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martes, 31 de mayo de 2011

Funerales de la Tierra Partida

                                                                      1967

        De modo que al entregar el arma, que parecía una prolongación natural del brazo, se sintió desnudo, desprotegido entre los fusiles y los afilados machetes capaces de cortar, como decía Herrera: "el ala de una mosca en pleno vuelo"; y a los golpes lo empujaron para llevarlo con los otros prisioneros, con nosotros, y, tal vez, en ese instante, fue cuando levantó la cabeza mirando el cielo de octubre y dijo lo que tantos repetirían después, incluso cambiando el orden en que sucedieron las cosas; porque a veces se miente para magnificar un hecho que bien vale por sí mismo, como era el hecho, en ese momento, de decir, un poco antes de entrar a la barraca que servía de carcel, y como evocando un sueño: ¿de qué sirvió tanta sangre si está mi tierra partida?.
        Cuando cayó de cara al piso sin poder protegerse del golpe, sólo le escuchamos una maldición muy baja. Luego le vimos girar su hermosa cabeza, seguramente para poder respirar mejor porque la sangre de la nariz lo ahogaba, le tapaba la boca y corría entre los flecos de la barba, inundando la pechera de su saco militar. Y estaba el problema del asma que le complicaba ese intento permanente por continuar respirando, por toda la sangre pegada y el polvo que se había levantado del suelo con su caída, dentro de esa barraca oscura que, según dicen, en un tiempo fue depósito de armas.
        Yo le miraba el cuerpo a contraluz. En los cabellos largos y enmarañados le formaban , los rayos de sol, unos pocos que se colaban por los agujeros del portón de madera, un halo de minúsculas estrellas, de infinitos puntos luminosos que ascendían hasta perderse en la zona oscura, algunos centímetros más arriba de la cabeza que permanecía quieta en el contacto con la tierra.
        Bautista, que era el único de nosotros que no había sido atado, tal vez por la enorme llaga que tenía en la pierna, se fue acercando hasta el y consiguió limpiarle el rostro, luego lo enderezó y le apoyó el cuerpo contra la pared. Todo en silencio. Afuera se escuchaban gritos nerviosos, algunos tiros seguramente al aire y ruidos de botas que terminaban en el portón, ocultando por momentos, las delgadas hebras del sol.
         En la semioscuridad me esforzaba por identificar el rostro y el cuerpo del recién llegado, desdibujados. Repetíanse en mi mente imágenes de la selva, porque toda la vida humana resultaba empequeñecida por el marco de la preponderante selva que la rodeaba, y, seguía presente siempre el deseo de beber agua, de beberme todo el río Mamoré, todo el agua de esta tierra que se nos volvía a escapar, creíamos que definitivamente, ahora.
        Herrera calculó las ocho de la mañana, cuando comenzó a clarear el día. Ante sus ojos negros, pegados a la rendija de la puerta, se desgarraron suavemente capullos de nubes blancas. Claros celestes aparecieron por las puertas del cielo. La impertinente gasa de la llovizna, que caía desde hacía días, se hizo más rala, hasta ceder completamente al sol retardado. ¿Sería esa la hora de las ejecuciones?. El tiempo era un límite impreciso, una decantación natural de algunos estigmas cotidianos, casi ridículos. Estirarme un poco para que el calambre aflojara su tensión o volver a pasar la lengua por los labios resecos y abiertos, en un sopor indecente, dentro de un estado de abandono. Y me pareció que por todo el ámbito se extendía un dolor colectivo, recóndito, que quedaba vagando en esa prisión improvisada. Y sin saber porqué, extenuado, creí hundirme en una antigua noche.
        El mulato que se desploma en el fondo de la barraca y Bautista que había permanecido junto a
nuestro jefe, le pasaba por la cara un trozo de su camisa para levantantarle la sangre seca. El no había hablado, sólo escuchábamos ,su respiración pesada, entrecortada.
Lo vinieron a buscar a eso del mediodía, calculamos por el sol perpendicular, blanquísimo, que se asomó al cuarto al abrir la puerta, y lo llevaron arrastrando de los pelos y los brazos, y ni en esa postura humillante había perdido su magnitud. Desde lejos los vimos, uno tras otro, pasaron por el frente de la barraca los cuatro, cinco, seis soldados, mirando con odio, apretando sus armas pasaron , y había tal determinación en sus pasos, en sus manos prensando el fusil, que supimos entonces, que todo terminaba allí, en ese lugar recóndito de la selva y en aquellos primeros días de octubre. Luego un par de tiros secos, sin gritos de euforia como yo esperaba. Demasiado rápido todo, para acabar de una vez con el odiado. Como decía el mulato: "mucha muerte ha de ser la que lo lleve".
        Nos salvamos unos pocos, la soldadesca abandonó pronto ese claro de la selva y se llevó a cuatro prisioneros, a otros tres los fusilaron al atardecer sobre la pared de una casucha abandonada, no sé por qué pienso que era una escuelita, aunque no entiendo qué sentido tendría una escuelita en semejante lugar. A Bautista y a mi nos dejaron, que nos arreglemos para sobrevivir, dijeron, y para que cuenten que ése ya se murió, para que se atemoricen con la idea de que han quedado solos, maricones. Eso nos dejaron y una lata con agua que la bebimos de golpe, atropellándonos, me parece que antes de irse el último soldado ya no teníamos más agua, así nomás fué.-

Quique de Lucio.-

Del libro: Escritores del Alto II, Editorial Artesol (1987). Antología de los escritores: Quique de Lucio, Antonia Izzo, Leonarda Lastra, Guillermo Pinto y Antonio Sanchez. Cuentos premiados en el año 1987 por : Fondo Nacional de las Artes, Municipalidades de Córdoba, Jesús María, Gral. Cabrera y San Lorenzo (Pcia. de Santa Fe) y Colegio de Abogados de Córdoba.  









1 comentario:

  1. El viernes pasado entré a una tienda de libros usados en Córdoba y le pregunté al señor que atendía qué podía llevar por $5, el tipo miró mi aspecto y me dijo "llevate 3 de éstos" y me señaló una pila de libros dejados en el piso. No tenía mucho tiempo para seleccionar los libros, así que me dejar llevar por mi instinto de lector. El último libro seleccionado de los tres que podía elegir para llevarme por los $5 resultó ser "Escritores del Alto I". Hoy buscado información sobre la edición y los autores llegué a éste blog. Seguiré investigando. Saludos.

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