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sábado, 22 de agosto de 2015

El circo

Quinto año de una antojadiza antología de la poesía de todos los tiempos, seleccionada por el escritor Quique de Lucio. Esta pretende ser una antología cuyo sentido radica en la actividad del lector, en su lectura que organiza los textos como un proyecto de su propia aventura y goce creadores. Difundiendo a los hacedores, respetando el derecho de autor.


Publicación N° 1.108.-
                                                                           
                                                                                        Cándido Portinari

Escritor y pintor de Brasil, nació en Brodowski, San Pablo, en diciembre de 1903 y falleció en Río de Janeiro en febrero de 1962. A los 15 años ingresó a la Escuela Nacional de Bellas Artes, en Río de Janeiro. Viajó a Europa en 1929, y después de recorrer varios países, se estableció en París. Recibió, entre otros honores, la Legión de Honor de Francia (1946), la Medalla del pintor del año en 1955 por el Internacional Fine Art Council y el Premio Guggenheim's National Award en 1956. Su obra literaria está dispersa en poemarios, apuntes, publicaciones en revistas y antologías.


                                                                                      "Cuánta cosa contaría si pudiese,
                                                                                       y si supiese al menos
                                                                                       la lengua, como el color"




EL CIRCO

Los circos traían iluminación
De carburo. Próximos
A los elementos. ¡Cuántos vendavales y
lluvias de granizo!

Molinos de guarapo,
Hechos de madera - cañaverales,
Y matorrales vírgenes con sus pájaros y
Frutas. Consumieron

Todo y más las leyendas. ¿Dónde
Estarán los jacús y las pacas?
¿Los janipapos y yataís?
Los senderos cortando las

Florestas, creaban historias
Y miedos. Los caminos
También huyeron. Mirando
Cielos, a veces transformados en
Nubes.

Salí de las aguas del mar
Y nací en el cafetal de
Tierras coloradas. Pasé la infancia
En mi pueblo arenoso.

Monté en bicicleta y en
Caballo en pelo. Tuve miedos
Y soñé. Viajé por el espacio.
Fui a la luna primero que el sputnik.

Caminé hasta más allá, mucho más allá, más
allá del paraíso. Bajé en paracaídas,
Atravesé el arco iris, llegué
a los ojos de agua antes del sol nacer.

Nací y subí a la grupa
De muchos jinetes. Después
Monté yo solo a caballo de
Planta de maíz. Hice los más

Extraños viajes y corrí
Delante de la lluvia durante
Muchos sábados. Había polvareda
en el trencito de Guaivira.

Paco español era mi aparcero.
Vivíamos asustados con los
Temporales -parecían odiar
Aquellos lugares...

Venían feroces contra las
Siete u ocho cabañas
Desarmadas.

En una planta de café nací,
El trencito pasaba
Por entre la plantación. llegó la hora
Exacta. En ese tiempo los viejos
Inmigrantes impresionaban a los recién
Llegados.

El tema del cotilleo era el lobizón.
La luna y el sol pasaban lejos.
Más tarde mudamos para la Calle de Arriba.
El sol y la luna moraban detrás de nuestra casa.
Cuantas veces vi al sol parado.

Éramos los primeros a recibir su luz y calor.
En muchas ocasiones oí a la luna cantar.-



MI VIDA VA CORRIENDO TANTO

Mi vida va ccorriendo, tanto que no puedo acompañarla.
En aquel tiempo, más lejos aún, miraba el cielo estrellado.
Le pedía a Dios para morir, sería ángel: siete años.
Todo corre sin tiempo de ver...
Amé a la primera que pasaba, no viví.
Bajaré a la sepultura solitario. Nada quedará...
No sabré de los amigos y ni de la familia.

¿La muerte será colorida? ¿Cuál será el color
del otro lado?
Cuando aún la fuerza estaba en mí,
cuando sudaba como un albañil en los andamios,
llenando los muros del que no veía
y veía espantapájaros,
espantaba las angustias, la maldición y el silencio.

Ahora polvoriento y solo me tiene prisionero.
La esperanza se escabulló y la muerte
a propósito me espía
riendo, dejando el tiempo escurrir como
un arroyo sin fin...


NO TENÍAMOS NINGÚN JUGUETE

No teníamos ningún juguete
Comprado. Fabricamos
Nuestros cometas, trompos,
Diábolo.
Por la noche de manos libres y
pies ligeros era: pique, barra-
manteca, cruzado.
Ciertas noches de cielo estrellado
y luna, quedábamos tumbados en el
césped de la iglesia de ojos presos
Por hilos luminosos venidos del cielo
era juego de
encantamiento. En el solencio podíamos
percebir el menor ruido
hora del desplazamiento de los
pequeños fulgores...¿Dónde andan
aquellos niños, y aquel
cielo luminoso y de fiesta?
Los miedos desaparecían

Sin decir nada nos recogíamos
Tranquilos...


                                                                                                     Cándido  Portinari



Imágenes: Pinturas del artista argentina Carlos Alonso, contemporáneo.




quiquedelucio@gmail.com

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