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domingo, 19 de enero de 2014

El abrazo

                                                            José Lezama Lima

Poeta y ensayista cubano nacido en La Habana en 1910 y fallecido en 1976. Es considerado como el escritor más representativo de la literatura cubana junto a José Martí. Dirigió numerosas revistas literarias, contribuyendo con importantes textos como "Muerte de Narciso" y "Enemigo rumor". En 1966 publicó su novela "Paradiso", donde desarrolló en prosa su sistema poético de estilo barroco. Tambien se destacó en varios libros de ensayo.


                            "ceñido arco, cejijunto olvido, recelosa fuente halago.
                            Luz sin diamante detiene al  ciervo en la pupila,
                            que vuela como papel de nieve entre el peine y el lago.
                            Entre verdes estambres su dardo el oído destila"




EL ABRAZO    poesía de José Lezama Lima

Los dos cuerpos
avanzan, después de romper el espejo
intermedio, cada cuerpo reproduce
el que está enfrente, comenzando
a sudar como los espejos.
Saben que hay un momento
en que los pellizcará una sombra
algo como el rocío,
indetenible como el
humo.
La respración desconocida
de lo otro, del cielo que se inclina
y parpadea, se rompe
muy despacio esa cáscara de huevo.

La mano puesta en el hombro de la
mujer.
Nace en ellos otro temblor,
el invisible, el intocable, el que está ahí,
grande como la casa, que es otro cuerpo
que contiene y luego se precipita
en un río invisible, intocable.
Las piernas tiemblan, afanosas de llegar
a la tierra descifrada,
están ahora en el cuerpo sellado.
Comienza apoyándose enteramente,
un cuerpo oscuro que penetra
en la otra luz
que se va volviendo oscura
y que es ella ahora la que comienza
a penetrar.
Lo oscuro húmedo que desciende
en nuestro cuerpo.
Tiemblan como la llama
rodeada de un oscilante cuerpo oscuro.
La penetración en lo oscuro,
pero el punto de apoyo es ligeramente
incandescente,
después luminoso
como los ojos acabados de nacer,
cuando comienza su victoriosa
aprobación.

La mano no está ya en el otro hombro.
Se establece otro puente
que respaldan los cuerpos penetrantes.
Ya los dos cuerpos desaparecen,
en la gran nebulosa oscura
que apuntala su aspa de molino.
Los dos cuerpos giran
en la rueda de volantes chispas.
Como después de una lenta y larga
nadada,
reaparecen los cabellos llenos de
tritones.
Miramos hacia atrás separando el oleaje.
Y aparece el desierto con alfombras y
dátiles.

Los dos cuerpos desaparecen
en un punto que abre su boca.
Lo húmedo, lo blando,
la esponja infinitamente extensiva,
responden en la puerta,
abrillantada con ungüentos
de potros matinales
y luces de faisanes con los ojos apenas
recordados.

El dolmen que regaló los dones
en la puerta aceitada,
suena silenciosamente su madera vieja.
Los dos cuerpos desaparecen
y se unen en el borde de una nube.
La manta, la lechuza marina,
seca el sudor estrellado
que los cuerpos exhalan en la
crucifixión.
El árbol y el abrazo
no conocen la resurrección,
nacen y decrecen con la media luna
y el incendio del azufre solar.
Los dos cuerpos ceñidos,
el cuerpo del canguro
y la serpiente marina,
se enredan y crujen en el casquete
boreal.-


                                   
                                                               José Lezama Lima





Imágenes: Pinturas de Gustav Klimt  (Baumgarten, Austria, 1862-Viena, 1918)



Publicación de Quique de Lucio para "Nos Queda
la Palabra"
quiquedelucio@gmail.com

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