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lunes, 7 de julio de 2014

Abedules

Cuarto año de una antojadiza antología de todos los tiempos, seleccionada por el escritor Quique de Lucio. Esta pretende ser una antología cuyo sentido radica en la actividad del lector, en su lectura que organiza los textos como un proyecto de su propia aventura y goce creadores. Difundiendo a los hacedores, respetando el derecho de autor.



                                                          Robert Lee Frost

Poeta estadounidense nacido en San Francisco el 26 de marzo de 1874 y fallecido en Boston el 29 de enero de 1963. De gran producción poética, ( unos treinta volúmenes) la mayor parte traducida a numerosos idiomas, incluído el español. Premio Pulitzer de Poesía. Medalla de Oro del Congreso de los EE.UU. Considerado uno de los fundadores de la poesía moderna en su país. Su primer libro "A Boy's Will" lo publicó en 1915, tiene también escrito siete libros de prosa.

                                           
                                                    "la lluvia le dijo al viento:
                                                    -Empuja tú que yo azoto-
                                                    y tanto hirieron a la planta 
                                                    que de las flores altivas,
                                                    doblegadas pero vivas,
                                                    yo sentí el sufrimiento"







ABEDULES

Cuando veo abedules oscilar a  derecha
y a izquierda, ante una hilera de árboles más oscuros,
me complace pensar que un muchacho los mece
pero no es un muchacho quien los deja curvados,
sino las tempestades. A menudo hemos visto
los árboles cargados de hielo, en claros días
invernales, después de un aguacero.
Cuando sopla la brisa se los oye crujir,
se vuelven irisados cuando se resquebraja
su esmaltada corteza. Pronto el sol les arranca
sus conchas cristalinas, que mezcla con la nieve...
Esas pilas de conchas esparcidas diríase
que son la rota cúpula interior de los cielos.
La carga los doblega hacia los mustios
matorrales cercanos, pero nunca se quiebran,
aunque jamás podrán enderezarse solos:
Durante muchos años las ramas de sus troncos
curvadas barrerán con sus hojas el suelo,
igual que arrodilladas doncellas con los sueltos
cabellos hacia atrás y secándose al sol.
Mas cuando la Verdad se me interpuso
en la forma de un hecho como la tempestad,
iba a decir que quizás un muchacho,
yendo a buscar las vacas, inclinaba los árboles...para jugar él solo.
Un muchacho que por vivir lejos del pueblo
sólo sabe jugar, en invierno o en verano
a juegos que ha inventado para jugar él solo.
Ha domado los árboles de su padre uno a uno
pasando por encima de ellos tan a menudo
que nada les dejó de su tiesura.
A todos doblegó; no dejó ni uno solo
sin conquistar. Aprendió la manera
de no saltar de un árbol sin haber conseguido
doblarlo contra el suelo. Conservó el equilibrio
hasta llegar arriba, trepando con cuidado,
con la misma destreza que uno emplea al llenar
la copa hasta el borde, y aun arriba del borde.
Entonces, de un envión, disparaba los pies
hacia afuera  saltaba del aire hasta la tierra.
Yo fui también, antaño, un columpiador de árboles;
muy a menudo sueño que volveré a serlo
cuando me hallo cansado de mis meditaciones,
y la vida parece un bosque sin caminos donde,
al vagar por él, sentirnos en la cara
ardiente el cosquilleo de rotas telarañas,
y un ojo lagrimea a a causa de una brizna,
y quisiera alejarme de la tierra algún tiempo,
para luego volver y empezar otra vez.
Que jamás el destino, comprendiéndome mal,
me otorgue la mitad de lo que anhelo
y me niegue el regreso. Nada hay, para el amor,
como la tierra; ignoro si existe mejor sitio.
Quisiera encaramarme a un abedul, trepar,
por las ramas oscuras del blanquecino tronco
y subir hacia el cielo, hasta que el abedul,
doblándose vencido, me volviese a la tierra.
Subir y regresar sería muy hermoso.
Pues hay cosas peores en la vida que ser
un columpiador de árboles.-


EL PELIGRO DE LA ESPERANZA

Es justo allí
a mitad del camino entre
el huerto desnudo
y el huerto verde,
cuando las ramas están a punto
de estallar en flor,
en rosa y blanco,
que tememos lo peor.
Pues no hay región
que a cualquier precio
no elija ese tiempo
para una noche de escarcha.-


EL PASTIZAL

Sólo rastrillaré las hojas secas.
(Y quizás me detenga hasta ver clara el agua).
No, no tardaré mucho -Ven también.
Voy a buscar el lindo ternerillo
que se apoya en su madre. Es tan pequeño
que cuando ella lo lame se menea.
No tardaré mucho. -Ven también.-



                                                      Robert Lee Frost 






Imágenes: Pinturas del artista húngaro contemporáneo Gui Demeter.



Publicación de Quique de Lucio para "Nos Queda
la Palabra"
quiquedelucio@gmail.com

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