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sábado, 6 de agosto de 2011

Entre la tristeza y la nada

Mi amigo Severino, de quien ya he hablado muchas veces, es un clásico de la elegancia, un poco demodé, sobretodo cuando camina por la peatonal de Córdoba con el saco perfectamente doblado y colocado sobre el hombro derecho. Jamás pierde el control y la compostura a pesar de nuestras interminables rondas de alcohol en el Abasto y de irónicos sueños de grandeza. El final de la noche, antiguamente, lo cerrábamos con un ritual exacto como un guante. Nos ibamos a comprar churros cerca del mercado y nos lo comíamos en los bancos de la plaza solitaria, presidida por el Cabildo y la Catedral. Allí Severino, mirando los churros como Cristo al pan en la última cena de una película bíblica con actores henchidos de importancia histórica y tras un silencio propiciado por la solemnidad del momento y también por la ebriedad de fondo, iniciaba un monólogo en un idioma macarrónico. Esos encuentros también eran aprovechados para el intercambio de textos, porque el mundo corre así y todo instante es bueno. Por eso, llegó a mis manos este breve cuento de Fernando De Leonardis (supongo que será amigo de Severino).

        ENTRE LA TRISTEZA Y LA NADA

     Mi amigo gustavo vio a palo salir al escenario en silla de ruedas a las cinco y media de la mañana. estaba tan borracho como casi todo el mundo en medio de medio mundo varieté. fue uno de los peores recitales, o al menos eso creo que me dijo. salió ya de día y fue dando tumbos hasta llegar a la parada de ómnibus. sólo recuerda que de alguna manera terminó despertando en su cama a las cuatro de la tarde. yo no me acuerdo si fui a ver a los encargados o al corte al centro cultural recoleta. era una tarde de sábado a la misma hora que gustavo , apático, se despertaba , me debatía entre recorrer alguna muestra pictórica del centro cultural, salir y tirarme en el césped de una plaza, pensar en el cementerio dentro del cementerio o irme a mi casa de inmediato. en ese instante de duda, se acercó una chica. me obsequió una revista. había una fotografía en la contratapa. de un niño rubio de dos años de edad. con el culo al frente. y una leyenda, a modo de epígrafe. decía: si las manzanas están  podridas, las semillas no lo están. poco después recordaba esa frase cuando vi un afiche de la federación juvenil comunista con una máxima de josé ingenieros: juventud sin rebeldía, servidumbre precoz. años después recordé la frase de ingenieros cuando en sin aliento jean seberg le lee a belmondo un fragmento de las palmeras salvajes de william faulkner: entre la tristeza y la nada elijo la tristeza. y esta frase de faulkner me hace acordar de aquella otra que milan kundera dejó escrita en la novela la broma o en la identidad o en alguna otra: que la tristeza no sea atada a tu nombre.-

Fernando De Leonardis: (Vicente López, 1972) Escritor, sociólogo, periodista y editor de libros. Ha publicado en diferentes revistas de papel y digitales de Latinoamérica. El cuento seleccionado, pertenece a su libro "Entre la tristeza y la nada y otros incidentes e intervenciones textuales de ultraizquierda", Editorial Cilc (2010)

Twitter:@quiquedelucio

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