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jueves, 10 de mayo de 2018

A tempo






Octavo año de una antojadiza antología de la poesía de todos los tiempos, seleccionada por el escritor Quique de Lucio. Esta pretende ser una antología cuyo sentido radica en la actividad del lector, en su lectura que organiza los textos como un proyecto de su propia aventura y goce creadores. Difundiendo a más 3.000 escritores, respetando el derecho de autor.




Publicación N° 2.032-



                                                                                                                                      Virginia Cantó

Poeta y narradora española, nacida en Murcia en 1985. Es Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Literatura Española. Ha publicado, entre otros, los poemarios: "Fe de erratas" (Biblioteca Nueva, 2010), "Poemas para zurdos" (Renacimiento, 2010), "Pasaporte renombrado" (Huerga y Fierro, 2013), etc. Su obra ha sido recogida en diversas antologías. Cabe destacar entre ellas:  "Cuentos alígeros" (2011) , Enésima hoja" (Cuadernos del Laberinto, 2012), "Spanish Contemporary Poetry" (Manchester University Press), etc.


                                                                                "En pan y mantel se sirve el plato tibio
                                                                                  de las reuniones familiares.
                                                                                  De ancestros y estirpes la pata de una mesa
                                                                                  redonda y angosta para albergar los silencios"










A TEMPO

Estoy aprendiendo a quererte sin premura
sin las grietas abiertas de la carne
con los primeros besos,
cuando dilatabas el mundo entre mis manos
con solo mirarlo,
con esa recreación física del verbo
con que me acariciabas.
Recuerdo cómo me sentaba en tus rodillas
y me quebraba la piel entre los muslos,
el deseo enmohecido
-la tierra reseca-
de sentirte amándome los poros
el vello frugal del brazo ya entregado.
Ahora estás como recién llovido
y aunque sigas suspirando casi besos
me reposan los músculos del alma
cuando hablamos,
cuando me observas de espaldas
y se derrumba mi pirámide de huesos,
la que rige el tobillo con mi nuca
y tu lengua con mis manos.
Ahora te quiero en la carne meditada
y te prefiero así,
con los músculos laxos de tu boca
y tu mirada tranquila y profunda
tragándome despacio
acariciando mi cuerpo con tu glotis
-y aún más adentro-
donde ya no hay carne.
La desmedida realidad de junio
atraviesa la ciudad por verte.
Y aunque nunca llueve
-es árido el clima de tu boca-
la tierra humedece cuando estoy contigo
y germinan lentas las frutas del verano.-


RESGUARDO DE UNA RECETA DE LA SEGURIDAD SOCIAL


Estaré curada de ti en unos días.
Te guardaré reposo,
bajo prescripción facultativa,
y en no más de dos vidas lo serás febrícula,
un poco centígrado del amor en los cuerpos,
un eco gradual del cuerpo amado.

No comprendo por qué escritos
cada hoja y tronco de los tilos
hablan de ti, Amor, te identifican,
te absorben los monemas por tus labios
queriendo saberte, acariciarte el vello
de tu semántica espalda,
los lexemas que suspiran como anhelos
si bostezan los morfemas por tu boca.

Qué fácil tornar lo simple dificultoso
y complicar opaco la luz tan clara en lo sencillo.

El Amor no es más que una medida,
los grados que marcan los termómetros
en bocas de mercurio,
un efecto secundario,
una inflamación de la garganta
con final ibuprofeno.

Yo me curo de ti mientras te escribo
en las gasas blancas de los folios
y me bebo el oxígeno del agua
que aún queda de tu boca entre mi cuello
y me ascienden los grados por recuerdos
pegados en memorias con esparadrapos
y siento escalofríos,
una ingrata pesadez por los párpados
de tanto no verte
la sombra de los delirios
de infames taquicardias.

Yo me curo de ti mientras los versos
me envuelven en tenues somnolencias
y me surges en los huesos dando gritos
llamándome por nombres que no me pertenecen,
y te afanas en mi carne,
en rasparme el músculo con tus alas mordidas
-quiero decir, tus uñas-
que se clavan en mi verso sofocado
tiritando en frío la fiebre del recuerdo.

El amor, como un catarro,
se cura cuando inyectan la vacuna del buen tiempo
ya no exuda un calor de hiperpirexia
            entre los labios.
Cuarenta grados de olvidos analgésicos.-



                                                                                                                                Virginia Cantó



Imágenes: Pinturas del artista francés Edgard Maxence






quiquedelucio@gmail.com 

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