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sábado, 27 de agosto de 2011

Un cuento que no es ficción

Después de festejar, como corresponde con un buen vino (San Telmo, Chenin Blanc del 1981), por el cumpleaños  97 de nuestro querido Julio Cortázar, Severino me empezó a contar  que tiene un pariente, por parte de madre, que es un personaje de novela.-Un loco lindo- aclaró, se llama Apparuti y vive en un pueblo de Italia. Como era evidente que yo poco creía en esa historia, más que en esos momentos ya había pasado a la sección fernet (sin gaseosa), me mostró un libro donde, efectivamente hay un cuento (no una novela) , donde relata las peripecias de este señor. El escritor Ermanno Cavazzoni es el autor de "Vidas breves de idiotas", donde recoge historias basadas en diálogos que mantuvo con internos del manicomio de Reggio Emilia. Aparentemente, una de esas microhistorias hace referencia a este pariente de Severino, cosa que a él lo inunda de honor, más allá de su ya indisimulable borrachera.

                                  PRIMO APPARUTI


Primo Apparuti era un mecánico y vivía en Nonantola, en la provicia de Módena. Fue internado por su voluntad en el manicomio de Reggio Emilia. Decía que no podía más estar afuera ,que la cosa no podía seguir así. Era un mecánico de bicicletas y cuando golpeaba con el martillo un pedazo de hierro para forjarlo, le faltaban las fuerzas; le parecía que el hierro se quejaba y le recriminaba con su silencio. Entonces se sentía tan dolorido que le venían ganas de llorar y corría a meter el hierro en agua esperando alivianar así el mal que le había hecho. Dejaba pasar media hora y no teniendo el coraje de volver a tomar el hierro se ponía a montar una rueda de bicicleta; pero apenas apretaba la tuerca del eje la habitual voz interior le recriminaba que le hacía mal a la tuerca y al eje. Tenía que dejar de hacerlo. Pero después, encontrando con la mirada otras tuercas, decía que sentía dolor e inquietud; trataba de resistir, pero una fuerte pesadumbre lo obligaba a aflojarlas. Y después de haber aflojado muchas tenía que huir, disculpándose con las otras tuercas, diciendo que no había sido él quien las había apretado, y que si el propietario de la bicicleta las hubiera apretado de nuevo él sufriría una desgracia o resultaría muerto. Y oía a sus hijos que lo llamaban "papá, papá", entre lágrimas. Entonces cerraba el negocio y ponía un cartel: murió el mecánico. Después se arrepentía de haber escrito eso y de dar a sus clientes motivos de tristeza y de pena; iba a quitarlo, sin tener el coraje de mirar las bicicletas. A menudo pensaba en matarse, pero lo asaltaba el temor de ser un incapaz y de arruinar los muebles o de molestar a la gente con su funeral. Experimentaba entonces un gran desasosiego y una opresión muy grande en el corazón.
 A veces, para no estar todo el tiempo afligido por las bicicletas, iba a la ciudad y compraba un boleto de tranvía hasta la parada más lejana. Pero después de medio kilómetro, más o menos, tenía que bajarse, pensando que no era digno de hacerse llevar, y sintiéndose además víctima de los reproches por parte del motor. Volvía a hacer el camino, a pie, pero encontrando otros tranvías llenos de gente sentía otra vez el corazón apesadumbrado viéndolos sometidos a semejante esfuerzo. Entonces se asociaba a su dolor llorando, y los seguía en la subida prometiendo vengarlos, insultando y mofándose de los pasajeros, y exhortando a los motores que tuvieran paciencia, porque después iban a tener alegrías que los pasajeros ni siquiera sospechaban. Cuando había llegado fuera del poblado se complacía contemplando los palos telegráficos y los abrazaba, los besaba, medía la distancia entre uno y otro y contaba los cables que llevaban experimentando mucho desconsuelo. Trataba de imprimir en su mente la forma y las dimensiones de cada uno y prometía volver a verlos. Estos eran los únicos momentos de felicidad de los que en toda su vida tenía memoria.-

                                                              Ermanno Cavazzoni

Ermanno Cavazzoni (Italia, 1947) Escritor. Enseña Estética en la Universidad de Bolonia. Es autor de cuentos y novelas, entre ellas: "El poema de los lunáticos", "Cirenaica", "Vidas breves de idiotas", etc. Su último libro editado en Italia  es " Historia natural de los gigantes", en 2007.

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