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miércoles, 1 de junio de 2011

No todo es vigilia la de los ojos abiertos

Hoy se conmemoran 137 años del nacimiento de Macedonio Fernández. (Bs. As. 1 de junio de 1874-10 de febrero de 1952). Autor de novelas, cuentos, poemas, artículos periodísticos, ensayos filosóficos y textos de naturaleza inclasificable. Debe ser el único escritor para el que suena más natural referirse a él por el nombre que por el apellido. Es el clásico nombre que siempre estará vinculado a nuestra literatura, sobre todo a Borges. Fue más que un precursor, un escritor que rompió con lo anterior y asumió el vanguardismo no sólo como un estilo, sino como un forma de mirar la realidad y de estar en el mundo.
En una oportunidad, dijo: "La felicidad actual de escribir hace la escacez de lo leíble y hasta ha suprimido la injuriosa necesidad de que haya lectores: se escribe por fruicción de arte y a lo sumo por conocer la opinión de la crítica " (Casi, como en tiempos de internet). Interesante Macedonio como personaje, se distancia del mercado literario, se burla incluso de éste. Tenía la gracia y la soltura de quien es escritor como si respirara. Pertenecía a ese grupo de artístas que se desinteresan de la posteridad, el éxito, la gloria o incluso la edición de sus obras.
En un primer intento podríamos clasificar a Macedonio como un precursor del vanguardismo, sin embargo sería esta una visión simplista porque sus obras van mucho más allá y , como dijimos, es difícil de clasificar. Se lo considera, en sus comienzos, un ultraísta.
"Una novela que comienza" (1941), editada veinte años después de ser escrita tiene la particularidad de contar con seis prólogos y un solo capítulo. En ella, Macedonio interviene en el texto, interpela al lector, hace chistes como este:  "Las personas muy altas tienen el horroroso inconveniente de andar siempre muy lejos de sí mismas". En un momento se pone serio y nos dice que le cuesta narrar porque se lanza a pensar mientras escribe y así no se puede hacer una novela.
"Papeles de Recienvenido y Continuación de la Nada", los dos libros que reunió en un volumen en 1944, son dos manifestaciones de esa literatura radicalmente renovadora y que usa el humor absurdo como arma destructiva de la lógica y como reflejo de una realidad absurda.
Definir a Macedonio, dijimos, parece una empresa imposible; es como definir el rojo en términos de otro color. Fue maestro de maestros, escritor de escritores. Su talante y los destellos desconcertantes de su imaginación encandilaron a Borges lo mismo que a Cortázar y, en realidad, a varias generaciones de escritores argentinos. A Macedonio -cuenta Borges- le gustaba reunirse con amigos y conversar. Tenía ideas originales y escribía un humor punzante. Escritores, poetas músicos e intelectuales sucumbían ante su fascinación y lo escuchaban durante horas. Era corriente verlo en una mesa de un bar de Buenos Aires , rodeado de amigos,  y conversando hasta la madrugada.
Según el crítico español Santos Dominguez: "Macedonio Fernández es el admirable criollo que más ha influído en las letras dignas de leerse, pues lo que él encontró es el estilo de los argentinos".

Principales Obras:
"No todo es vigilia la de los ojos abiertos" (1928)
"Papeles de Recienvenido" (1929)
"Una novela que comienza" (1941)
"Poemas" (1931)
"Museo de la novela de la Eterna" (1967), etc.

 "No creo en la muerte de los que aman, ni en la vida de los que no aman"
" Es el acento el que convence y no la palabra"

Murió a los 78 años, lúcido hasta el último instante. Leopoldo Marechal uno de sus mejores discípulos, dice que Macedonio pertenece a la categoría de los que " dejan de ser hombres de la literatura para pasar a ser verdaderas leyendas".
Quique de Lucio

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