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sábado, 20 de agosto de 2011

Como acabar con la cultura

Alan Stewart Konisberg, más tarde conocido como Woody Allen, nació en Nueva York, en 1935. Excelente cineasta que no sólo escribe sus peliculas, sino también las protagoniza. Guionista de radio y televisión. Tiene escrito cuatro libros de relatos. El texto que presentamos, es de su libro "Como acabar de una vez por todas con la cultura" Tusquets Editores-Barcelona, que reune artículos de Woody publicados en The New Yorker. Como escritor Woody Allen quiere acabar de una vez con todas con la cultura, aunque tendría primero que acabar consigo mismo, porque, no cabe duda, él lo sabe absolutamente todo y en este texto se permite ironizar sobre Freud y la psiquiatría.
 
                                 PARA ACABAR CON EL PSICOANALISIS



El doctor Helmholtz, que ahora tiene casi noventa años de edad, fue contemporáneo de Freud, un pionero del psicoanálisis y el fundador de la escuela de psicología que lleva su nombre. Quizá su mayor fama se deba a sus investigaciones sobre el comportamiento humano en las que probó que la muerte es una característica congénita.
Helmholtz vive en una residencia de campo en Lausanne, Suiza, con su criado, Hrolf, y su perro danés. Pasa la mayor parte del tiempo escribiendo; en este momento, está revisando su autobiografía con el propósito de incluirse en la misma. En una conversación que tuve con el prestigioso doctor, le pregunté sobre el periodo heroico del psicoanálisis
-Cuando conocí a Freud por primera vez, yo ya estaba dedicado al estudio de mis propias teorías. Freud estaba en una panadería. Quiero decir que intentaba comprar schnekenns, pero no podía. Freud, como usted sabe no podía pronunciar la palabra schneken porque le producía una tremenda verguenza. Compré los pasteles y se los di como regalo. Nos hicimos buenos amigos.
La conversación volvió a Freud, quien parece dominar todos los pensamientos de Helmholtz, aunque los dos hombres se detestaron mutuamente después de una grave discusión sobre el perejil.
-Recuerdo un caso de Freud. Edma S., parálisis histérica de la nariz. Incapaz de imitar a un conejo cuando sus amigos se lo pedían, esto le causaba una gran ansiedad, los amigos a menudo tenían un comportamiento cruel: "Vamos, Liebchen, enséñanos lo bien que imitas a un conejo". Acto seguido movían las aletas de su nariz con toda libertad y se divertían a costa de ella. Freud la llevó a su consultorio para una serie de sesiones de análisis, pero algo funcionó mal, porque, en vez de atraer su atención sobre él, Freud, atrajo su atención sobre el perchero, un inmenso mueble de madera al otro lado de la habitación. Freud se sintió presa del pánico, porque en aquel tiempo al psicoanálisis se le miraba aún con cierto escepticismo; el día que la muchacha se fue de crucero en compañía del perchero, Freud juró que jamás volvería a practicar su profesión. La verdad es que, durante un tiempo, consideró seriamente la idea de hacerse acróbata de circo hasta que le convencieron de que jamás aprendería a hacer el triple salto mortal con soltura.

Una mañana que me reuní con Helmhotz no se encontraba muy bien. El día anterior se había perdido en un prado y había resbalado sobre unas peras maduras. Esa vez, discutimos sobre su teoría de la psicología invertida, algo que se le ocurrió poco tiempo después del fallecimiento de Freud. En esa época, Helmholtz había llevado a cabo un experimento que consistía en agitar una campanilla y, en el acto, un equipo de ratones blancos escoltaba a la señora Helmholtz hasta la puerta y la acompañaba hasta la acera. Realizó varios experimentos sobre el comportamiento, y sólo los abandonó cuando un perro, entrenado para salivar en cuanto recibía una señal, se negó a dejarlo entrar a su casa. -Así es, fundé la Escuela de Psicología Invertida. De forma bastante casual, en realidad. Mi mujer y yo estábamos cómodamente en la cama cuando, sentí deseos de beber agua. Demasiado perezoso para levantarme, pedí a mi señora que me la trajera. Se negó aduciendo que estaba exhausta por haber recogido garbanzos. Discutimos, finalmente dije "En realidad no quiero un vaso de agua, un vaso de agua es lo último que quiero en este mundo". De inmediato, mi mujer se levantó de un salto y dijo: "Ah, ¿conque no quieres agua? ¡Qué lástima!" Rápidamente abandonó el dormitorio y me trajo un vaso lleno. Traté de comentar el incidente con Freud en el picnic anual de analistas en Berlín, pero él y Jung formaban equipo en la carrera de embolsados y estaba demasiado absorto por las festividades para poder escucharme.
Una vez hablamos sobre el psicoanálisis contemporáneo, al que Helmholtz consideraba un mito mantenido con vida por la industria del sofá. -¡Estos analístas modernos! ¡Cobran fortunas! En mis tiempos, por cinco marcos, el mismo Freud te trataba. Por diez marcos, te trataba y te planchaba incluso los pantalones. ¡y con lo que dura un tratamiento! ¡Dos años! ¡Cinco años! Si uno de nosotros no podía curar a un paciente en seis meses, le devolvíamos el dinero, lo llevábamos a ver una revista musical y le regalábamos un juego de cuchillos de acero inoxidable. Recuerdo que siempre se podía saber con qué pacientes había fracasado Jung porque les regalaba grandes osos de peluche. Caminamos por el sendero del jardín, y Helmholtz se puso a hablar sobre otros temas de interés. Era un verdadero torrente de visiones y me las arreglé para anotar algunas.
     Sobre la condición humana: "Si el hombre fuera inmortal, ¿te das cuenta lo que sería su cuenta en la carnicería?".
     Sobre la religión: "No creo en la vida ultraterrena, aunque por las dudas me llevaré una muda de ropa interior".
     Sobre la literatura: "Toda la literatura es una nota a pie de página del "Fausto". No tengo ni idea de lo que quiero decir con esto".
Estoy convencido de que Helmholtz es un gran hombre.-

                                                                   Woody Allen

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