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domingo, 16 de octubre de 2011

Hasta los 25 años, nada más.

El escritor colombiano Andrés Caicedo, no es muy conocido en Argentina. Sin embargo, este hombre nacido en Cali en 1951 dejó una marca profunda en la literatura de su país y la región, y después de morir, se lo ha revalorizado y estudiado en Europa y en los EE.UU.  En su obra ¡Qué viva la música! (1977) es donde Caicedo asegura que vivr más de 25 años es una vergüenza, lo que es visto por muchos como la razón principal de su suicidio a esa edad, ingiriendo intencionalmente una sobredosis de secobarbital.
Contrario a la escuela literaria del realismo mágico, la obra de este colombiano se inspira completamente en la realidad social. Amante del cine, escribió guiones y viajó a EE.UU para intentar interesar a la industria cinematográfica de sus proyectos, pero no tuvo éxito. Fundó junto con un grupo de amigos y luego dirigió el Cine-Club de Cali.
En su corta vida escribió numerosos cuentos, también guiones para teatro y los libros: "Noche sin fortuna" (1977), "La estatua del soldadito de plomo" (1967) y "La vida de José Vicente Diaz López" (1975) . Aquí uno de sus cuentos breves:

DESTINITO FATAL

A un hombrecito le gusta el cine y funda un cine club y lo primero que hace es programar un ciclo larguísimo de películas de vampiros, desde Murnau y Dreyer hasta Fisher y este film que vio hace poco de Dan Curtis. Al principio hay mucha acogida y todo el teatro se llena. Pero semana tras semana va bajando la audiencia. Como se sabe, el público cineclubista está compuesto en su mayoría por gente despistada que acude a ver acá "el cine de calidad" que no puede ver en los otros, cuando éstos sólo exhiben vaqueros y espías; imbéciles que abuchean una película de John Ford con John Wayne. Esa gente cómo va a tener onda con los vampiros, no falta por allí uno que insulte al hombrecito del cine club por estar exhibiendo cosas de éstas cuando los estudiantes luchan en las calles, gente que únicamente sueña de noche y que siempre duerme bien.
Bueno, el hombrecito de nuestra historia comenzó a perder grandes cantidades de dinero, porque ya al final no iban más de diez personas a sus películas de vampiros 9, 8, 7, 6, 5, los últimos cuatro empezaron a conversar, a contarse recuerdos, pasó el tiempo y uno de ellos se mudó a otra ciudad, otro misteriosamente amaneció muerto, uno se graduó de arquitecto y nunca más volvió.
El hecho es que el sábado 29 de septiembre de 1971, el hombrecito encontró, al ir a introducir el último film del ciclo, que no había más que un espectador en la sala, allá detrás, en un rincón, mitad luz y mitad sombra.
El hombrecito iba a empezar a hablar de la película que amaba tanto, pero el Conde se paró de su butaca y le sonrío, y el hombrecito tuvo que bajar los ojos.-


                                       Andrés Caicedo


quiquedelucio@gmail.com
Twitter@quiquedelucio

1 comentario:

  1. buen texto, mucho. Pobre pibe, el caicedo. Habia vida despues de los venticinco. Solo hay que juntar saliva y tragar. Y despues, como un leon. (la nilda)

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