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viernes, 19 de abril de 2013

La muerte meditada

                                                               Giuseppe Ungaretti

Poeta y traductor italiano nacido en 1888. En 1912 viajó a París donde estudió en La Sorbona y trabó amistad con intelectuales de la época. En 1916, de retorno en Italia, publicó su libro de poemas "El puerto sepultado" y "La alegría" (1919). A partir de 1921 trabajó como periodista en Roma, publicó "Sentimiento del tiempo" (1933). Se radicó en Brasil oficiando de profesor universitario  por seis años. De regreso a Italia, continuó su tarea como docente en Literatura Moderna y publicó "El dolor" (1947) y "La vida de un hombre", compilación de su labor poética entre 1942 y 1961. Tradujo al italiano obra de importantes autores. Falleció en Milán en junio de 1970.


                                         " La ruborosa cara del cielo
                                          despierta al oasis
                                          para el nómada amor"



LA MUERTE MEDITADA   poesía de Giuseppe Ungaretti



Has cerrado los ojos,
nace una noche
nena de falsos huecos,
de ruidos muertos
como de corchos
de redes caladas en el agua.

Tus manos se hacen como un soplo
de inviolables lontananzas,
inaferrables como las ideas,

y el equívoco de la luna
y el balancearse, dulcísimos,
si quieres posármelas sobre los ojos,
tocan el alma.

Eres la mujer que pasa
como una hoja
y deja en los árboles un fuego de otoño.-


NO GRITÉIS MÁS

Dejad de matar a los muertos,
no gritéis más, no gritéis,
si les queréis todavía oír
si esperáis no perecer.

Tienen un susurro imperceptible,
no hacen más rumor
que el crecer de la hierba,
alegre donde no pasa el hombre.-


TIERRA

Podría haber en la guadaña
un rápido reflejo, y el rumor
tornar y perderse por grados
hacia las grutas, y el viento podría
de otra sal enrojecer los ojos...

Podrías, la quilla sumergida,
oírla deslizarse a lo lejos,
o a una gaviota equivocar su pico,
la presa huída, en el espejo...

Del trigo de noches y días
colmadas mostraste las manos,
delfines de los viejos tirrenos
viste pintados en secretos
muros inmateriales y luego, detrás
de las naves, vivos volar,
y tierra eres aún de cenizas
de inventores sin descanso.

Cauto temblor podría otra vez a adormecedoras
mariposas en los olivos, de un instante a otro,
despertar;
quedarás inspiradas vigilias de extintos,
intervenciones insomnes de ausentes,
la fuerza de cenizas, sombras
en el raudo oscilar de las platas.

Continúas derribando al viento;
desde abetos a palmeras el estrépito
por siempre desolas; silente
el grito de los muertos es más fuerte.-


SAN MARTÍN DE CARSO

De estas casas
no ha quedado
más que algún
pedazo de muro

De tantos
a quienes estaba unido
no ha quedado
ni siquiera eso

Pero en el corazón
ninguna cruz falta

Mi corazón
es el país más desvastado.-


                                                                Giuseppe Ungaretti







Imágenes: pinturas del artista ruso contemporáneo Román Garassuta  (Moscú, 1958).



Publicación de Quique de Lucio para "Nos Queda
la Palabra"
quiquedelucio@gmail.com
twitter@quiquedelucio




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