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sábado, 21 de febrero de 2015

Las muertes


Cuarto año de una antojadiza antología de la poesía de todos los tiempos, seleccionada por el escritor Quique de Lucio. Esta pretende ser una antología cuyo sentido radica en la actividad del lector, en su lectura que organiza los textos como un proyecto de su propia aventura y goce creadores. Difundiendo a los hacedores, respetando el derecho de autor.

PUBLICACIÓN NÚMERO 1000 DEL BLOG.     HOMENAJE A LA GRAN POETISA


                                                                           Olga Orozco

Poeta argentina, nacida en La Pampa en 1920 y fallecida en Buenos Aires en 1999. Trabajó en periodismo y dirigió algunas publicaciones literarias. Su obra ha sido traducida a varios idiomas y distinguida con los premios: "Primer Premio Municipal de Poesía", "Premio de Honor de la Fundación Argentina" (1971), "Gran Premio del Fondo Nacional de las Artes", Premio "Esteban Echeverría", Premio Nacional de Poesía en 1988, "Premio de Literatura Iberoamericana" (1988), Gran Premio de honor de la SADE en 1972, etc.


                                                             "Palmo a palmo, virando de un día
                                                              a otro fulgor, de una noche a 
                                                              otra sombra, llegas a ese lugar
                                                              al que te remolcaron todas las corrientes"  






LAS MUERTES

He aquí unos muertos cuyos huesos
no blanqueará la lluvia,
lápidas donde nunca ha resonado el golpe tormentoso
de la piel del lagarto,
inscripciones que nadie recorrerá encendiendo la luz
de alguna lágrima;
arenas sin pisadas en todas las memorias.
Son los muertos sin flores.
No nos legaron cartas, ni alianzas, ni retratos.
Ningún trofeo heroico atestigua la gloria o el oprobio.
Sus vidas se cumplieron sin honor en la tierra,
más su destino fue fulmíneo como un tajo;
porque no conocieron ni el sueño ni la paz en los
infames lechos vendidos por la dicha,
porque sólo actaron una ley más ardiente que la ávida
gota de salmuera.
Esa y no cualquier otra.
Esa y ningúna otra.
Por eso es que sus muertes son los exasperados rostros
de nuestra vida.-



UN ROSTRO EN EL OTOÑO


La mujer del otoño llegaba a mi ventana
sumergiendo su rostro entre las vides
reclinando sus hombros, sus vegetales hombros,
en las nieblas,
buscando inútilmente su pecho resigmado
a nacer y morir entre dos sueños.

Desde un lejano cielo la aguardaban las lluvias,
aquellas que golpeaban duramente su dulce
piel labrada por el duelo de una vieja estación,
sus ojos que nacían desde el llanto
o su pálida boca perdida para siempre
como una plegaria que inconmovibles dioses acallaran.

Luego estaban los vientos adormeciendo
el mundo entre sus manos
repitiendo en sus mustios cabellos enlazadas
la inacabable endecha de las hojas que caen;
y allá, bajo las frías coronas del invierno,
el cálido refugio de la tierra para su soledad,
semejante a un presagio,
retornada a su estela como un ala.

Oh, vosotros, los inclementes ángeles del tiempo,
los que habitáis aún la lejanía
-ese olvido demasiado rebelde-;
vosotros, que llevaís a la sombra,
a sus marchitos ídolos, eternos todavía,
mi corazón hostil, abandonado:
no me podreís quitar esta pequeña vida
entre dos sueños,
este cuerpo de lianas y de hojas que cae blandamente,
que se muere hacia adentro,
como mueren las hierbas.-



VUELVE CUANDO LA LLUVIA

Hermanas de aire y frío, hermanas mías:
¿cuál es esa canción que se prolonga por las ramas
y rueda contra el vidrio?
¿Cuál es esa canción que yo he perdido
y que gira en el viento y vuelve todavía?
Era lejos, muy lejos, en las primeras albas
de un jardín custodiado por ángeles y ortigas.
Cantábamos para siempre la canción
Cantábamos nuestra alianza hasta después del  mundo.
Era hace mucho tiempo, hermana de silencios
y de luna. Era tu adolescencia
y en mí mi niñez más tierna,
cuando apenas te habías asomado a las sinuosas
aguas del amor, que te aresaron pronto,
y aún te vestías contra nuestro candor
con el muestrario de las apariciones:
la novia fantasmal, el alma en pena
o la mendiga loca;
pero al día siguiente eras la paz
y el roce de la hierba.
Cuando te fuiste, faltó el cristal azul en la canción.
Eso hace mucho tiempo, hermana de aventuras
y de sol.
Yo era la más pequeña y seguía tus pasos
por sitios encantados
donde había tesoros escondidos en tres granos de sal,
un ojo de cerradura enmohecida
para mirar el porvenir más
bello y un espejo enterrado en el que estaba escrita
la palabra del supremo poder.
Tu inventabas los juegos, las tentaciones, las desobediencias.
Fueron tantos los años compartidos en fiestas
y en adioses
que se trizó en pedazos la canción
cuando tu mano abandonó la mía.
Hermanas de ráfaga y temblor, hermanas mías,
las escucho cantar desde las espesuras
de mi noche desierta.
Sé que vuelven ahora para contradecir mi soledad,
para cumplir el pacto que firmó
nuestra sangre hasta después del mundo,
hasta que completemos de nuevo la canción.-


                                                                                Olga Orozco






Imágenes: Pinturas del artista francés Louis Anquetin  (1861 - 1932)




quiquedelucio@gmail.com

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