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lunes, 3 de diciembre de 2012

Románticos

                                     Un breve repaso por la obra de cinco poetas modernos latinoamericános que le escribieron al amor. De Guatemala: Otto Raúl González (1923), de Colombia: Darío Jaramillo (1947), de México: Eduardo Lancagne (1950), de El Salvador: Carlos Enrique Ungo (1963) y de Ecuador: Jorge Carrera Andrade (1937). Una poesía romántica que trama un tejido con una voz que América reclama como propia.


                                          "Huraño, atroz, inexorable, hirsuto,
                                          jamás viví como en aquella muerte,
                                          nunca te amé como en aquel minuto"



AMÉ SU CUERPO ENTONCES  poesía de Otto Raúl González (Guatemala)

Amé su cuerpo entonces y su alma.

Su piel fue para mí la tierra firme;
la soñé como un sexto continente
no registrado en mapas todavía.

Soñé con la bahía de su boca.

Su pelo era una selva virgen
que abría su misterio mineral y oscuro.
Soñé con las ciudades de sus pechos.

Los ríos de las venas que afloran en su piel
eran rutas abiertas
a la navegación y al gozo.

Se podía viajar en su mirada.

En las blancas llanuras de sus manos
yo cultivé el maiz y buenas relaciones.

Después no pude estar sino en su cercanía.-


ALGÚN DÍA   poesía de Darío Jaramillo (Colombia)

Algún día te escribiré un poema que no
mencione el aire ni la noche;
un poema que omita los nombres de las flores,
que no tenga jazmines o magnolias.

Algún día te escribiré un poema sin pájaros,
sin fuentes, un poema que eluda el mar
y que no mire a las estrellas.

Algún día te escribiré un poema que se limite
a pasar los dedos por tu piel
y que convierta en palabras tu mirada.
Sin comparaciones, sin metáforas;
algún día escribiré un poema que huela a tí,
un poema con el ritmo de tus pulsaciones,
con la intensidad estrujada de tu abrazo.
Algún día te escribiré un poema, el canto de mi dicha.-


ELLA   poesía de Eduardo Lancagne (México)

Ella está hecha a semejanza de las cosas
que amo.
Se parece a la noche,
o mejor: a una noche sin ausencias.
Ella es exacta.
Cuando la noche escurre, su cuerpo se humedece.
Me permite trepar por mis temblores
y agitar su nombre desde la oscuridad.
Ella es irrepetible.
Nació en las piedras donde empieza mi desorden.-


Y QUE VENGA LA NOCHE  poesía de Carlos Enrique Ungo  (El Salvador)

Regálame la risa de tus ojos,
la tenue luz de tu sonrisa,
y el milagro de tu nombre
en mi boca.

Regálame la humedad de tus besos,
el tibio manto de tu abrazo,
y el mar enbravecido de tu cuerpo
junto al mío.

Regálame el amanecer de tus pasiones,
el espejo frágil de tus lluvias,
y tu inocencia hecha mujer
con mis caricias.

Regálame tu amor
amor
y que venga la noche...




                                 MUJER DE ESTÍO   poesía de Jorge Carrera Andrade (Ecuador)

                                Tu cuerpo está hecho de frutas,
                                exprimes en la noche un olor a duraznos.

                                Tu beso va por mi garganta
                                hasta mi corazón, como el agua de un caño.

                                Tiembla toda mi piel con tu caricia
                                como el soplo de Dios las alfalfas del campo.

                                Eres una bandeja de frutas
                                puesta todos los días a orillas de mis labios.-



           Imágenes: pinturas del artista español contemporáneo José Miguel Román Francés.




quiquedelucio@gmail.com
twitter@quiquedelucio


2 comentarios:

  1. seguro que lo tiene por ahi, pero el poema del mexicano me trajo a la punta de los dedos ese que se llama gotan que escribió gelman y que recito con ademanes arriba del banquito y solo para la selecta audiencia de este blog.


    Esa mujer se parecía a la palabra nunca,
    desde la nuca le subía un encanto particular,
    una especie de olvido donde guardar los ojos,
    esa mujer se me instalaba en el costado izquierdo.

    Atención atención yo gritaba atención
    pero ella invadía como el amor, como la noche,
    las últimas señales que hice para el otoño
    se acostaron tranquilas bajo el oleaje de sus
    manos.

    Dentro de mí estallaron ruidos secos,
    caían a pedazos la furia, la tristeza,
    la señora llovía dulcemente
    sobre mis huesos parados en la soledad.

    Cuando se fue yo tiritaba como un condenado,
    con un cuchillo brusco me maté,
    voy a pasar toda la muerte tendido con su nombre,
    él moverá mi boca por la última vez.

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    1. Excelente Sra. Sirena, gracias por acercarnos al maestro Juan Gelman. "Voy a pasar toda la muerte tendido con su nombre", casi nada...
      Mis saludos
      Quique de Lucio-

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