, el mío ya desvanecidos.
Tu rostro, en mí ya entremezclados.
Tu rostro en cada hora, rostro
en cada olvido.

La perdición del cielo.

Aquella voz tan leve
donde la pena su sonrisa abre,
y es aquí el dolor lo único cierto.

De la isla del fuego pasaba a la del cielo.
De la isla del fuego a la del cielo,
sólo había una lágrima.

A la montaña pálida.
A la luna de agua.-




                                MÁSCARA-NIÑA

                                Máscara-niña, que se anima cuando
                                la luz despierta la montaña.

                                No has muerto todavía.

                                Brillan tus ojos, tu cadáver arde.
                                Tu cabellera-espada que traspasa el aire.

                                No has muerto todavía.

                                Brillan tus ojos, tu cadáver arde.
                                Traspasan mi cerebro, fuego, grito, aire.-



BEBÍAMOS EL MAR

Bebíamos el mar
-licor ansiado
que el aire derramaba
por sus contornos claros
La tierra parecía un niño enamorado.

Se quemaba la luna en un bosque de olvido.

En un árbol
la naranja, ah, tan alta,
de una estrella nevada.-


ADÓNDE

Adónde, que las flores de tu cuerpo
el perfume que escancian y que recoge el alba?
Adónde tu sonrisa que va de labio en labio?

Como una luna muerta se abre tu mirada.
Y son tus manos, tímidas como dos golondrinas
que giran perdiéndose en el aire.-


                                                             Ricardo Peña


Imágenes: pinturas del artista peruano Ángel Chávez López  (1925-1988)


quiquedelucio@gmail.com
twitter@quiquedelucio

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