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lunes, 7 de mayo de 2018

Sirena de la selva

Octavo año de una antojadiza antología de la poesía de todos los tiempos, seleccionada por el escritor Quique de Lucio. Esta pretende ser una antología cuyo sentido radica en la actividad del lector, en su lectura que organiza los textos como un proyecto de su propia aventura y goce creadores. Difundiendo a más de 3.000 escritores, respetando el derecho de autor.




Publicación N° 2.028-


                                             

                                                                                                                        Carmen Díaz Margarit

Poeta y traductora española. Doctora en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid, donde además ha sido profesora de español para extranjeros y colaboradora en el Departamento de Literatura Española. Ha traducido a Thomas Dylan, Pondal o Salvat Papasseit. Como poeta , ha publicado, entre otros, los libros: "Gacelas de la selva alucinada" (Colección Adonais, 1991), "Perfil de sirenas" (Primer Premio IX Certamen Internacional de Poesía Barcarola", 1994), "Orlando o el desconcierto de las alondras" (Finalista del Premio Gil de Biedma, 1998), "Donde el mar inventa su infinito" (2012), etc. Figura en diversas antología poéticas y ha colaborado como poeta y crítica en diversas revistas culturales.


                                                                                             "Porque los ángeles no están permitidos
                                                                                              el ángel nacerá con el pecho mutilado.
                                                                                              Conseguirá la alquimia del hombre
                                                                                              en una rosa negra y volverá sin alas"












SIRENA  DE LA SELVA

El agua inundó la selva alucinada
y crecieron escamas en las yeguas.

El paraíso anida hoy en nucas y barcas celestes.

Pregúntale ahora a los brazos de los pájaros dormidos
si el amor existe.
Hoy quiero declararte mi amor.

Murmullos de sirena sólo se escuchan cuando
tu cuello se abandona en mi hombro.

Sólo tu ausencia es triste como los lagartos.

Sólo quien te haya amado puede sentir
porque sólo tu pérdida es inmensa como el océano del dolor.

Pregúntale a la risa de los nardos si existe la alegría.
Dirán que la alegría sólo la conocieron en tu pecho
desvalido, dulce y tremendo.

Yo te amo,
y ese amor se engendró en mi garganta.
Tu amor es tempestad que estira de un barco
hacia la inmensidad,
pero también seguro, como el alivio del cielo.

Eres como un pirata perdido en una selva de agua
y tus párpados sólo son ternura.

Tu voz suave es melodía de espaldas amarillas
y de axilas que laten como rosas antiguas.

Encántame.
Cuéntame un cuento de lunares salvajes,
y de Sevilla y Málaga entre rejas.-



GACELA 

I

No conozco cueva alguna
que tenga más recovecos
ni más ciervos, ni más hadas
que la tuya, amor mío,
que la mía.-


II

Gacela de la vida

Una lámpara tenue en la penumbra
un minuto olvidado de los dioses
un sueldo miserable a las palomas
una yegua de lluvia enloquecida
una oreja de toro ensangrentada
un manojo de truenos tartamudos
y un puñado de deudas a la luna.-


III

Gacela entregada.

Tu risa es una desbandada de aves azules.

Tu cuerpo es la selva del universo,
y en tu vientre duerme un pájaro blanco.
Por tu espalda está bajando
una bandada tierna de palomas.

Eres todo de espuma
como los niños muertos a la orilla del mar.

Te pertenezco tanto
que en mi pecho tu ausencia es sólo herida.-


IV

Autosirena.

Mi alergia al espacio
y mi manicura siniestra
son la curiosidad de mi magia.
Me mantuve siempre libre
de la ternura azul de los leopardos.

Amé todas las entrañas marinas,
amé incluso seres fatuos
por si alguien tachaba de inmóviles mis pestañas.

Desde entonces,
un arpa de sombra a los senos en mayo.-


***

No te acerques. Tus ojos,
son tan duras las llagas de la víbora,
las escamas de los besos inertes.

El miedo de las fieras
siento
si te aproximas.

Por favor, no te acerques.
Es tan fría la sonrisa que resplandece.
Aquel dolor antiguo de cuando me perdía en tu talle,
el que ya casi no puedo atreverme a decir,
por la desolación,
después de una vida lejos del mar.

No te acerques. Tus ojos,
por favor, no te acerques.-




                                                                                                                        Carmen Díaz Margarit





Imágenes: Pinturas de María Magdalena Oosthuizen   (contemporánea)








quiquedelucio@gmail.com

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