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sábado, 25 de junio de 2011

Una inmensidad vacía, Marguerite Duras.

Marguerite Duras, (Saigón-Vietnam, 4 de abril de 1914-París, 3 de marzo de 1966) es el seudónimo de Marguerite Donnadieu: novelista, guionista y directora de cine. El teatro, el ensayo y el cine, pero principalmente la novela fueron los caminos y géneros transitados por su inmensa escritura.
Principales obras: "El marino de Gibraltar" (1952), "Moderato cantabile" (1958) que fue la novela que la consagró internacionalmente. "El Viceconsul" (1965), "La amante inglesa" (1967), "El amor" (1971), "Canción India" (1973), "El dolor" (1985), "El amante de la China del Norte" (1991), etc.

Con la novela "El amante" (1984) obtuvo el Premio Goncourt. Novela que alcanzó el éxito mundial, con su tiraje de más de tres millones y que fue traducida a 45 idiomas. Sus obras completas, suman más de cuarenta novelas y una docena de piezas de teatro. En 1983 fue reconocida por la Academia Francesa con el Gran Premio del Teatro.Su primer libro "La impudicia", salió a la luz en plena guerra mundial. La historia de Duras está profundamente marcada por esas cicatrices: el sufrimiento que ha golpeado al ser amado, Robert Antelme, su primer esposo, cautivo en un campo de concentración, cuyo testimoni inspiró "El dolor", la omnipotencia flagrante del nazismo y su propia tarea, desde la clandestinidad de la Resistencia en un París ocupado por los alemanes. Dolor que se transforma en escritura y en arma de combate. Marguerite se llamaba aún Donnadieu cuando se afilió al Partido Comunista; pero comenzó a ser Duras a instancias de sus libros, tanto como sus declaraciones públicas contra algunos gestos políticos.
La de Duras es, en la intimidad de los libros, la palabra desnuda, de una desnudez dolorosa. Es la palabra siempre en situación de extranjería y orfandad: como el amor. Como su propia vida, una soledad habitada de palabras que se buscan despojadas entre despojos, puras. Duras, la anciana dama digna, quien se asomó a los abismos del infierno arrastrada por el alcohol y volvió de allí para contarlo, encuentra en su último texto traducido al español "Escribir" una soledad en compañía de palabras, de recuerdos, de noches insomnes y de amores tan perdurables como su escritura. De ese libro fueron extractados estos fragmentos.

"El escritor es algo extraño. Es una contradicción y también un sinsentido. Escribir es también no hablar. Es callarse. Es aullar sin ruido. Un escritor es algo que descansa, con frecuencia, escucha mucho. No habla tanto porque es imposible hablar a alguien de un libro que se ha escrito y sobre todo de un libro que se está escribiendo. Es imposible. Es lo contrario del cine, lo contrario del teatro y otros espectáculos. Es lo contrario de todas las lecturas. Es lo más difícil. Es lo peor. Porque un libro es lo desconocido, es la noche, es cerrado, eso es. El libro avanza, crece, avanza en las direcciones que creíamos haber explorado, avanza hacia su propio destino y el de su autor, anonadado por su publicación: su separación, la separación del libro soñado, como el último hijo, siempre el más amado."
"Creo que lo que le reprocho a los libros, en general, es eso: que no son libres. Se ve a través de la escritura: están fabricados, están organizados, reglamentados, diríase que conforme. Una función de revisión que el escritor desempeña con frecuencia consigo mismo. El escritor, entonces, se convierte en su propio policía. Entiendo por tal, la búsqueda de la forma correcta, es decir, de la forma más habitual, la más clara y la más inofensiva. Sigue habiendo generaciones muertas que hacen libros encantadores, sin noches. Sin silencio. Dicho de otro modo: sin auténtico autor. Libros de un día, de entretenimientos, de viaje. Pero no libros que se incrusten en el pensamiento y que hablen del duelo profundo de toda vida, el lugar común de todo pensamiento.
No sé que es un libro. Nadie lo sabe. Pero cuando hay uno, lo sabemos. Y cuando no hay nada, lo sabemos como es el hecho de que existimos, no muertos todavía. Cada libro, como cada escritor, tiene un pasaje difícil, insoslayable. Y debe optar por dejar ese error en el libro para que siga siendo un verdadero libro, no una falsedad. La soledad no sé en qué se convierte luego. Aún no puedo decirlo. Creo que esa soledad se torna trivial, a la larga se convierte en algo vulgar, y que es un gran acierto. Con frecuencia considero "adecuados" los libros de los demás; pero, también con frecuencia, como surgidos de un clasicismo exento de riesgo. Fatal sería sin duda la palabra. No sé."

Los fragmentos pertenecen al libro de Marguerite Duras: "Escribir" (1995).
Quique de Lucio.





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