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lunes, 31 de julio de 2017

Doce

Séptimo año de una antojadiza antología de la poesía de todos los tiempos, seleccionada por el escritor Quique de Lucio. Esta pretende ser una antología cuyo sentido radica en la actividad del lector, en su lectura que organiza los textos como un proyecto de su propia aventura y goce creadores. Difundiendo a más de 2.000 escritores, respetando el derecho de autor.






Publicación N° 1.755-



                                                                                                                       Amalia Pérez

Poeta y narradora argentina, nacida en Lomas de Zamora, Buenos Aires. Tiene publicadas las siguientes obras poéticas: "Mal de amores", "Herencia de una madre no nata", "Las Marías son ellas", "La infatigable tarea de ganarse el cielo todos los días", etc y "Sapo que no se traga"  (Monólogos, 2011) , además en narrativa publicó: "Aguafuertes del exilio" (2001), la novela: "Territorio de mujeres" ( 2003), participó , entre otras, en el 2005 de la antología "País de vientre abierto".



                                                                                      "los océanos se arrojan sobre la tortuga
                                                                                       cuando un solo niño nada de vos cuando 
                                                                                       es la carne la que escarcha y la libertad
                                                                                       de dar a luz a un muerto es sólo pasatiempo" 










DOCE

Las valijas de irse
Las arrugas de la ropa
La llave de luz falseada
La indecisión de despedirme de él
-seguro estará trabajando-
el vidrio de la ventana que nunca arreglé
las cicatrices que ya no importan
el botiquín atestado de frasquitos
el jazzero piano que nunca fue Beethoven
lo poco a destiempo a rajatabla
los perdigones que no dieron en el blanco
los blancos que equivoqué
los vendavales que murieron como brisas
lo que negué
los sobreentendidos y los malos entendidos

la vida que se escurrió
boletas que no te voy a pasar.-


TRECE

El placer de temer a la muerte
la riqueza del tiempo acotado
la punzada de la despedida
el precipicio de la muerta ajena
el precipicio de la muerte mía
el azote de la conciencia
la virtud de las máscaras
la oportunidad de la soledad
la protección de la ignorancia
la fortuna de equivocarme
el vértigo de la libertad
la tensión de la distancia
la sabiduría de lo irreparable
la invención de la sonrisa
los cuchillos de la ironía
el drama de la obscenidad
la suprema belleza de la tragedia

¿qué de esto es tuyo?
entiendo
tu batalla por tener algo de mí.-



TRES

Quiero darte cornadas
asestarte un puntazo de buey encabronado
quiero cargar tu costal con mi buitre apestoso

decís que mandaste tu hijo a mi casa
que acudieron ángeles y guardianes
no es así
sólo luciferes merodean mi calle

decís que vino a salvarme
y sus príncipes cavaron sótanos
debajo de mi mesa

decís que soy libre
y cargaste de piedras mis pulmones

mirás arder mi lámpara
y te confunde mi sombra en la pared

es así
los dos lloramos por este desencuentro
yo cargo con lo que até a mis cadena
vos sos nomás un voyerista.-


DOS

No sé que hago acá
que lamentable papel de margarita
maquillada como afiche
en chancletas y arremangada

Nací cuando ya era tarde
desteñida longipietra al decir de mi vieja
longipietra como botella vacía
flotando en lo zángano de mi alma
esa minúscula rendija en mi mundo joven

¿te acordás?
humano de carne y hueso
humano de culpas y escarmientos
humano de avasallar lo que no te pervertía
un sudor humano de vos que mojara tu entrepierna
que no tuvieras retaguardia ni trasero

que tu viejo fuera como el mío
de carne y hueso pretendía

¿te acordás?
cuando me alcé sin raíces y sin sombra
hacia el confín de tu cielo
y vos'
descarnado muñeco
espiando por aquella claraboya
cuando un maniquí a tu semejanza
lastimó mi cuerpo con esas manos de no tocar
y asoló mi alma con los ojos que nunca te animaste

a vos te inventamos nosotros
te parimos después del trueno
te fingimos
por la bestialidad de nuestros cuerpos
por la cruel manera de merodear el cielo
para salvarnos del colmillo de nuestro padre

fuimos nosotros
antes de la batalla
aterrados al borde de la cama
conjurando búfalos al vibrar de las tripas
parados en retiro a las siete de la tarde
bajando a los socavones

¿sabés?
la fruta de tu huerto no se clavó en nuestra boca
teníamos el dado en la zurda
y vos no lo sabías.-




                                                                                                             

                                                                                                                             Amalia Pérez




Imágenes: Pinturas de Hennie Leistra  (contemporáneo)







quiquedelucio@gmail.com

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