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martes, 11 de octubre de 2011

Maneras de hablar

Todos sabemos de qué trata la lingüística y los distintos conceptos que en ella se estudian. Por ejemplo, la polisemia se presenta cuando una misma palabra o signo tiene varias acepciones, como "gato" que puede significar un animal, una herramienta para levantar autos o una danza folclórica y seguramente como la lengua es algo vivo, en constante transformación, se le puede dar otro significado, se las suele llamar así a señoritas de vida licenciosa. Por otra parte, también sabemos que morfema es la unidad mínima analizable que posee significado gramatical, por ejemplo "yo", "no", "le". Todo bien,¿ pero esos términos sirven para homenajear la belleza de una mujer?
¿Son maneras de hablar?

LINGÜISTAS

Tras la cerrada ovación que puso término a la sesión plenaria del Congreso Internacional de Lingüística y Afines, la hermosa taquígrafa recogió sus lápices y papeles y se dirigió hacia la salida abriéndose paso entre un centenar de lingüístas, filólogos, semiólogos, críticos estructuralistas y descontruccionistas, todos los cuales siguieron su garboso desplazamiento con una admiración rayana en la glosemática.
De pronto las diversas acuñaciones cerebrales adquirieron vigencia fónica:
¡Qué sintagma!
¡Qué polisemia!
¡Qué significante!
¡Qué diacronía!
¡Qué exemplar ceterorum!
¡Qué morfema!
La hermosa taquígrafa desfiló impertérrita y adusta entre aquella selva de fonemas.
Sólo se la vio sonrreir, halagada y tal vez vulnerable, cuando el joven ordenanza, antes de abrirle la puerta, murmuró casi en su oído: "Cosita linda".-

                                                                 Mario Benedetti

Acá tenemos otro ejemplo de la manera de hablar que suele tener la gente.

EN MATILDE

A veces la gente no entiende la forma en que habla Matilde, pero a mí me parece muy clara.
-La oficina viene a las nueve- me dice - y por eso a las ocho y media mi departamento se me sale y la escalera se me resbala rápido porque con los problemas de transporte no es fácil que la oficina llegue a tiempo. El ómnibus, por ejemplo, casi siempre el aire está vacío en la esquina, la calle pasa pronto porque yo la ayudo echándola atrás con los zapatos; por eso el tiempo no tiene que esperarme, siempre llego primero.
-Ah- digo yo, que soy tan elocuente.
-Por supuesto- dice Matilde-, los libros de contabilidad son lo peor, apenas me doy cuenta y ya salieron del cajón, la lapicera me salta a la mano y los números se apuran a ponérsele debajo, por más despacio que escriba siempre están ahí y la lapicera no se le escapa nunca. Le diré que todo esto me cansa bastante, de manera que siempre termino dejando que el ascensor me agarre (y le juro que no soy la única, muy al contrario), y me apuro a ir hacia la noche que a veces está muy lejos y no quiere venir.
Menos mal que en el café de la esquina hay siempre algún
sándwich que quiere metérseme en la mano, eso me da fuerzas para no pensar que después yo voy a ser el sándwich del ómnibus. Cuando el living de mi casa termina de empaquetarme y la ropa se va a las perchas y los cajones para dejarle el sitio a la bata de terciopelo que tanto me habrá estado esperando, la pobre, descubro que la cena le está diciendo algo a mi marido que se ha dejado atrapar por el sofá y las noticias que salen como bandadas de buitres del diario. En todo caso el arroz o la carne han tomado la delantera y no hay más que dejarlos entrar en las cacerolas, hasta que los platos deciden apoderarse de todo aunque poco les dura porque la comida termina siempre por subirse a nuestras bocas que entre tanto se han vaciado de las palabras atraídas por los oídos.
-Es toda una jornada- digo.
Matilde asiente; es tan buena que el asentimiento no tiene ningua dificultad en habitarla, de ser feliz mientras está en Matilde.-

                                                                  Julio Cortázar

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